Una carpintera self made a los 50

Merche Rodríguez Calzado
Silvia Roldán con algunas de sus creaciones/ Lanza

Silvia Roldán con algunas de sus creaciones/ Lanza

Iniciamos una nueva sección de retratos de mujeres empoderadas para descubrir quiénes y cómo son. Las mismas que tuvieron un sueño y hoy o lo viven o están a punto de conquistarlo. Mujeres que han alcanzado la autonomía personal y profesional a través de sus talentos. Y comenzamos con Silvia Roldán, una artesana que hacía caballitos y cocinas de juguete de madera. Cuatro años después se reivindica como carpintera que fabrica, vende y distribuye su propia línea de juguetes educativos desde su marca El taller aserrín aserrán

En 2014, Silvia Roldán era una artesana que hacía caballitos y cocinas de juguete de madera. Cuatro años después se reivindica como carpintera que fabrica, vende y distribuye su propia línea de juguetes educativos desde su marca El taller aserrín aserrán. Cuatro años en los que no sólo su oficio se ha asentado sino que su propia vida ha dado un giro de 180 grados porque realmente hace un lustro Silvia era dependienta en una gran superficie comercial. Hoy no queda nada de aquella mujer o, tal vez, queda todo…

A sus 53 años afirma, en una declaración de intenciones involuntaria, que “con esta edad, mujer, sin estudios (no tiene formación universitaria), viviendo en un pueblo… mi futuro es más bien oscuro así que o saco adelante este proyecto o lo saco adelante. Con menopausia incluida, porque no tengo tiempo para sofocos; sofocos son los que me dan cuando un pedido no llega a tiempo, eso sí que son sofocos”. Una afirmación que en lenguaje escrito suena categórica, rotunda y que cuando una se la escucha a la carpintera no puede por menos que sonreír con admiración porque esta castellonense del pequeño pueblo de Cabanes tal vez representa el sentir de muchas mujeres de este país. Las mismas que luchan día a día porque su pequeña empresa ya no solo siga a flote sino que crezca en facturación y, por tanto, en proyección.

La historia de Silvia es una historia de números. En 2014 se lanza a “romper sierras” como ella misma dice hasta que logra perfeccionar una colección de caballitos de madera, sonrientes y simpáticos, porque su sonrisa siempre fue marca de la casa. A finales de ese año, le dan un premio como mejor proyecto de su zona. Un año después, cuando despunta el otoño de 2015 la Diputación de Castellón le invita a dar una conferencia motivadora en el Auditorio de la ciudad levantina ante un foro de emprendedores ávidos de contagiarse de entusiasmo y pasión.

 

Amazón en Nueva York

Y otro año después, en 2016, recibe una llamada de Estados Unidos“yo solo entendía mi nombre y que llamaban desde Amazón en Nueva York. Así que después de repetir varias veces: ‘¡No entiendo! ¡no entiendo!’ me pasaron con alguien que hablaba español y me dijo que querían contar conmigo para su plataforma Handmade España”, lo que es lo mismo, el gigante estadounidense lanzaba una nueva tienda exclusiva de productos hechos a mano e invitaba a Silvia Roldán a que formara parte de ese grupo de pioneros. A día de hoy sigue sin saber cómo supieron de su existencia y tampoco parece importarle demasiado, la verdad. Simplemente le llama la atención.

El caso es que una cosa trajo la otra “y hoy en día Amazon me paga las facturas, además de mi tienda online y la otra plataforma en la que vendo, Etsy” también estadounidense. En esta materia, el país americano nos lleva una delantera en la que cabrían varias selecciones de fútbol. Y volvemos al principio en la conversación que mantengo con ella porque la empresaria no es que no supiera trabajar la madera, es que no distinguía entre algo tan sencillo como un tablón o una tabla y la vertiente electrónica del negocio era casi materia de fe. “Cuando empecé e iba a comprar tanto la madera como un simple tornillo tuve que aprender el lenguaje que usaban. Yo sabía lo que quería pero no sabia como se llamaba. Y del ordenador… ¡no sabía nada!”, asegura.

