COART+E lleva a Shakespeare al circo y convierte a sus nobles en artistas circenses

El excesivo respeto al texto original de “Noche de Reyes” hizo que la mayoría de los niños se quedarán más en las anécdotas y tramas secundarias

Mercedes Camacho
Almagro

 

La idea de partida es genial, los actores magníficos y la escenografía y la música perfectas para los niños. Sin embargo, al “Noche de Reyes” que en la tarde del sábado presentó en el Teatro Municipal de Almagro -inaugurando así el Certamen de Barroco Infantil del Festival- es excesivamente purista con el texto teniendo en cuenta que se trata de teatro infantil, y aunque eso no da carta blanca para tratar a los niños como tontos, lo cierto es que conservar el texto original fue un poco excesivo para ellos. Vayamos por partes.

 

La idea de COART+E de convertir el reino de Iliria en una pista de circo, y a los duques y demás nobles en artistas circenses -como Orsino que es el domador de leones u Olivia, la trapecista- es una propuesta magnífica que ya hizo que el espectáculo le entrara a los niños por los ojos, gracias especialmente también a la escenografía y vestuario de David Pizarro.

 

Asimismo, cabe subrayar la maravillosa idea de que sea una obra adaptada para que las personas con discapacidad auditiva la puedan seguir y el que es el corazón de la función: el equipo integrado por Eva Boucherite, Ada Fernández, Rosa Clara García, Borja Floü, Chete Guzmán y Nacho Vera interpretando a Viola, Sir Toby, Olivia, Orsino, Sebastián y Valentino, entre otros personajes.

 

Estos seis grandes actores se dejan la piel sobre el escenario, durante más de hora y media -quizá demasiado para los niños- para mantener la atención de un público infantil con edades muy variadas. Es un placer verles combinar a la perfección, sin que parezca un añadido sin más sino encajando totalmente, las técnicas teatrales y las circenses (clown, malabares, mimo, trapecio…).

 

Sin embargo no siempre consiguieron mantener esa atención, y no porque no lo intentaran, sino por la dificultad para muchos niños de seguir un texto tan complejo como este de Shakespeare, lo que hizo que en muchas ocasiones los pequeños se removieran en sus sillas e, incluso, hablaran entre ellos.

 

Y ese fue el único error en un montaje muy bien diseñado, y la prueba es que al preguntarle al salir de la obra a tres de los jóvenes espectadores -Marta de 9 años; Ana de 12; y Antonio de 5- que era lo que más les había gustado, coincidieron en apuntar hacia tramas secundarias como la broma que el hombre forzudo y los payasos gastan al trapecista Malvolio, o el “falso descanso” en que los actores abandonan sus personajes de Shakespeare para hacerles algunas aclaraciones a los niños sobre lo clásicos de forma más directa, incluso con un rap que coreó el patio de butacas.

 

En definitiva, fue un buen espectáculo, bien diseñado, original y accesible al que, o se depura y facilita un poco la versión, o en lugar de considerarse teatro infantil, se califica como juvenil.