JENNIE es mi película romántica favorita, junto a o por encima, de “Desayuno con diamantes”, “El apartamento”, “El fantasma y la señora Muir”, “Vacaciones en Roma” y “El hombre tranquilo”. Y de cientos, miles de referentes más, la mayoría aplastantemente estadounidenses… “Vacaciones en Roma”, “Los puentes de Madison”, “Casablanca”, “Doctor Zhivago”, “El puente de Waterloo”, “Tú y yo”, “Vértigo”, “Carta de una desconocida”, “La colina del adiós”, “Sayonara”, “El reloj”, “Jezabel”, “Sólo el cielo lo sabe”, “El mundo de Suzie Wong”, “Si no amaneciera”, “Sueño de amor eterno”, “Lady Hamilton”, “Cena de medianoche”, “No estamos solos”, “Locuras de verano”, “Parrish”, “Memorias de África”, “Un extraño en mi vida”, “¡Qué bello es vivir!”, “La hija de Ryan”, “La esclava libre”, “Sabrina”, “Tal como éramos”, “El séptimo cielo”, “Recuerdo de una noche”, “Viaje de ida”, “Satanás nunca duerme”, “Al sur del Pacífico”, “Ángel negro”, “Amanecer”, “El árbol del ahorcado”, “En una isla tranquila al Sur”, “Los amantes crucificados”, “Un amor inmortal”, “Los amantes de Montparnasse”, “Breve encuentro”…
Pero esta ensoñación me persigue especialmente, o yo a ella, desde la primera vez que la descubrí en un pase por televisión en el año del Señor de 1977. Tenía tan solo 14 añitos.
Ya desde aquel primer momento me resultó obsesiva, embriagadora, hipnótica, sanadora, reveladora, espiritual… Y siempre que acudo, que me instalo en ella, me causa un enorme alivio contemplarla, lo cual como mínimo necesito hacerlo por lo menos una vez al año. Estoy convencido de que su recuerdo me acompañará hasta el final de mis días. Y que, si alguna vez perdiera la memoria o cuando ésta pudiera llegar a mermar, creo que incluso pese a ello, seguiría recordando algunos de sus fragmentos, escenas o secuencias, estoy plenamente convencido, tal es su hipnótica, paralizante influencia en mí. De hecho, hasta este momento de mi ya dilatada existencia permanece alojada en mí de una manera única. He llegado a la conclusión de que lo que muestra es lo que significa para mí el posicionamiento vital ante la vida o el ideal amoroso, amén de expresar como pocas la inspiración artística, porque de eso va fundamentalmente “Jennie”, aunque sus ramificaciones sean numerosas, como lo son las raíces de un árbol.
Es esta una historia de cegadora belleza, desesperada, atrozmente romántica (no me extraña que la encabece una cita de Keats), cargada con un sobre extra de melancolía que me arrebata en todo momento, amén de generarme cada vez que la contemplo inagotable misterio (da igual el hecho de conocérmela de memoria), en la que se utilizaron con absoluta maestría todo tipo de pinceles narrativos y estéticos, lo que sirvió para dotarla de una atmósfera invernal (uno de los mejores retratos de Nueva York ofrecidos por el cine, lo que ya es decir), sobrenatural y premonitoria, verdaderamente singular.
Imágenes llenas de misterio y lirismo, primorosas en su diseño y composición, sobre todo, entre otras muchas, todas aquellas que describen los encuentros del pintor con la inaprensible, la etérea Jennie en Central Park y la increíble, impresionante secuencia de la tormenta en el faro, que proporcionó a sus responsables un Oscar a los efectos especiales, al cual habría que añadir una nominación por la fabulosa, fantasmagórica, “irreal” fotografía de Joseph H. August, por momentos de una rugosidad propia de un lienzo de su protagonista, Eben Adams. Y luego está ese apropiadísimo tono lechoso con el que fueron rociadas sus imágenes.
Un hito del cine amoroso y más febril, una película absorbente, emocionante, perturbadora, sugerente, que me apasiona todavía más según voy acumulando visitas… y ya van en mi vida más de 80, sin exagerar. Su puesta en escena es el afortunado, el mágico resultado de la perfecta conjunción de intenciones e intereses, también de los diversos elementos estéticos y narrativos barajados, de la sensibilidad y del enorme talento de los maestros aquí reunidos. En fin, de ese sortilegio que a veces surge en el cine, cuando todos los elementos encajan sin fisuras en una extraña y mágica conjunción, complementándose para el perfecto acabado de una obra.
Mención especial merecen las espléndidas interpretaciones del siempre elegantísimo Joseph Cotten, de una evanescente y espectral Jennifer Jones, o de la veterana y maravillosa Ethel Barrymore (¡cómo son esas miradas de amor otoñal y reconocimiento a Cotten!). Sin duda, la obra maestra y culminante del genial William Dieterle, y eso que tiene bastantes en su haber, desde “La tragedia de Louis Pasteur” a “Cartas a mi amada” con idéntica pareja protagonista, pasando por “La vida de Emile Zola”, “Te volveré a ver”, “La senda de los elefantes” y un largo etcétera.