Pero cualquiera que conozca a esta mujer tan campechana como decidida se la puede imaginar con la mejor disposición, armada con una sonrisa crónica que deja paso a su tono mucho más grave cuando la ocasión lo requiere. “No me siento reconocida en el sector, pero no me importa porque los que sí me valoran son mis clientes y son los únicos que me importan” relata antes de recitar los diferentes cursos que ha hecho desde la confección de una simple página web, algo  más avanzado tiempo después y ahora está terminando otro sobre venta online que incluye posicionamiento SEO. Y una la escucha en silencio cuando habla de los algoritmos que cambian en el universo virtual como una cambia de camisa. Y su preocupación es adaptar a la perfección el texto de cada una de las fichas que describen sus  productos en la red, para que encaje como un guante en los motores de búsqueda.

Silvia Roldán en la feria de Nuremberg

Silvia Roldán en la feria de Nuremberg

 

Destacable

Hay también otro aspecto de la actividad profesional de Roldán especialmente destacable. “Todo lo que hago quiero que deje beneficios en España. Todo lo compro aquí, no importo nada”. Así que se hizo también experta en las diferentes clases de madera con las que trabajar y se decantó por la de pino que compra exclusivamente en “Teruel y en Soria, procede en talas legales y lleva el sello SFC. Hay maderas balcánicas que son mucho más baratas pero no las quiero. Siempre acudo a los mismos proveedores excepto una vez, estando de vacaciones en un pueblecito de Asturias donde encontré una madera de haya muy buena y me traje la autocaravana llena de tablas” cuenta con una sonrisa que se le adivina a través del teléfono.

Y hablando de madera, le pregunto por una de las entradas de su blog que tituló “La madera de la guerra” y me cuenta que no es otra que la que procede de ese pedazo de Europa que sufrió una vergonzosa guerra y que dejó, además de tantas aberraciones en el civilizado viejo continente, sus heridas en forma de metralla incrustada en los troncos que a día de hoy “chillan” cuando la máquina entra a despedazarlos y la hoja choca contra el más vil de los metales, el de las balas.

Una podría charlar con esta mujer durante horas porque su conversación, siempre amena, descubre tanta pasión y tenacidad que llega a ejercer una corriente invisible de magnetismo. La misma que engancha cuando se conoce la historia de Laura, una de sus clientas, madre divorciada que no sabía como hacerle recordar a su hija cuándo tenía que estar con ella y cuándo con su papá. La anécdota, que puede encontrarse en el blog de la carpintera, se resume en que Silvia personalizó hasta tal punto el calendario Waldorf Montesori que construye que la pequeña aprendió a distinguir sin ningún tipo de duda ni trauma cuando le tocaba estar con cada uno de sus progenitores.

 

Chile, Japón, Estados Unidos

Calendarios y otros juguetes que han llegado ya a destinos tan lejanos como Chile, Japón o Estados Unidos y constituyen algunas de las ventas de las que más orgullosa se siente esta emprendedora, aunque más de una vez le suponga unos días de desasosiego. Extrañada, le pregunto por qué a lo que contesta con la más aplastante de las lógicas: “¡Imagina que poniendo una dirección japonesa me equivoco! Pero no, ¡llega!”

Ahora ya está a punto de dar su siguiente paso: vender en tiendas “convertirme en proveedora”, dice rotunda. Quién le iba a decir a esta mujer, que durante tantos años fue empleada, que cuando uno llega a esa edad en la que empieza a recoger los frutos de una vida de trabajo un problema de salud hizo que se convirtiera en empresaria. Tal vez era lo que tenía que ser y simplemente tenía que llegar su momento. Tal vez es su vídeo de presentación el que mejor muestra su trayectoria: siempre adelante; piano piano pero adelante y mientras tanto, fluye.

 

Merche Rodríguez Calzado, es periodista, asesora en comunicación y edición de textos literarios. Autora de ‘Colgados. Emociones en la Red’. Y moraleña por parte de madre.