Las similitudes entre la Covid-19 y la gripe de 1918 animan a trabajar más allá de contar con la vacuna, según la catedrática de la UCLM, Isabel Porras

Laura Espinar Ciudad Real
Las similitudes entre la Covid-19 y la gripe de 1918 animan a trabajar más allá de disponer de una vacuna para evitar el Covid-19/J.Jurado

Las similitudes entre la Covid-19 y la gripe de 1918 animan a trabajar más allá de disponer de una vacuna para evitar el Covid-19/J.Jurado

La similitud de los factores desencadenantes de las epidemias provocadas por la gripe de 1918 y el Covid-19 y las respuestas que se han dado deberían ser claves para corregir las desigualdades socio económicas y apostar por la sostenibilidad más que situar la solución solo en contar con vacunas o antivirales. Al menos es la conclusión que transmite María Isabel Porras, catedrática de Historia de la Ciencia en la Universidad de Castilla-La Mancha, en el artículo "¿Se parecen la Covid-19 y la gripe de 1918?" en el que analiza similitudes, diferencias y respuestas en ambas. "El desarrollo científico-médico y tecnológico es necesario, concluye, pero no es suficiente para evitar catástrofes como la actual crisis sanitaria".

Las similitudes advertidas en los factores desencadenantes de las pandemias de 1918 y la actual deberían animar a la sociedad a trabajar para corregir las desigualdades socio-económicas, a reflexionar sobre los cambios que se han de llevar a cabo para lograr su sostenibilidad y un tipo de vida que eviten nuevos episodios como el provocado el coronavirus Covid-19, más que situar la solución en encontrar una vacuna o un antiviral específico.

El  desarrollo científico-médico y tecnológico es necesario, sin duda, pero la catedrática de Historia de la Ciencia de la UCLM, María Isabel Porras, entiende que no sería suficiente para evitar catástrofes como la actual crisis sanitaria sino se acompaña de esa serie de medidas que propiciaran una mayor sostenibilidad en la sociedad.

En el artículo «¿Se parecen la Covid-19 y la gripe de 1918?«, Porras estudia los puntos en común y las diferencias entre ambas pandemias para entender lo que está sucediendo, buscar luz sobre la evolución futura de la actual crisis sanitaria y ver, en definitiva, en qué medida se alejan o coinciden las medidas planteadas con más de 100 años de distancia.

Silencio y desconocimiento

Como en 1918, la aparición de la infección provocada por el coronavirus Covid-19 en China se silenció inicialmente al igual que en otros países. También hoy como entonces hay un conocimiento científico limitado sobre esta grave infección y sus efectos y tampoco se dispone de vacunas ni antivirales específicos. Sin embargo, en la actualidad existen sistemas sanitarios estructurados y más recursos personales y materiales aunque el reparto y acceso sean desiguales.

Sin embargo, las medidas profilácticas actuales son básicamente iguales que hace 100 años y las mismas que fueron empleadas en los tiempos de la peste -aislamiento de las personas enfermas y sus contactos, cuarentena, confinamiento, interrupción de las actividades colectivas, lavado de manos, desinfección y mascarillas-, se han construidos espacios de atención sanitaria y se ha movilizado personal y equipamiento para atender a los enfermos en muy corto espacio de tiempo. También ha sido común la imposibilidad de atender todas las necesidades y enterrar a la velocidad que se producían los fallecimientos.

Escasez y deslocalización

Entonces como ahora, explica la profesora en este artículo publicado el pasado 2 de agosto en The Conversation, ha sido común la escasez y carestía de alimentos frescos y los recursos más demandados -mascarillas, geles desinfectantes o medicamentos-, aunque en la actual pandemia se han registrado especificidades derivadas de la deslocalización de la producción europea y la conversión de China en la fábrica del mundo provocando que faltaran equipos de protección individual y respiradores, unos productos que, en los momentos álgidos, han encarecido sus precios.

