El Calderón más cómico divierte al público de Almagro con ‘Con quien vengo, vengo’,

Julia Yébenes Almagro
Doña Leonor y Lisarda al inicio de la obra / Festival de Almagro

Doña Leonor y Lisarda al inicio de la obra / Festival de Almagro

La obra, muy desconocida, se escenificó este viernes en el AUREA

Equívocos, nocturnidad, dobles identidades, enigmas y palabras equívocas son los principales ingredientes de un sabroso plato, en el que el amor triunfa como remedador de todos los males.

Es el esquema dramático de decenas de comedias del siglo de Oro y de una de sus grandes plumas, Calderón de la Barca, autor de textos conmovedores y bien construidos, como es el caso de ‘Con quien vengo, vengo’, un título prácticamente desconocido por la crítica y los escenarios, recuperado por Amara Producciones y programado en la presente edición del Festival de Almagro.

El montaje, dirigido e ideado por Gabriel Garbisu, se presenta con una decena de maniquíes sobre el escenario y unas sillas detrás donde los actores, que son quienes llevan el peso de la función, esperan su turno. Tanto, que la inflexión de sus voces es la que determina si argumentan de manera principal o si salen del aprieto con cómplices apartes, si conspiran en el jardín, se requiebran en las estancias, o se miden en la calle, o si están en la línea de duelo con las espadas en alto o en las celebraciones y fiestas. La acción de noche se entiende por las linternas que los intérpretes se proyectan sobre la cara, además de otros sonidos de animales que habitan la naturaleza en la oscuridad.

La música en directo interpretada por los propios actores es otro de los recursos expresivos que utilizan, además de la comicidad y el histrionismo de las voces, y los movimientos corporales del elenco, solvente en líneas generales, sobre todo en la dicción del verso.

Pero se echa en falta un enfoque escenográfico más apropiado a la comprensión de una comedia tan clásica como disparatada al servicio de la comicidad, con puertas que se abren y cierran, con ambiguos encuentros, con casas que, cómplices, acogen encuentros sexuales, con criados que no lo son y que encandilan a las damas, con señoras rendidas al erotismo y al cortejo, con hermanos en busca de la venganza, con enamorados capaces de retarse por su amor, todo ello dentro del vertiginoso juego que el “virtuosismo impresionante” de Calderón pone al servicio de la pieza.

La obra, que bien podría ser sátira de los códigos de honor de la época y del papel secundario de la mujer, cuenta la relación amorosa de Leonor y Don Juan, y la complicidad de su hermana Lisarda (se hace pasar por criada) con la pareja ante la vuelta de la guerra de su hermano Sancho, que quiere controlar las vidas de las jóvenes. El amante cuenta con la ayuda de su amigo Octavio, quien también se disfraza de criado, y de quien se enamora Lisarda.

Este juego de personalidades es el que centra la acción, en la que también interviene Celio y Ursino, criado y padre de Don Juan, respectivamente.

Precisamente, el título de la comedia, de casi dos horas de duración y muy aplaudida en el escenario de la Universidad Renacentista almagreña este viernes, obedece a uno de los versos calderonianos que hacen referencia a la lealtad caballeresca a la hora de posicionarse en los desafíos de honor.