Primera globalización

Primera globalización

Algunos autores mantienen que la globalización comenzó al principio del siglo XIX, pero otros muchos sostienen que fue en el siglo XVI, cuando Europa y el este de Asia, las regiones más pobladas del mundo por entonces, incrementaron fuertemente sus vínculos comerciales, si bien no directamente sino a través del Nuevo Mundo recién descubierto

La primera globalización. El largo viaje de la plata colonial

Algunos autores mantienen que la globalización comenzó al principio del siglo XIX, pero otros muchos sostienen que fue en el siglo XVI, cuando Europa y el este de Asia, las regiones más pobladas del mundo por entonces, incrementaron fuertemente sus vínculos comerciales, si bien no directamente sino a través del Nuevo Mundo recién descubierto. El intercambio comercial creció con el paso de los años y a finales del XVIII había aumentado mucho a través de los puertos de Acapulco, Lima y Manila

En los primeros años después del descubrimiento de América, los conquistadores se dieron cuenta del gran potencial minero que tenía el Nuevo Mundo. Ya Colón en su segundo viaje, realizado en 1494, solicitó en un memorial elevado a los Reyes Católicos que le proporcionaran hombres expertos en el lavado con bateas de las arenas de los ríos, pues de aquellas obtenían los indígenas americanos el oro. Aunque al principio el oro fue el metal que más llamó la atención de los conquistadores, poco a poco la plata desplazó al oro al ser mucho más abundante que aquel, de modo que el valor total de la plata americana fue mucho mayor que el oro en la época colonial.

Aunque en algunas zonas de los yacimientos el contenido en plata del mineral era tan elevado que podía introducirse directamente en los hornos de fundición, la mayor parte de los minerales fue necesario previamente amalgamarla con mercurio o con azogue, como se decía en aquella época, para concentrar la plata antes de proceder a la fusión del mineral.

En este proceso fue donde Almadén jugó un papel fundamental, pues abasteció de azogue a los yacimientos mexicanos de plata, mientras que la otra gran mina de mercurio del imperio español, Huancavelica en el Perú, hacía lo mismo con el gigantesco yacimiento de plata de Potosí y otros adyacentes más pequeños. En resumen, el azogue permitió reducir los costes de producción de la minería de plata y obtener rendimiento económico de los minerales pobres, los cuales no eran rentables con el sistema tradicional de fusión directa.

La monarquía hispánica

Durante los reinados de Carlos I y Felipe II se formó el primer imperio mundial de la historia, especialmente cuando Portugal se unió a España en 1580 durante el reinado de Felipe II. Entonces, el imperio se extendía del Atlántico al Pacífico y de Europa a América, África (hay que recordar que fue el imperio español el que primero llevó esclavos africanos a América) y las Filipinas, conectando así los cuatro continentes conocidos en aquella época: Europa, América, África y Asia.

Para hacer funcionar este imperio de dimensión global existían organismos encargados de regular el tráfico entre las diferentes partes del mismo, como eran la Casa de Contratación, fundada en 1503; el Consejo de Indias, creado en 1524; y el Consulado de Cargadores a Indias, establecido en 1543. La regulación del tráfico con las Indias se implantó a partir de 1561 con el sistema de flotas y galeones, de modo que los barcos navegaban en convoy para su mejor defensa.

La plata fue el vínculo económico más importante entre la España metropolitana y la América española, y  gracias a ello jugó un papel internacional que nunca antes había tenido. Durante el período colonial, la economía europea y su sistema monetario fueron sostenidos por la plata que procedía de América, pero lamentablemente aquella que año tras año llegaba a Sevilla o Cádiz, servía sobre todo para pagar las deudas que mantenía la Corona española con banqueros alemanes, genoveses o portugueses. En conclusión, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la plata americana sostuvo al Imperio español mientras este duró, al tiempo que poco a poco y cada vez más jugó un papel fundamental en el desarrollo de la América Colonial, ya que a medida que pasaban los años mayor cantidad de plata permaneció en ella.

Las rutas de la plata

Hasta ahora hemos hablado de América y Europa en el flujo de la plata durante la Edad Moderna, pero falta Asia, cuya nación más importante entonces era China, para poder citar el término globalización. El problema era que no existía una ruta segura que uniera América con Asia cruzando el Océano Pacífico, también conocido por entonces como el mar del Sur. Aunque se conocía el camino para llegar desde Acapulco, el puerto mexicano del Pacífico, hasta Manila y desde allí a China, no se había descubierto cómo hacer el viaje de vuelta.

