Una investigadora alerta de los posibles daños de las máquinas de ozono en la salud

Aníbal B. C. Ciudad Real
Imagen de archivo de Florentina Villanueva / Elena Rosa

Imagen de archivo de Florentina Villanueva / Elena Rosa

Florentina Villanueva García, investigadora del Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha, ha abordado en una entrevista si son recomendables las máquinas domésticas de ozono para la desinfección de coronavirus y ha alertado de que no solo puede no ser eficaz, sino que incluso podría tener efectos perjudiciales para la salud.

En los últimos días se han disparado en España las ventas de máquinas de ozono para destinarlas a desinfectar viviendas, locales comerciales o vehículos, por lo que esta doctora que trabaja en el Instituto de Investigación en Combustión y Contaminación Atmosférica de la Universidad de Castilla-La Mancha ha analizado la idoneidad de su uso.

La investigadora, que desde hace años desarrolla una innovadora investigación sobre monitorización de contaminates y análisis de la calidad del aire exterior e interior, ha recordado que al margen de si funcionan o no para eliminar la COVID-19, poner un ozonizador en el interior de una vivienda implica muchos riesgos.

Villanueva ha explicado que el ozono es una sustancia tóxica, que a nivel de la estratosfera es deseable porque filtra la radiación ultravioleta más peligrosa e impide que llegue a la Tierra, pero a nivel de la trosposfera, es decir, donde vivimos, es un compuesto «indeseable» porque puede afectar al sistema respiratorio y agravar enfermedades respiratorias crónicas como el asma.

El ozono está presente en el aire ambiente debido a varias reacciones que lo generan y su concentración varía dependiendo de la hora del día y la época del año, y es uno de los contaminantes vigilados en las redes de vigilancia e la calidad del aire porque es importante que no se superen ciertos valores como el nivel de información a la población de 180 microgramos por metro cúbico.

En los espacios interiores, no preocupa en el sentido de que no hay fuentes que lo generen y lo que hay dentro es porque entra desde la calle.

En este sentido, Villanueva ha indicado que las concentraciones suelen ser bastante menores en el interior que en el exterior, pero ha advertido de que si se pone una máquina de ozono, se estaría aumentando la concentración de un contaminante, favoreciendo la reacción con otras sustancias presentes en el aire interior de las viviendas y locales, como por ejemplo el limoneno.

El limoneno, ha recordado, es una sustancia que está presente en los productos de limpieza y en los ambientadores y al reaccionar con ozono forma formaldehído, otra sustancia que puede terminar acumulándose en el aire interior debido a la falta de ventilación.

El formaldehído es cancerígeno y la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no superar los 100 microgramos por metro cúbico en 30 minutos.

La investigadora ha recordado que su grupo de investigación ha llegado a medir en el dormitorio de un niño en Puertollano concentraciones de formaldehído en torno a este valor solo por el hecho de tener un ambientador en la habitación, algo que por supuesto también es desaconsejable.

Respecto al uso de las máquinas de ozono para desinfectar, ha recordado que la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos (EPA) dice que «si se usa en concentraciones que no exceden los estándares de salud pública, el ozono aplicado al aire interior no elimina eficazmente virus, bacterias, moho u otros contaminantes biológicos».

Es decir, ha explicado que para eliminar estos elementos habría que utilizar concentraciones altas de ozono, unas 100 veces por encima de los límites permitidos, que ya serían perjudiciales para la salud por no ser compatibles con la vida.

Su uso a altas concentraciones, como sucede en los quirófanos hospitalarios, puede ser efectivo si siguen los protocolos previamente establecidos, ha matizado Villanueva.

En cualquier caso, ha recordado que el ozono no se encuentra en la lista oficial de virucidas autorizados y registrados por el Ministerio de Sanidad, aunque la comercialización de estas máquinas está permitida.

En su opinión, el generador de ozono se podría usar a altas concentraciones solo cuando no haya gente presente, es decir, cuando cierre el establecimiento y dejarlo actuar el tiempo que indique el fabricante y después ventilar muy bien.

Esto, ha señalado, no impedirá que haya contagios durante el día si una persona contagiada entra y no se cumplen bien las medidas de seguridad o higiene.

La doctora también ha afirmado que no ve compatible el estar en un restaurante o tienda y que haya una máquina de ozono en marcha y ha concluido que los principales perjudicados serían los que pasen más tiempo en el interior de estos lugares, es decir, los trabajadores.