A un dios herido de Altares

Alfonso Manzanares Garvín, poeta y escritor Valdepeñas
Portada de la obra / Lanza

Portada de la obra / Lanza

Reseña al libro “De almas, ditirambos y heridas”

Del lírico magín de nuestro vate, “aquel bautizado de loco indócil”, nos llega, para gozo y asombro de lectores: De almas, ditirambos y heridas; un amplio poemario con trasiego de báquicos versos en los que el poeta “hoy baja a la magnitud del vino”. Quedan avisados jaraíces, cercados, Casas y Centros de Cultura, Bibliotecas, y en general, cualquier lector de alma sensible.

Juan José Guardia Polaino escribe en jubilosa exaltación dionisiaca versos como “grito de pámpanos atávicos y triunfales” en los que “… sobre el estruendo de la tierra / resuelvo ser campana, / y acudo a estrellar mis palabras / contra el vasto silencio de los sepulcros”.
Versos nacidos tanto de la belleza y el desasosiego, como de la rabia y el escalofrío, versos con ecos del torrencial Walt Whitman, del violín roto de León Felipe, de las exuberantes acumulaciones de Neruda, de pámpanos y farras alcaidianas.

“Ángel de la palabra / de sensible hondura …” nuestro poeta, un proteico de latido arcaico, agitador inconforme, mesiánico y provocativo, vendimia en este libro los majuelos de su mente, palabras-racimo que, tras su paso por prensa, escurren mosto que ha fermentado en poesía, tan embriagadora como el vino.

“Desmonto los surcos / y te busco entre la gleba. / Escarbo el vértigo y la escarcha; / marcho tras tu savia indescifrable…”. Versos que nacen en nuestro poeta, como pudieran nacer de un Juan Alcaide más irracional y ebrio. Como estos otros “Traigo una luz herida de lebrillos / y un empotro para las largas noches y los versos”….y otros muchos que dejo sin citar.

Juan José es un poeta contradictorio en sus extremos, solar y lunar, de la risa y la hiel, del poema como “un derramado auxilio para mis heridas” y de “aquel que vomita palabras incómodas”. Juan José escribe una poesía que, estando arraigada en la tierra, recorre libre los cielos. En este conjunto de versos multiplica las perspectivas del vino y la lírica. Versos que se paladean como tragos alegres y embriagadores, al tiempo que nos empozan en sus trágicas raíces existenciales. “Se pierde la memoria en el hombre. El tiempo / bosteza en vaivén y resaca. / La sangre y el vino / nos habitaron de idéntica manera: / medular y en diluvio …”

Como en creciente ebriedad, según avanza el libro, el poeta eleva el tono, se enaltece exaltado…”¡Sabed, gentes del mundo, / que hoy canto ditirambos / porque como en Dionisos / ya es templo mi boca para el vino!”. ”Yo sé que bajo mis pies / está la cueva donde reposan los gastados abecedarios. / Las dudas que habitan mi caos / dicen ser poseídas por sus verbos y sus voces. / Así han querido mis ditirambos / ofrecerse al ara de los sacrificios, / ser palabras viejas y sabias como el vino …”

Avanzado el poemario, su colmado caudal que nos mantiene en vilo, en la página 127 encuentro el que es para mí, casi en su totalidad, un poema antológico. Desisto de incluirlo, porque las numerosas referencias a sus versos me están haciendo sola esta reseña y no quisiera caer en lo narrado por Borges en “Del rigor de la ciencia”, donde los cartógrafos de un reino terminaron haciendo un mapa del tamaño del territorio.

En ese poema, yo evitaría las palabras chamán (tan predilecta a él), y loco coribante, que aquí me desentonan; aunque comprendo que forman parte de su imaginario y pueden rastrearse en todos sus libros. Y es que en Juanjo concurren, y él aúna y amalgama, en esa personal creación tan lírica e irracional en la que se halla inmerso: mitología y medievalismo, dioses y druidas, sirenas, sibilas, ondinas y faunos; arcadias y tribus, goliardos y eremitas, liturgias del clero y conjuros y hechizos; capillas, tabernas, juglares y sacerdotes; cálices y cuencos, vino y vida en raíces manchegas con secretos milenarios, y todo ello sin que falte un azumbre de refinado erotismo, una epifanía de uvas y labios, de racimos, de roces en pasional zozobra y hedónica calentura.

Elegiaco en su herejía, litúrgico en la magia atávica, mitológico, escribe: ”Hoy bajo la magnitud del vino. / Soy un dios herido de altares …” Ciertamente es un sumo sacerdote de esta religión di-vina, y yo quisiera con él, libando el “vino en luz de resurrección”, “ser quebrado sarmiento, ser el resuelto zarcillo que se aferra a la vida”. Muchas gracias Juanjo por tu impagable labor, y que el viento lleve este libro “allende las tapias de las aldeas”.