Finalmente ¿existe Jennie o solo es la inspiración que necesita todo creador? “This is the question”. Yo necesito exasperadamente creer en ella, encontrarla alguna vez. Y de no ser así, perseverar hasta el fin de mí existencia. Y que cada uno se responda lo que crea conveniente, si cree o no cree, si la ha encontrado o que nunca la encuentre.
Jamás me canso de verla, siempre descubro algo nuevo, un detalle, una mirada embelesada, un fulgor. Con razón enloquecida los surrealistas la veneraban.
The end?
Nota: El plano final que muestra el retrato de Jennie –y no descubro nada- en el museo se filmó en color, así como se dotó de un especial tratamiento de la tonalidad (superponiendo dos negativos) a la mencionada escena de la tormenta en el faro.
Frases de “Jennie”:
-“Desde el principio de los tiempos el hombre ha sido consciente de su pequeñez, su insignificancia ante el tiempo y el espacio, el infinito y la eternidad. Y se ha estremecido ante el misterio de lo que el hombre llama vida y de lo que llama muerte…” (Voz en off de Eben Adams/Joseph Cotten).
-“…Porque quien sabe si morir no será vivir, y lo que los mortales llaman vida será la muerte” (Eurípides).
-“Los científicos dicen que nada muere, que todo cambia solamente ¿Qué es el pasado? ¿Qué es el futuro? Más allá de nuestro conocimiento, más allá de un retrato colgado en un museo, está la historia de Jennie ¿Es cierta? Veámosla con los ojos del corazón” (Voz en off de Eben Adams/Joseph Cotten).
-“Belleza es verdad, verdad es belleza, es todo lo que sabemos en la tierra y cuanto necesitamos saber” (Keats).
-“De dónde vengo… nadie lo sabe.
Y adónde voy… acaba yendo todo.
El viento sopla, el mar fluye. Nadie lo sabe.
Y adónde voy, nadie lo sabe” (Canción que canta Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“-Sabe a qué juego me gusta jugar más? -A los deseos. Yo le diré lo que más deseo. Deseo a que espere a que crezca para estar siempre juntos” (Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“¡Qué chica más extraña!” (Eben Adams/Joseph Cotten).
-“Yo soy una solterona y nadie sabe más de amor que las solteronas” (Señorita Spinney/Ethel Barrymore).
-“Yo tengo un gran respeto por el hombre que hace lo que tiene que hacer, aunque eso le cueste la vida. Usted quiere pintar cuadros y pinta pase lo que pase. Eso me gusta… Mire, muchas veces uno piensa que en la vida no hay nada que valga la pena, salvo pasarlo lo más cómodamente posible, recogiendo unos cuartos aquí, unos dólares allá, comer, dormir y morirse. De pronto, aparece un tipo como usted, que no piensa en esas cosas y entonces, a uno se le ocurre si no le estará faltando algo” (Gus O´Toole/David Wayne).
-“Esa gente de color es muy lista, ellos saben lo que son problemas” (Conserje Pete/Felix Bressart).
-“Puede que la viera realmente, puede que no, qué importa eso. A medida que vaya envejeciendo aprenderá a creer en muchas cosas que no puede ver” (Señorita Spinney/Ethel Barrymore)
-“Mi madre solía decir… si hay polvo de estrellas en tus ojos, hay confusión en tu alma” (Gus O´Toole/David Wayne).
-“Sé que siempre estaremos juntos” (Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“Eben, prométeme que no me olvidarás” (Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“Recuerda cuando le dije que debe haber algo eterno en una mujer, algo que no sea ni del presente ni del pasado, pues usted lo ha captado aquí. Es el rostro de la misma niña, y sin embargo, lo que usted ha visto en ese rostro no tiene ni edad ni tiempo” (Matthews/Cecil Kellaway).
-“Trabajé enérgicamente para terminar el retrato. El rostro enmarcado en los cabellos negros, los ojos oscuros tiernamente soñadores. Empecé a darme cuenta de que yo era presa de un encantamiento fuera de todo tiempo y lugar” (Eben Adams/Joseph Cotten).
-“¿Crees posible que haya habido en otras épocas a quienes podíamos haber amado y que pudiesen habernos amado? -No, otros no, de entre todas las personas que hayan existido de un extremo a otro del mundo no hay más que una a la que hay que buscar para encontrarla. Para mí, eres tú, amor mío” (Eben Adams/Joseph Cotten y Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“No importa lo que crea usted, no importa lo que crea nadie, porque yo lo sé” (Eben Adams/Joseph Cotten).
“-Tenemos toda la eternidad para estar juntos, Eben ¿No lo ves? Estábamos solos, sin amarnos. El tiempo cometió un error, pero tú esperaste y encontramos nuestro amor… La vida no es vida, amor mío, hasta que no se ama y se es amado, después ya no existe la muerte” (Jennie Appleton/Jennifer Jones).
-“Usted lo cree y eso es lo que importa” (Señorita Spinney/Ethel Barrymore).
-“Para él era real, de lo contrario no parecería tan viva” (Nancy Olson/Adolescente en el museo).
