Rocío Muñoz, pasión por crecer

Rocío (2ª por la derecha) durante una de las galas de la firma con José Ángel Calderón, director nacional de la firma

Rocío (2ª por la derecha) durante una de las galas de la firma con José Ángel Calderón, director nacional de la firma

Esta manchega, de Valdepeñas para ser más exactos, se trasladó con su familia a Zaragoza hace dos años. Se tomó un año escaso para reubicarse y volver a tomarle el pulso a una nueva vida con todos los cambios que conlleva pero poco después ya estaba de nuevo en marcha. Y algo llamó su atención: conocía los productos de Cristian Lay porque ya era clienta y cuando quiso volver a consumirlos descubrió que en la capital aragonesa no había nadie que llevara la marca

Rocío Muñoz se mueve como un torbellino. Serlo, desconozco si lo es, pero moverse, así se mueve. Es de esas personas que parece haber nacido con la inquietud en la sangre y una no es capaz de imaginarla sin hacer nada, dejando que el tiempo pase sin oponer resistencia.

Esta manchega, de Valdepeñas para ser más exactos, se trasladó con su familia a Zaragoza hace dos años. Se tomó un año escaso para reubicarse y volver a tomarle el pulso a una nueva vida con todos los cambios que conlleva pero poco después ya estaba de nuevo en marcha. Y algo llamó su atención: conocía los productos de Cristian Lay porque ya era clienta y cuando quiso volver a consumirlos descubrió que en la capital aragonesa no había nadie que llevara la marca.

La gran mayoría de las personas, al saberlo, se hubiera interesado por otra gama de productos y hasta ahí habría llegado la historia pero la manchega vio que podía ser una oportunidad de trabajo y se puso en contacto con la firma, de Badajoz para más señas. De eso hace poco más de un año, y en Zaragoza hay ya 117 clientas, que también venden, y forman parte del equipo que Rocío Muñoz puso en marcha. Tan buenos han sido sus resultados que poco más de medio año después tenía coche de empresa y, en breve, se lo cambiarán por uno de gama alta. El éxito tal vez radique en su naturalidad y humildad pero también en sus ganas de ir más allá.

“Como aquí no conocía a nadie, me hice un pordonde”, dice. Y esa forma de hablar suya es la primera pista de la mujer con la que hablo, se busca las vueltas y lo que viene a decir es que el trabajo se lo tomó como un doble reto: la venta por catálogo en sí, que es el sistema de Cristian Lay, y el obligarse a conocer gente con la excusa de vender. Porque la cosa consiste en dejar ese catálogo para que surta efecto y la potencial clienta deje de serlo para convertirse en consumidora. “Iba a la panadería y dejaba uno; a la copistería, y otro. Llegó un momento en que en la cafetería donde tomo el café todas las mañanas tenía a medio bar en mi mesa preguntándome por los productos”. Ese mismo verano, ya la habían hecho delegada de Zaragoza.

Empresa de limpieza

Y, ¿a qué te dedicabas antes? Con una pregunta que es tan rutinaria como interesarse por el próximo proyecto, me sorprende nuevamente. “Trabajaba en una empresa de limpieza y como tenía el turno de tarde, mientras limpiaba escuchaba La brújula de la economía y descubrí a Javier Ruiz Taboada”. Mi cara de sorpresa no le tiene que pillar de ídem, porque lo habrá contado más veces. “Quería saber qué ocurría en el mundo, qué pasaba con la política de este país, qué papel tenemos (los ciudadanos) en la sociedad y escuchaba la radio. Descubrí a Ruíz Taboada y me hizo aficionarme a la poesía” (en esa época, el periodista hacía rimas con la actualidad en su sección El reverso de la brújula y alcanzó tanto éxito que publicó incluso un libro con el mismo título, entre otros, de poesía)

El cambio laboral fue de 180º, desde luego. “Ahora tengo un trabajo que me permite conciliar con mi vida personal y familiar, llevo a mi hijo al colegio, lo recojo y si alguna vez está enfermo, puedo estar con él, no trabajo los fines de semana”, asegura Muñoz. Aunque eso no signifique que sus jornadas sean livianas porque cada día se recorre un barrio de la ciudad aragonesa y habla con cada una de sus vendedoras “les ayudo a vender y le doy consejos, les resuelvo las dudas que tienen, cobro, recojo devoluciones” y el trabajo sigue en casa con gestiones telefónicas y ordenador, a lo que se suma la vida familiar. E, igualmente, Rocío sigue expandiendo la firma; es decir, sigue haciendo vendedoras “cuando empecé, me iba todos los días a Zaragoza y paraba a mujeres por la calle y les ofrecía el catálogo. Me he encontrado a gente maleducada, muy maleducada, a gente con prisa, a gente que no sabe decirte que no y te escuchan hasta que te dicen que no y, sobre todo, me he encontrado a gente muy necesitada; gente que necesita un extra y ahí entra Cristian Lay. Porque mis vendedoras tienen este trabajo como un completo, yo me dedico en exclusiva”.

Tenemos que saber pero guardándolo

Y es inevitable que surja el tema: ¿es una superwoman? Su discurso, muy claro al respecto, no deja lugar a dudas: “Una mujer hoy tiene que tener una carrera profesional que compaginas con una vida familiar, tienes que tener un buen sueldo, estar en forma, tienes que aparentar tener menos edad de la que tienes e incluso, aparentar ser menos inteligente de lo que eres en la mayoría de los casos… Entonces…. (duda antes de seguir) aunque me joda admitirlo las mujeres todavía, hoy en día, seguimos jugando un papel en el que tenemos que saber más que el resto pero guardándolo y solo usándolo como baza cuando es necesario”. Se puede decir más alto…

El discurso de Rocío es el de muchas mujeres españolas que son conscientes de quiénes son y a qué y cómo pueden llegar pero siguen teniendo ese techo de cristal. Y para este planteamiento no hace falta tener una profesión liberal o un puesto de máxima responsabilidad porque esos techos invisibles son de fácil acomodo en cualquier estamento.

No sería de justicia no decir que este planteamiento solo nos ocupa unos minutos en la conversación, nada más. Igual que sabe lo que hay, también sabe que la protesta per se no vale para nada y que el movimiento se demuestra andando.

Así, su próximo objetivo es superar los 18.000€ de facturación para mantenerse entre las ocho mejores delegadas de España. Le gusta su trabajo, de eso no cabe duda, y se le nota en la manera de hablar pero le gusta, también, porque “es un trabajo de mujeres, entre mujeres y para mujeres. Todo es entre nosotras”, como quien se solidariza con una causa y se dedica a la misión que siente que tiene.

Y luego, está su vida. Ni mucho más, ni mucho menos.