
Con un público expectante y asombrado con el concierto protagonizado por Israel Sobrino Muñoz, violonchelista de las orquestas de Granada y Navarra, celebrado en lo que fueron las eras de trillar de la aldea Enjambre, finalizó el encuentro literario que ha tenido lugar este fin de semana en torno a la Ruta Literaria Enjambre, basada en uno de los libros de la trilogía “En la raya del infinito” que la da nombre a la ruta, del escritor castellanomanchego, Rafael Cabanillas.
Fue un colofón de lujo a la caída de la tarde, “un espectáculo sorprendente, inédito, en un escenario nunca visto, en el que vimos una imagen espectacular del atardecer, concentrada en el sonido del violonchelo ejecutado con extraordinaria maestría por Israel Sobrino cuya música envolvía la atmósfera y la luz del valle a la puesta del sol”, explica Rafael Cabanillas.

Emocionado y feliz por la respuesta de los lectores a esta ruta literaria, cuyo recorrido de 7 kilómetros transcurre entre Anchuras y la aldea Enjambre en la que están censados solo 4 vecinos de oficio cabreros, asegura que “hay muchas maneras de gritar para que te escuchen; de gritar contra el silencio; de vociferar contra el olvido y el abandono (…), pero ninguna tan bella como la que se produjo este sábado, 7 de octubre, en el encuentro de la Ruta Literaria Enjambre, que finalizó con este concierto de violonchelo”.
Un grito a los compases de piezas de Bach y Gabrielli, -aclara- en la base de la Garganta de la sierra de Altamira, con el bosque de encinas, alcornoques y quejigos de fondo, sus cortantes riscaleras y sus crestas y, de frente, la dehesa de la Siberia extremeña, las rañas de pasto y marfil y la sierra violácea de Las Villuercas.
140 personas participaron en la ruta
El inicio de la Ruta tuvo lugar en Anchuras, en las puertas de su almacén municipal convertido en centro social y cultural, donde esperaban 140 personas procedentes de Talavera de la Reina, Toledo, Madrid, Ciudad Real, Puertollano e Illescas además de las que se sumaron de los pueblos de los alrededores.

Recibidos por Santiago Martín, histórico alcalde de Anchuras, la ruta discurrió bajo un sol veraniego, con paradas para refrescarse y escuchar las explicaciones del escritor y de los guías sobre los parajes de la novela “Enjambre”.
Al llegar a la aldea, lectores y lectoras conocieron los murales instalados en esta especie de museo al aire libre que representan a los protagonistas de la novela; comieron migas y se firmaron libros. Se leyó el capítulo titulado «Alma” y culminaron con el citado concierto de violonchelo ante un público expectante y asombrado, compuesto por los senderistas de la ruta y los vecinos de Enjambre, los propios pastores, de Anchuras, de Gargantilla y Sevilleja de la Jara.

Todo ello de manera sencilla y práctica, señala el escritor, quien agradece el trabajo de la Editorial Cuarto Centenario, del Ayuntamiento de Anchuras, la empresa Senderismo a la Carta y, sobre todo, la colaboración vecinal de Enjambre y de Anchuras.
“Ni más ni menos. Lo justo y necesario para dejarnos de lamentaciones y ponernos en acción. Para dejar de estar mudos y gritar contra el abandono y la despoblación. Porque cuando se nos llena la boca, hablando de la España vacía, de la igualdad de derechos, de la equiparación de servicios, de ciudadanos de primera y de segunda y, en la mayor parte de las ocasiones, todo el discurso queda en pura palabrería, hay pequeñas acciones, humildes y de escasísima financiación, que nos demuestran que es posible, que estamos vivos y que los sueños pueden convertirse en realidad”, sostiene Cabanillas en uno de sus artículos.
“No vale el dicho de «Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña», porque el valor, la valentía y la dignidad de estas gentes y la belleza de esta tierra mueven montañas. Un día que pasará a la historia de estas sierras, dando pasos para construir un mundo mejor”, concluye.

