Almagro ovaciona el testimonio feminista de ‘La viuda valenciana’

Julia Yébenes Almagro
Se trata de una producción divertida qeu atrapó al público almagreño / Festival de Almagro

Se trata de una producción divertida qeu atrapó al público almagreño / Festival de Almagro

El Palacio de los Oviedo de Almagro ha acogido el divertido y verosímil montaje dirigido por Borja Rodríguez

“Quiero gozar de la vida libremente” señala Leonarda, un personaje valiente concebido por Lope de Vega que, tal cual hoy, se atreve a superar la presión social y la conducta prevista para una mujer viuda en la España en el Siglo de Oro.

Si aún persisten barreras para romper convencionalismos y normas sociales, hace cuatro siglos debía ser el colmo de la temeridad para las mujeres desviar su destino marcado en cada etapa. Pero siempre hubo luces para la esperanza, como finos espacios entre las ventanas de la libertad por los que ellas miraron y convirtieron en aliados.

La historia de Leonarda, la protagonista de ‘La viuda valenciana’, el divertido y verosímil montaje que ha acogido este fin de semana el Palacio de los Oviedo de Almagro, en el marco del Festival Internacional de Teatro Clásico, es la historia de todas las mujeres del mundo, ciudadanas de segunda y enmarañadas en la rígidas telas socioculturales que los hombres han diseñado a lo largo de los siglos.

Por eso llama la atención que Lope de Vega escribiera una comedia tan rompedora, donde habla de la toma de decisiones de las mujeres sobre sus propios deseos, con un discurso poco difuso y contundente.

La trama empieza a la muerte del marido de la protagonista (Pepa Gracia), una mujer joven y bella, que no quiere volver a ser ‘la mujer de’ o ser la ‘condesa de puñoenrostro’, sino que lucha por vivir plenamente sus voluntades aspiraciones.

No deja nada al azar, rechaza a varios pretendientes, Otón (Alberto Gómez-Taboada), y Lisandro (Agustín Otón), y urde una trama, encabezada por su criado Urbán (Rafa Núñez), para conseguir una cita con Camilo (Alfredo Noval), de quien se enamora con un solo golpe de vista.

Sin desdeñar la complicidad de su tía Julia (Arantxa Aranguren), Leonarda dirige un juego amoroso y erótico donde ella toma la iniciativa, aunque sin dejar de guardar las apariencias. Ahí está el quid de la cuestión: que la sociedad (de puertas para afuera) no se entere del engaño. Como la vida misma.

Camilo está dentro de los esquemas sociales: un joven atractivo con pareja, Celia (María Cobos), de la que posteriormente se separa, que se lleva la ‘corona’ del honor, frente a los caballeros pretendientes y sus códigos, envueltos en una ‘guerra’ intestina entre ellos a cuenta de una victoria azarosa (Leonarda).

En conjunto, es una función feminista de buena factura, en la que la palabra y el deseo de la mujer triunfa sin ambages y que MIC producciones ha sabido transmitir con humor, teatralidad y talento. Se nota la trayectoria de todos con el clásico, tanto de Noval, Gracia y  Gómez-Taboada, que han pasado por grandes montajes de la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC), como de Aranguren, Núñez, Otón y Cobos, todos acertados y rebeladores.

El elenco entona bien el verso, necesario para provocar risa, empatía, tristeza y alegría, sobre todo la alegría del triunfo de la libertad, así como dan muestras de sus capacidades actorales y de la medida de sus acciones, sobre todo en la pelea entre dos pretendientes, en el baile de máscaras, con coreografía incluida, o en las escenas amorosas, con el ruido de los besos, que ayuda mucho.

La escenografía con dos estructuras cuadradas, traslúcidas u opacas, en función del juevo de luces, para enmarcar estancias o exteriores y el vestuario y ambientación de los años 40 españoles (incluida la moto como símbolo de transporte) no chirrían a la acción, que primero es inquietante, luego ardoroso y al final liberador.

Y es que lo dice el propio personaje: “… yo he sido como río detenido, que va, suelta la presa, más furioso; y es lo más cierto que mujer he sido”.

Por ello, el montaje recibió una gran ovación del público el sábado, que hizo que hasta al menos tres veces salieran a saludar los actores. Una recompensa a un trabajo más que digno.