La respuesta de la sociedad, en ambos casos, fue y ha sido similar. Al período inicial marcado por la incredulidad le siguió otro de miedo y las conductas de pánico favorecieron el acaparamiento de alimentos y dio paso a la búsqueda del chivo expiatorio. «Inicialmente se estigmatizó la población china y sus comercios, seguido del rechazo a la población de otros países, como el veto impuesto recientemente por Gran Bretaña a las personas que lleguen de España», explica María Isabel Porras.

Primera Guerra Mundial y crisis económica y social

En cuanto a las circunstancias que rodearon la aparición de las pandemias, la profesora de la UCLM recuerda que la de 1918-19 combinó el impacto y desarrollo de la Primera Guerra Mundial con la crisis económica y social de la que no escaparon ni los países implicados ni los que no lo estuvieron, como España.

Ligado al conflicto se produjo un gran desplazamiento de la población, militar y civil, hacinamiento, falta de higiene y mala alimentación, circunstancias que contribuyeron a la expansión y gravedad de la gripe mientras  las condiciones de las trincheras y la exposición a sustancias tóxicas -gas mostaza- agravaron la situación tal y como lo demostró virulencia del brote del otoño de 1918 respecto al de primavera, al parecer, por la acción mutagénica del gas sobre el virus. Sin embargo, la profesora María Isabel Porras también recoge la opinión de otros científicos según la cual esta virulencia del brote estaría conectada con la presencia de granjas de aves hacinadas en las cercanías de los campamentos próximos al Canal de La Mancha.

Aunque nuestro contexto actual sea diferente al del bienio 1918-1919 -explica- compartimos aspectos como la movilidad de la población mundial (…) y el hacinamiento está muy presente, no solo entre las personas vulnerables (…) sino que como fruto de una sociedad que ha privilegiado el desarrollo de ciudades enormes se exigen desplazamientos diarios en un transporte colectivo insuficiente y saturado,  lo que facilita la proliferación de enfermedades de transmisión respiratoria.

Una atención primaria bien dotada y el papel de los epidemiólogos, claves para combatir la epidemia/ J. Jurado

Una atención primaria bien dotada y el papel de los epidemiólogos, claves para combatir la epidemia/ J. Jurado

Neoliberalismo y capitalismo sin control

Por otro lado, Porras también  se refiere a los factores que acentuaron las desigualdades, empeoraron las condiciones de trabajo y la vulnerabilidad de la ciudadanía, como la generalización del neoliberalismo, el capitalismo sin control y el impacto de la crisis de 2008, propiciando un incremento de la contaminación ambiental «que facilita la cercanía humana con animales que actúan como reservorios y/o transmisores de patógenos al ser humano». A ello se sumarían los efectos del adelgazacimiento del sector público y su fuerte impacto en la salud y protección social aspectos que se han revelado determinantes para enfrentarse a la pandemia.

A su juicio, esta situación es hoy especialmente grave «cuando sabemos lo importante que es disponer de una atención primaria bien dotada, o el papel de los epidemiólogos, y seguimos desatendiéndola después de la enseñanza que nos brindó la pandemia de gripe de 2009-2010 (…). En lugar de reforzar nuestros sistemas sanitarios públicos, reducir las desigualdades socio económicas y las condiciones de vida, se prioriza (…) poder contar con un antiviral y vacuna específicos contra el coronavirus de la misma forma que se trató de hacer, sin éxito,  en 1918 pese a las diferentes iniciativas, pero no fue posible fijar el agente etiológico de la gripe ni llegar a un acuerdo entre científicos.» Hubo que esperar a 1933 para aislar el virus de la gripe, pero no se contó con las primeras vacunas hasta la década siguiente.

Por último, la profesora entiende que, como en 1918, hay que disponer de una vacuna para prevenir la Covid-19 pero tal y como lo vieron los médicos de entonces, no es suficiente con ello ya que para evitar una situación tan grave, era preciso mejorar la calidad de las viviendas, facilitar el acceso a los alimentos de primera necesidad, mejorar las condiciones laborales, reformas sanitarias, elevar el nivel científico y contar con seguros sociales o, al menos, el seguro obligatorio de enfermedad.