La dietista María Corbalán en una consulta

La dietista María Corbalán en una consulta

María Corbalán, la integradora de vida

Del pueblo murciano de Totana al cacereño de Logrosán, pasando por Finlandia. Es el periplo de la joven dietista María Corbalán que antes, hace no mucho, era geóloga. Y de la misma manera que una se pregunta cómo se pasa de Totana a Finlandia, también es muy curiosa la historia de cómo una licenciada en Geología, con un flamante trabajo que le lleva ni más ni menos que al norte de Europa para examinar el terreno en búsqueda de yacimientos minerales, deja todo y se hace dietista. Integrativa, para más señas. Y todo fue por la alimentación que llevó en Finlandia.

Una gastronomía bastante alejada de la nuestra, ya no solo por los diferentes alimentos sino por la forma de presentarlos y esa situación, la que vivió esta joven profesional en el país nórdico fue la que le empujó a cambiar de oficio y a instalarse por su cuenta en un pequeño pueblo de Cáceres, a mitad de camino entre Trujillo y Guadalupe.

Hace un lustro, cuando finalizó sus estudios, máster incluido, se trasladó a Finlandia. “Geología no tiene mucha salida pero yo tenía claro que quería trabajar en ello así que empecé a echar curriculums por todo el mundo y también me surgieron oportunidades en Alemania y Chile pero elegí Finlandia. Allí hacíamos mapas geológicos del suelo. Vivíamos en un campamento base y nos traían la comida una vez a la semana. Mucha pasta, mucha salsa y mucha comida procesada, además de poca verdura y fruta porque son caras, la escasa que había la compartíamos y empecé a no encontrarme demasiado bien”.

De geóloga a dietista

Como su empresa le propuso trabajar también en terreno español con el mismo motivo, la búsqueda de mineral, ella optó por Extremadura por la poca presencia de otras empresas similares y la propia orografía del terreno. De esta manera comenzó un viaje constante de la región extremeña al norte de Europa y viceversa y tres años después, en 2016, y con un estómago que empezaba a dar muestras de que algo no iba bien atajó por lo sano y comenzó con sus estudios online como Técnico Superior en Dietética en el Instituto Roger de Lluria.

Se define como una persona “proactiva; decidí irme al extranjero y decidí cambiar de profesión cuando ya la tenía. Soy luchadora y cuando creo en algo, voy a por ello”. Y sin embargo, parece la mariposa que asomó desde su particular crisálida porque “de pequeña tenía muchos miedos, no quería hacer las cosas sola pero con la geología hice cosas aunque no creyera que podía, ese trabajo me hizo ir sola al campo, sin cobertura. Me hizo creer en mí y saber que podía. Me hizo valerme por mí misma y me hizo más fuerte porque empecé desde cero”.

La dietista murciana impartiendo un taller

La dietista murciana impartiendo un taller

Reconforta escuchar palabras así, las mismas que provienen de una joven que hasta finales de año no tendrá 30 años pero sí tiene muy claro que quiere hacer lo que le haga sentir bien. Por lo que no dudó un momento en simultanear su trabajo con los nuevos estudios que le requerían la misma atención y esfuerzo que el que acababa de poner en su carrera y máster. Empezaba de nuevo porque sintió que realmente su profesión era otra.

Y en ello anda, haciéndose un hueco. Instalada hoy en día en Trujillo, ha sido noticia ya en el periódico más importante de Extremadura hablando sobre su especialidad, que no comprende solo una buena alimentación sino que integra un estilo de vida saludable.

Y nos metemos de lleno en uno de los temas que más preocupa, y ocupa, al occidental del siglo XXI: la calidad de nuestra alimentación y nuestra imagen. Y sin embargo, nos empeñamos, una y otra vez, en comer mal. Cuenta esta joven dietista que “hay alimentos que generan placer, nos hacen sentir bien. Nos llenan la barriga y nos sentimos saciados. Son alimentos que estimulan al cien por cien nuestros sentidos”. El problema bien porque “vivimos en el siglo XXI pero con un cuerpo de hace millones de años”, un cuerpo que según cuenta Corbalán está hecho para el movimiento. Uno necesita equis calorías al día porque se mueve, el problema llega cuando seguimos metiendo la misma cantidad y el movimiento se reduce a arrellenarse en el sillón del despacho frente al ordenador, o al trayecto que hacemos a pie camino del bus o el coche que nos lleve al trabajo o los cuatro escalones que podamos subir cuando el ascensor de turno no funcione.

Las dietas no sirven

Y llega el momento de la dieta, el temido momento, que para Corbalán “tiene que quedar obsoleto. Las dietas no sirven. No hay que sufrir para comer sano. Normalmente, las comidas se suelen hacer bien, el problema que me encuentro en consulta es lo que hacemos mal entre comida y comida”.

Me resulta muy curioso escucharle hablar de negociación con sus pacientes. Así, con esa palabra. Y fue lo que hizo con una de las jóvenes que acudió a ella y 23 kilos y 6 meses después, habían desaparecido de su vida bebidas con caco, rebanadas y rebanadas de pan o bollería industrial. “El encontrarse mejor fue una motivación para ella”.

María Corbalán, de geóloga a dietista

María Corbalán, de geóloga a dietista

Algo que parece obvio y sin embargo, y a tenor de nuestros hábitos, no le damos la importancia que tiene.

“He tenido casos de mujeres con depresión y su flora, su microbiota, es diferente. Cuando empiezan a comer saludable, mejora su estado de ánimo, su autoestima y la forma de manejar los problemas. Todo está relacionado. Si cambias la alimentación, pierdes peso, te ves mejor y te sientes mejor”. Dicho así, suena muy fácil. Así que le pregunto cómo es un día a día suyo y me cuenta que para desayunar se toma una tortilla de plátano o de manzana, con canela. Que puede comer un pescado al horno acompañado de verdura, tomates cherry, guacamole y una ensalada de canónigos con granada y anchoas. Y en la cena, o bien un revuelto de verduras con gambas o una crema o un filete de pollo, también al horno, rebozado en almendra. Me cuenta también que no bebe durante la ingesta de alimentos “porque diluyes los jugos gástricos y dificultas la digestión”.

Desde su metro setenta de estatura y sus 57 kilos (“tengo que coger algo de peso”, asegura pero en su caso un síndrome de colon irritable tiene la culpa), María se ha adentrado en el mundo de los emprendedores. No se encuentra a muchos dietistas en las reuniones y foros empresariales que frecuenta. Reuniones que facilitan la divulgación de su trabajo, sin olvidar las redes sociales que le han propiciado las consultas online.

María Corbalán lo tiene muy claro. Sabe que a todo hay que dedicarle tiempo y lo aplica a sus propios pacientes en las dos horas que puede estar con cada uno de ellos para saber cómo es su vida, sus hábitos, antecedentes familiares… Pero también se lo aplica a ella misma “quiero seguir formándome. Y a medio plazo, me gustaría organizar retiros de fin de semana para hablar sobre alimentación, estilos de vida, crecimiento personal… Organizar cursos online… Tengo trabajo”, concluye.

Y todo en apenas un año. ¿Se acuerdan de aquel anuncio que hacia alusión a los JASP? Pues eso parece María y lo bueno es que tiene toda una vida para confirmarlo.