<i>La historia del disco que casi acaba con Los Planetas</i>. Nando Cruz.

La historia del disco que casi acaba con Los Planetas. Nando Cruz.

Lengua de Trapo. Madrid. 2011. 192 páginas. 17 euros

Los Planetas en el túnel

La banda no ha anunciado ningún gran movimiento que haga suponer que se va a rendir al álbum el tributo privilegiado que merece

Este año se cumplen veinte de la publicación del tercer disco de Los Planetas, Una semana en el motor de un autobús. Al margen de los recordatorios pertinentes y de algún que otro concierto disperso, la banda no ha anunciado ningún gran movimiento que haga suponer que se va a rendir al álbum el tributo privilegiado que merece.

Hace unos meses aparecía aquí De viaje por Los Planetas, un gigantesco fanzine donde se enumeraban las opiniones y anécdotas de varias personas del entorno del grupo en relación con su primer disco, Súper 8. Este libro del periodista musical Nando Cruz ofrece un punto de vista de seguidor, pero creo que el rigor y la amplia documentación que puso en su escritura lo alejan de la calificación de hagiografía. Sin ir más lejos, ciertas delicadezas (seguro que el autor se ahorró bastantes más) podrían ser de utilidad a los críticos que dudan de la seriedad de la propuesta de Los Planetas. La verdad es que algunos de esos detalles resultan imprescindibles para conocer en profundidad el momento que estaban pasando los músicos; de hecho, no haberlos incluido habría levantado (más) polvareda sobre la conveniencia de dar al volumen un título tan apocalíptico.

Poco comercial

Como no soy especialista, no estoy autorizado a señalar si Una semana en el motor de un autobús es una de las piezas fundamentales de la corta historia del pop en castellano. Sí es cierto que soy incapaz de concebir fuera de la unidad las doce canciones que contiene. Esto significa que cuando quiero recordar las sensaciones que me provocó la primera llamada de atención solo logro acercarme a la plenitud relativa si lo escucho entero y de continuo.

Esa circunstancia me parece una victoria de los granadinos, que se agranda cuando pienso que corren tiempos dudosos para la libertad creativa y malos para las grabaciones de larga duración. Es la época del single, una lógica que impusieron en parte las radiofórmulas y que, por cierto, ha terminado fastidiándolas también. La media de edad de las emisoras más conocidas debe de bajar en pocos casos de la treintena.

No quiero decir que los oyentes sean mayores. Solamente no se ha producido un relevo generacional en el hábito de escuchar la radio. La evidencia de que temas como Parte de lo que me debes o Toxicosmos no tienen cabida en semejante panorama es aplastante. La Copa de Europa, que cierra el disco y que dura nueve minutos y medio, sería hoy un desafío mayor de lo que fue entonces. Cualquier multinacional calificaría de excéntrico el intento por parte de un grupo de trayectoria corta de publicarla entera.

Influencia decisiva

Una semana en el motor de un autobús es todavía un pequeño milagro por estas y otras condiciones. A lo largo de las casi doscientas páginas, Cruz no escatimó en citar influencias. Sin embargo, lo más inteligente por su parte fue no incluir un listado de los acoplados de toda índole que quieren arrogarse la paternidad o la herencia artística y conceptual de Los Planetas. (Habría resultado infinito.) Veinte años después, dan actuaciones de relativa cercanía —el próximo noviembre lo harán en Casa Patas, una tarima flamenca de Madrid cuyo aforo consta de 140 asientos— y sus fanáticos llenan grandes superficies, lo que no significa que las copias hayan superado al original.