400 encajeras pusieron a bailar los bolillos en los jardines del Prado

encaje prado

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El estrés le llevó a los bolillos y ayer Manolo Ramón, de Benalmádena, fue uno de los pocos hombres entre las 400 mujeres que participaron en el VII Encuentro Nacional de Encajes, organizado por la asociación ciudarrealeña Rosa del Azafrán.

El estrés le llevó a los bolillos y ayer Manolo Ramón, de Benalmádena, fue uno de los pocos hombres entre las 400 mujeres que participaron en el VII Encuentro Nacional de Encajes, organizado por la asociación ciudarrealeña Rosa del Azafrán.
A diferencia de otros lugares, en Ciudad Real no se mueven los bolillos agarrándolos, sino que “los bailan”, indicó Ramón, que también reparó en los característicos bolillos blancos que se utilizan en esta tierra. Son múltiples, a su juicio, los beneficios en la salud que reporta el encaje a nivel de concentración y agilidad tanto mental como de las manos y expuso que, por esos motivos, se ha recomendado su práctica con buenos resultados desde a enfermos de Alzheimer hasta adolescentes con hiperactividad.
También como remedio al vacío del insomnio es muy apropiado, comentó Ramón, cuyo momento preferido para hacer encaje de bolillos es después de la sobremesa y tiene una puntilla para un abanico entre las piezas que ha hecho de las que se siente más orgulloso.
Que le toque la lotería y que un grupo de diez encajeras reunidas dejen de “cascar” entre ellas y se escuche sólo el sonido del choque de los bolillos, son dos cosas que considera “casi un milagro”. La segunda a veces ocurre y, para él, se trata de un “sonido analgésico” tan relajante “como las olas del mar”. Dependiendo del material con el que están hechos los bolillos -de hueso, boj, pino y otras maderas- varía la calidez del sonido, pero siempre es relajante, como una “nana”, agregó Ramón, para quien el encaje también sociabiliza y anima a que las mujeres -parte de las cuales son viudas- se relacionen.
Además de por ser muy entretenido, el encaje “engancha” porque reporta la satisfacción de un resultado -la obra que se ha creado-, a diferencia de otros muchos trabajos en los que los frutos no se pueden tocar o son efímeros. 
Pero Ramón no fue el único hombre en el encuentro de ayer, ya que no faltó Alfonso Ortega, quien exhibió -como cada año en este evento en los jardines del Prado- unos 150 picados distintos, muchos de ellos nuevos, junto a bolillos de raíz de olivo con “un sonido fabuloso” y unas vetas tan bonitas que “a la gente roba los ojos”.
Además de las encajeras de la provincia, al encuentro acudieron de Cartagena, Munera, Benalmádena, Ronda y Granada, y todas recibieron de la asociación organizadora el Pasaporte del Encaje, junto a una cajita de azafrán, bolillos y un picado.
Las concejales populares Helena López, Amparo Messía de la Cerda y Ana Beatriz Sebastiá, y los socialistas Manuel Artiñano, María del Prado Martínez y Mercedes Esteban acudieron a expresar su apoyo a este encuentro que, amenizado por los bailes y canciones manchegas de los Coros y Danzas de Nuestra Señora del Prado, incluyó una comida de fraternidad y una visita al Museo del Encaje en Almagro.
El encaje de bolillos es terapéutico, relaja, hace que te olvides de todo y encima creas cosas bonitas, indicó Matilde González de Ulloa, presidenta de la asociación organizadora, que abogó por cuidar la artesanía y procurar su conservación y su aprendizaje por parte de los jóvenes. El encaje es tan entretenido o más que un vídeojuego, a juicio de González de Ulloa, que tiene entre las piezas preferidas que ha creado dos chals de bolillos en color crudo, además del negro que actualmente está haciendo. Después de comer, cuando ha “recogido la casa”, llega para ella el ‘descanso del guerrero’ y es su momento preferido para hacer encaje. “Lo que más me gusta es hacer encaje en mi jardín, con mi MP4 y música marchosa, de rumba, pop o zarzuela, que es mi pasión”.