Me gustaría destacar el subtítulo del moderno Prometeo porque fue un titán que robó el fuego eterno de los dioses y que por eso fue castigado. En este caso, el doctor Frankenstein no robó el fuego, pero sí dio vida a través de la ciencia, una cualidad que tradicionalmente correspondía a los dioses. Sin embargo esta condición tendrá terribles consecuencias para la figura que creó la escritora Mary Shelley, dado que se verá abocado a una persecución y una autodestrucción que le llevará a la ruina.
También me gustaría destacar el papel de la criatura, que por cierto no tiene nombre y en mi opinión tiene una gran carga autobiográfica entre la autora y esa criatura, porque cuando se enamoró del escritor famoso, Percy B. Shelley, la autora sufrió el rechazo de su padre. Así, le fue concedida la vida de una criatura a través de las letras, pero no el amor que le correspondía.
‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ (1818) nos hace plantearnos muchas preguntas morales y éticas. Entre ellas está el papel y responsabilidad del ser humano ante el ‘poder’ de alterar el ciclo de la vida y las leyes naturales: una ciencia sin conciencia solo nos puede llevar a la masacre. La pregunta no es solo si podemos hacerlo, sino hasta qué punto podemos jugar a ser dioses con la posibilidad de crear vida, modificarla, o incluso decidir sobre la muerte.
Considerada como una de las primeras novelas de ciencia ficción y uno de los grandes exponentes de la literatura gótica, se trata de una novela a la que los lectores, sobre todo los aficionados a este género, deben dar que darle una oportunidad por sus diversas preguntas sobre la condición humana.
En definitiva, Shelley recuerda que el verdadero peligro no está en el avance científico, sino en obviar que todo poder sobre la vida exige la conciencia moral que caracteriza a los humanos.
