Experta en oratoria y comunicación, es autora del método Bravo.

Experta en oratoria y comunicación, es autora del método Bravo.

Mónica Galán Bravo, la oradora eficaz

Una mujer que muta a showoman cuando entra en acción porque verla en directo es todo un espectáculo. Motivadora, elocuente y algo gamberra, incluso, además de inventora del Método Bravo, que publicó en forma de libro a principios de este año en la editorial Alienta. Y, ¿qué tiene de especial esta madrileña? Tal vez su desparpajo que gustará o no pero no deja indiferente. Revoluciona un auditorio pero también remueve un despacho de una firma de altísimo nivel y le dice al gran boss en qué falla, así, por las bravas. Diplomáticamente brava es ella.

El arte de la oratoria o la retórica es tan antiguo como la figura del propio Aristóteles. El filósofo griego escribió cuatro siglos antes del nacimiento de Cristo un tratado sobre la persuasión más efectiva. Contar y convencer ha sido siempre una constante en la historia del ser humano, los grandes estadistas han dejado como legado sus discursos capaces de motivar, emocionar o levantar a un país. Así de importante es la comunicación, la buena comunicación, a la que José Antonio Llorente llamó el octavo sentido, en un libro del mismo nombre y publicado por la editorial Edaf, teniendo en cuenta que el sexto fuera la intuición y el séptimo, la capacidad extrasensorial del ser humano.

Así las cosas, la importancia de saber comunicar es fundamental ya no solo en un desarrollo profesional sino en nuestra propia vida. No basta ya con saber hablar bien, hay que presentar un discurso de manera magistral, sea cual sea, tanto el contenido como el auditorio. Solo hace falta echar un vistazo a cualquier buscador en la red para encontrarnos con libros, conferencias, tutoriales en vídeo, escuelas de oratoria y cualquier otro abalorio que apunte en esa línea.

Motivadora, elocuente y algo gamberra

La misma por la que se descantó Mónica Galán Bravo. Una mujer que muta a showoman cuando entra en acción porque verla en directo es todo un espectáculo. Motivadora, elocuente y algo gamberra, incluso, además de inventora del Método Bravo, que publicó en forma de libro a principios de este año en la editorial Alienta.

Y, ¿qué tiene de especial esta madrileña? Tal vez su desparpajo que gustará o no pero no deja indiferente. Revoluciona un auditorio pero también remueve un despacho de una firma de altísimo nivel y le dice al gran boss en qué falla, así, por las bravas. Diplomáticamente brava es ella.

Le pregunto a esta maestra del saber presentar quién es, quién es Mónica Galán Bravo. Duda unos instantes, no sé si está ganando tiempo o si lo está pensando. Me inclino por la segunda opción porque todos, o casi todos, sabemos decir qué somos: periodistas, arquitectos, abogadas, padres, vendedoras, impulsivos, pacientes o aventureros pero el quiénes somos entra en ese terreno de la intimidad que estamos bien acostumbrados a salvaguardar. “No es sencillo responder a esa pregunta -confiesa-. Soy una mujer que vive de su pasión absoluta, orgullosa de sus orígenes humildes porque soy una chica de barrio. Alguien a quien le encanta reírse, lo cual no está reñido con el rigor. Soy una malísima cocinera y una buena conversadora”.

Teniendo en cuenta el nivel de cliente que tiene me parece valiente una de sus autodefiniciones: una chica de barrio y no puedo por menos preguntarle cuánto entra de esa chica en alguna de las multinacionales que visita para trabajar, “lo necesario”, asegura sin dudar.

Pienso, según hablamos, que cuando hay comunicación todo fluye por eso le pregunto y me pregunto si su trabajo es una herramienta para hacer del mundo un lugar mejor. Ella también lo habría pensado en algún momento porque su respuesta es su objetivo: “es mi sueño y ¡cuando lo consiga!…”.

“Una sola frase te puede cambiar la vida”

Hablo con ella mientras atraviesa Madrid, casi de punta a punta, en un taxi que le lleva veloz a su siguiente cita: un hotel cercano al aeropuerto de la capital española en el que se encerrará todo el fin de semana con 500 personas/alumnos/asistentes a tres días de motivación, de talleres de autoayuda, de ponencias inspiradoras. Me cuenta que el perfil es el “de desempleados, gente que emprendió y se dio la torta… y en un fin de semana así sucede que una frase, una sola frase, te puede cambiar la vida”. A veces los seres humanos somos más tozudos que los burros y nos empeñamos una y otra vez en repetir lo que siempre termina en fracaso hasta que alguien te levanta las persianas que nublan tu visión y te hace ver lo que siempre estuvo ahí.

Mónica Galán Bravo impartiendo una ponencia

Mónica Galán Bravo impartiendo una ponencia

La conversación con Mónica es rápida y a la vez profunda, no se escapan flecos. Conoce bien su trabajo, desde luego, un trabajo que en ocasiones se prolonga durante 15 o 16 horas.

Dice no tener metas en concreto, “sí tenía un sueño que era escribir un libro y ya lo he conseguido” y desgrana otros sueños como “dar clase en inglés, como profesora, en alguna universidad extranjera y ayudar a gente sin recursos a que tengan una vida mejor”.

Eso es ser rico, le digo que tal vez la auténtica riqueza sea la libertad y ella me contesta que “el éxito es hacer lo que te gusta, lo que te haga feliz”.

Felicidad… una palabra, un concepto que planea sobre nuestra conversación todo el tiempo. Por lo que le pregunto si ella lo es. “¡Sí!” Y se le llena la boca de una ese y una i. “Sí, sí. Vivo enamorada, lo cual no significa que me lo tenga que recordar de vez en cuando”.

Asegura que ha tenido mucha suerte y vuelve a recordar sus orígenes, del barrio madrileño de Moratalaz. Pero es que la suerte, como la inspiración, a quien le llega casi siempre le pilla trabajando. Ella, sin ir más lejos, da esta entrevista entre sesión y sesión. En concreto son las dos y media de la tarde cuando hablamos, es el tiempo que tiene libre ese día y la opción de posponer nuestra conversación, probablemente, ni se la ha pasado por la cabeza. ¿Será ese su concepto de suerte?…

Hay una faceta de Mónica que me tiene ganada desde el primer momento: su trabajo altruista porque “estoy obsesionada con la idea de poder democratizar mis herramientas de trabajo y servir al que sirve”. Por ello, imparte sesiones gratuitas a las enfermeras del Hospital Niño Jesús de Madrid para que aprendan a transmitir bien las informaciones que dan a familiares y enfermos a cada momento. Y regala su trabajo porque “nuestras enfermeras son mileuristas”. Y el puntito de indignación no lo esconde. No es para menos.

Y cuando sigue arañando tiempo al tiempo colabora con la Asociación Tobogán, un colectivo que se ocupa de chavales en riesgo de exclusión en el popular barrio de San Blas. Asegura no soltarles la chapa porque muy probablemente no tendrían ciudad para huir de ella, “nos divertimos” pero siempre teniendo en mente cómo exponer sus cosas de manera eficaz. “Porque da igual de dónde vengas, lo importante es a dónde vas”.

En ese momento, cuando pronuncia esa frase pienso que no hay más preguntas que puedan acabar una entrevista de mejor manera, según escribo vuelvo a pensar lo mismo: no se puede terminar mejor.