Forma y fondo de un cancionista popular

<i>Más de cien verdades</i>. Pancho Varona.

Más de cien verdades. Pancho Varona.

Léeme. Madrid. 2012. 240 páginas. 22 euros

Sus páginas dan testimonio de la instrucción de Pancho Varona, uno de los autores populares más relevantes de España en los últimos cuarenta años

Pancho Varona destaca entre los colaboradores que ha tenido el cantautor Joaquín Sabina, en cuya carrera, que dura ya más de cuarenta años, han intervenido músicos de todo tipo. Instrumentistas que tocaron con grupos virtuosos, productores ultramontanos que aportaron a ciertos trabajos el tono de la hojalata y, ante todo, un dúo que desde finales de los ochenta es responsable de lo mejor que ha dado el andaluz. Los componentes son Antonio García de Diego y Pancho Varona. De Diego participó en las bandas del musical Jesucristo Superstar y del cantante Miguel Ríos.

Varona, por su parte, empezó su carrera artística junto a Sabina, a quien conoció en la época del bar La Mandrágora. Aquel momento se narra en el capítulo «Joaquín Sabina y la canción de autor» de Más de cien verdades, la autobiografía de Pancho Varona que publicó en 2012 la editorial Léeme. La articulan pequeños capítulos que el periodista Juan Pedro Holguera redactó a partir de una serie de conversaciones. Siete años después de su edición, el libro está descatalogado y es un hueso duro de roer.

No solo se trata de uno de los documentos de referencia para cualquier aficionado a la obra de Sabina, sino que además sus páginas dan testimonio de la instrucción del propio Varona, que es uno de los autores populares más relevantes de España en los últimos cuarenta años. El aprendizaje que aquí se detalla hace escala en nombres notables del pop y del rock, la revolución musical por excelencia del siglo XX. Detalles chocantes hay unos cuantos, empezando por la merecida importancia que se otorga al rock sinfónico, ramificación que a veces se infravalora, cuando no se la denuesta directamente.

Otro de los empeños del protagonista es el de señalar la existencia de una generación de músicos jóvenes. Hay que reconocer que sus comentarios no los emite con una gravedad de especialista sino con la distancia del observador. Esto le da pie a no sentirse cómodo en el inmovilismo donde residen muchos de sus coetáneos. Si bien señala que echa de menos «que haya más Serrats, más Autes, […], más Sabinas», tiene buenas palabras para grupos como Vetusta Morla o algunos raperos. Sobre la deriva de la canción de autor comenta que Quique González es la gran esperanza, dándose la particularidad de que esta afirmación de 2012 sigue siendo válida. La teoría podría resultar acertada, aunque González aún mantiene un perfil rayano en lo independiente que los citados también tuvieron en sus comienzos, pero que debieron abandonar para formar parte del canon.

Juan Manuel Torres, de Pachamama, señalaba que Pancho Varona «tiene un poso musical que se ha canalizado, en gran parte, a través de Sabina», en cuya carrera «tiene mucho peso y responsabilidad». Las apasionadas reseñas que Varona hace de los Beatles, Pink Floyd o Leonard Cohen, unidas a la humildad con que destaca a los artistas que han trabajado junto a él toda la vida (García de Diego, José Antonio Romero o Jaime Asúa) como sus grandes maestros, reflejan a la perfección su personalidad artística, discreta y excepcional. Su posición privilegiada, que se ganó a pulso, le concede autonomía para proyectar su curiosidad sobre el panorama musical de nuestro tiempo por encima de sectarismos y camarillas.

No estoy muy seguro de que en España existan tantos músicos con la riqueza de influencias y la humildad creativa de Pancho Varona. Tampoco que sean tan libres como él, y que cuanta mayor sea esa libertad más se beneficien los trabajos en que participa, aspecto que se ha dejado notar, sobre todo, en los de Joaquín Sabina. Cuanta mayor presencia e implicación ha tenido (tanto solo como en su asociación con De Diego) en los discos de Sabina, más compacto y menos estridente ha resultado su sonido. Merece la pena leer su libro, escuchar su magnífico disco en solitario, del que hablaremos extensamente otro día, y, por supuesto, acudir al concierto que dará el día 31 en Pachamama.