Por fin, en 1565, los marinos españoles Urdaneta y Legazpi lo consiguieron, remontando la navegación hacia el norte antes de emprender la travesía del Pacífico, lo que les permitió aprovechar los vientos favorables hasta arribar a California y desde allí llegar a Acapulco bordeando la costa. La ruta Manila-Acapulco-Manila quedó entonces establecida de manera regular a partir de 1593 hasta que México obtuvo la independencia en 1815 y por ella circularon hacia Asia de forma legal o ilegal grandes cantidades de plata americana. Y decimos lo de ilegal porque con la plata hubo mucho contrabando, tanto con Europa como con China.

La Corona española fue consciente del problema y no podía permitir que la plata mexicana ni peruana saliera de América sin pagar impuestos, primero el quinto real y después el diezmo, y por ello prohibió a finales del siglo XVI el comercio entre el virreinato del  Perú y Filipinas, e incluso el tráfico entre los virreinatos de Nueva España y del Perú. Estas restricciones no impidieron la fuga de la plata americana hacia China y se calcula que solo una tercera parte de aquella llegó a la metrópoli, quedándose el resto en la propia América o siguiendo otros destinos, uno de ellos China, pero también Holanda o Inglaterra.

Hay que tener en cuenta que ya antes del descubrimiento de América, China era un poderoso imán para el oro y la plata que producían las minas centroeuropeas, pues solo aceptaba metales preciosos en pago por las magníficas piezas de seda y porcelana, y también por los colorantes naturales que exportaba al Viejo Continente. Como es lógico, al poder disponer de la plata americana, China no perdió la ocasión de aumentar su comercio con Nueva España y el Perú, como antes había hecho con los países europeos.

La primera globalización

Algunos autores mantienen que la globalización comenzó al principio del siglo XIX, pero otros muchos sostienen que fue en el siglo XVI, cuando Europa y el este de Asia, las regiones más pobladas del mundo por entonces, incrementaron fuertemente sus vínculos comerciales, si bien no directamente sino a través del Nuevo Mundo recién descubierto. El intercambio comercial creció con el paso de los años y a finales del XVIII había aumentado mucho a través de los puertos de Acapulco, Lima y Manila.

El tornaviaje de Manila a Acapulco hizo viable el comercio entre América y Asia, lo que permitió la unión de los tres grandes continentes, Europa, América y Asia, y la globalización del comercio mundial. El temido océano Pacífico se había convertido en el lago español, según el léxico de algunos historiadores. Fue la plata americana el vínculo que tejió la red de la economía mundial, una plata que llegaba a Europa y a China, pero que también se quedó en  una buena parte en América. Las colonias españolas aumentaron el comercio propio cada vez más, de modo que el capital que producían se invertía allí y así se convirtieron en un territorio que poco a poco comenzó a autogestionarse hasta encontrar su propio destino en la primera parte del siglo XIX.

América ofrecía a Europa y Asia otros productos además de la plata: por una parte, perlas del Caribe y piedras preciosas, como las esmeraldas colombianas; por otra, pieles, sobre todo de nutrias y lobos marinos de la Baja California. Además, azúcar de caña, tabaco y colorantes (cochinilla, índigo), lanas de alta calidad (vicuña), etc. Por su lado, los comerciantes europeos enviaban a América aceite, vino, ropa, calzado, hierro y cuero, quincallería, etc., en su mayor parte de forma legal pero a veces de contrabando; y desgraciadamente también negros africanos para emplearlos en la agricultura, la minería y el servicio doméstico.

De Asia, sobre todo de China, llegaban al Nuevo Mundo y también al Viejo, especias, sedas, lienzos, hierro, cera, porcelana, etc. El nexo de unión entre todos estos intercambios comerciales fue sobre todo la plata y por eso algunos autores han denominado a la primera globalización como El Camino de Plata.

Epílogo

En la actualidad se habla mucho de la globalización del comercio mundial y de que vivimos en un mundo globalizado, pero debemos ser conscientes de que se trata de otra globalización. Esta nueva globalización del siglo XX y principios del XXI posee los mismos protagonistas que la anterior: Europa, ahora representada por la Unión Europea; América, sobre todo Estados Unidos; y Asia, cuyas principales potencias comerciales son China y Japón.

Europa exporta principalmente productos agrícolas y alimentarios, y en menor medida productos tecnológicos y manufacturados. Por su parte, Estados Unidos exporta sobre todo maquinaria, vehículos de transporte y productos químicos. Mientras tanto, los países de Asia del Este exportan todo tipo de productos tecnológicos, como ordenadores, equipos de radiodifusión, teléfonos y circuitos integrados. Como dato curioso, China continúa importando metales preciosos en la actualidad, como hacía con la plata de la América Colonial, y sus importaciones de oro no paran de crecer año tras año.

©Ángel Hernández Sobrino