‘Alcudia insólita’, un viaje por el paisaje, la costumbre y la historia

Noemí Velasco Puertollano
Fotografía de Manuel Sánchez incluida en el libro 'Alcudia insólita', con una vista panorámica característica del Parque Natural del Valle de Alcudia

Fotografía de Manuel Sánchez incluida en el libro 'Alcudia insólita', con una vista panorámica característica del Parque Natural del Valle de Alcudia

Antonio Carmona y Manuel Sánchez presentan 'Alcudia insólita', un libro de viajes fruto de las rutas que han realizado durante años en el parque natural.

El paso del caminar de dos ‘quijotes’ dispuestos a vivir una y mil aventuras en esta tierra de dehesas moteadas por encinas en parajes que guardan las “heridas” abiertas por la minería escribe la historia del Valle de Alcudia y Sierra Madrona, sus paisajes, sus tesoros escondidos y sus gentes. Dispuestos a llamar la atención del senderista enamorado del turismo de naturaleza, de flora, fauna, fotografía y bastón, del visitante en busca de paisajes de ensueño que motiven la reflexión, y de los paisanos autóctonos, esos que en demasiadas ocasiones han olvidado las bellezas de esta comarca, la suya, Antonio Carmona y Manuel Sánchez presentaron este viernes en el Museo Municipal de Puertollano ‘Alcudia insólita’.

Cincuenta años después de que el cronista Vicente Romano y el fotógrafo Fernando Sanz ‘patearan’ el Valle de Alcudia para plasmar las peculiaridades del sur de Ciudad Real en el libro ‘Las botas de siete leguas’, Antonio Carmona y Manuel Sánchez repiten el homenaje a esta tierra. El responsable de poner la letra, Antonio Carmona, explica que ‘Alcudia insólita’ es un libro de viajes, que incluye crónicas y relatos sobre las aventuras que han tenido los dos autores al explorar el extenso y desconocido Valle de Alcudia.

El libro, publicado por Ediciones Puertollano, no es un manual del senderista, pues va más allá de la descripción de rutas y la introducción de mapas con puntos localizados, y muestra las sensaciones propias que sintieron al conocer los rincones del actual parque natural y sus habitantes. El objetivo no es describir con exactitud cada una de las rutas, que sin embargo vienen apoyadas por un Código Q que ayuda al visitante a localizar cada uno de los enclaves de interés, sino transmitir el espíritu de la comarca, la inspiración que genera, quizás su alma.

Minas del Horcajo, su pasado minero, sus castilletes y el antiguo puente por donde pasaba el ferrocarril de la vía estrecha; la Venta de la Inés, símbolo del patrimonio cervantino, que aparece en la obra ‘Rinconete y cortadillo’; o el Molino Flor de Ribera de Hinojosas de Calatrava, situado sobre la hoz del río Montoro  y cerca de la Tabla del Tío Duerme. ‘Alcudia insólita’ es el resultado de las decenas y cientos de viajes realizados por Antonio Carmona y Manuel Sánchez a lo largo de décadas, uno con papel y el otro con cámara de fotos, por la Hoz de Río Frío, Almadenejos, la Estación de Caracollera, la Cueva del Lechuga, Ventillas, la mina Diógenes o el sitio “más especial” para el fotógrafo, la Hoz de Valdoro.

Sabana africana en verano, verde en invierno y triste por las heridas de la minería

El autor del texto comenta que el Valle de Alcudia “no tiene nada que desmerecer a otras zonas de España”, con su paisaje de gran “singularidad”: “una dehesa con montaña suave, muy accesible y cambiante a lo largo del año, que en verano recuerda a la sabana africana en el atardecer, y que en invierno ofrece un verde único, como diría Manuel Valero, el prologuista, el verde más bonito, porque es el nuestro”.

En primavera el Valle de Alcudia crea estampas floreadas, como describen las numerosas fotografías que contiene el volumen, todas a gran tamaño; y siempre está silvestre, por la escasa extensión de cultivos. Antonio Carmona expresa que además es un paisaje que transmite “nostalgia”, que en ocasiones es “triste”, al observar los restos de la minería, “castilletes de minas que surgen como heridas en la piel”.

Un homenaje al patrimonio caído en el olvido ante la vida urbana

‘Alcudia insólita’ también es un homenaje a aquello que ha caído en el olvido, “nuestro patrimonio, nuestros tesoros”, y los autores entonan el ‘mea culpa’. Frente a la tradicional crítica a los grandes terratenientes y a la Administración, Antonio Carmona admite que “nosotros mismos también hemos dado la espalda al valle”. “La sociedad cambia muy deprisa y hemos rechazado modos de vida menos cómodos en el ámbito rural, al mismo tiempo que hemos despreciado aspectos únicos como el silencio, la comida, el paisaje, el ritmo de vida del campo”, argumenta el autor.

El deseo de contribuir a promocionar el turismo rural no permanece inadvertido en el libro, más cuando Manuel Sánchez ha sido uno de los empresarios que han hecho más en la zona por contribuir a atraer visitantes, con la elaboración de mapas, folletos y rutas desde su hotel rural Casa del Valle. Antonio Carmona señala que “el paisaje no es nada si no hay gente que lo disfrute”, y por ello argumenta la relevancia de atraer turistas, un “turismo sostenible”, que favorezca la dinamización de la economía en esta zona con grandes problemas de despoblación.

La promoción de un turismo rural y sostenible

Para Manuel Sánchez si no hay personas que recorran ríos, riachuelos, cuevas y escondrijos con arte rupestre de tipo esquemático, y si estos lugares no se protegen, llegará un momento que no puedan visitarse, como ya ocurre con muchos lugares, como la Encina Milenaria.

Personas, sin duda, que recorran los caminos faltan, pues frente a la masificación de otros lugares de interés natural, donde hoy en día “cabe esperar semáforos para regular el paso de peatones”, Antonio Carmona y Manuel Sánchez comentan que “en Alcudia puedes estar horas andando sin ver a nadie”, y por qué no, ese “silencio” que ofrece el paisaje del sur de la provincia, frente a la ciudad del ruido y el estrés, también es una sensación agradable para disfrutar.