Hoy vengo a hablaros de El viejo y el mar, del afamado premio Nobel Ernest Hemingway. No descubriré nada si digo que Hemingway fue un personaje bastante polémico. Tuvo una vida bastante azarosa, desde enrolarse a la Cruz Roja en la Primera Guerra Mundial hasta vivir en el París de los años 20. Podríamos decir entonces que ha sido una persona con una gran experiencia vital y eso se aprecia en esta obra.
En ella nos embarcaremos en el bote de Santiago y viviremos con él la tensión y la lucha de un viejo que quiere pescar un gran pez. Aquí observaremos el amor que siente Hemingway por la pesca, no dejando nada al azar y veremos cómo Santiago desarrollará un oficio hasta sus últimas consecuencias.
No tienen pérdida las descripciones que hace de la naturaleza y de todo aquello que la acompaña, su amor y lucha en un entorno duro y falto de compasión. La comparación del ser humano con el resto de animales y cómo los dota de una dignidad y fuerza carente en nosotros.
Me gustaría destacar también la relación que tiene con el joven que le ayudaba en las arduas jornadas de pesca y es que por circunstancias ajenas a ellos tiene que abandonarle y aún con esa ausencia el viejo lo tiene tan presente como el primer día. También se trata la preocupación del más joven por el mayor, un vínculo muy valioso entre generaciones.
Sin duda, este es un clásico imprescindible de la literatura universal y es que, con muy pocas palabras, dice mucho. Según la teoría del propio autor, la teoría del iceberg, se trata de un relato que solo muestra una mínima parte de la historia y depende de una sólida realidad que se mantiene oculta en la intrahistoria de la creación literaria.
