Lo mismo aparece una amiga que la felicita por su reciente discurso de ingreso en el Instituto de Estudios Manchegos, llega un señor que le indica que le va a llevar unos libros para los fondos del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha que dirige, se cruzan quienes han facilitado la catalogación de la publicidad de Salas para la muestra que comisaria actualmente en el antiguo Casino sobre el comercio en los años cincuenta y sesenta en Ciudad Real, la saludan de forma efusiva antiguas alumnas o se sientan compañeros historiadores y convierten el encuentro en una tertulia corroborando y contrastando argumentos.
Ella, que se define “disfrutona” y jacta de hacer lo que le gusta a nivel profesional, “si no no lo haría”, hace gala de la mayéutica socrática que emplea en el aula para que sus alumnos lleguen a las conclusiones más correctas y se niega a elegir tan sólo una de las facetas que la caracterizan, la de docente, investigadora y divulgadora, sino que se queda con las tres porque, a su juicio, forman un todo. “No soy una cosa sin la otra y me lo paso muy bien en los tres ámbitos. La docencia y la divulgación tienen un elemento común que es la posibilidad de transferir algo que a ti te entusiasma y que consideras importante para quien te diriges, llámese un alumno o la sociedad. Y para poder hacer eso tienes que investigar”.
El motor para ello es la curiosidad, como le pasó a ella, “querer saber más de lo que aprendes”, pero lo esencial, como todo en la vida, es la constancia, contrastar y contextualizar, advierte Almarcha, doctora en Historia del Arte, disciplina que le apasiona porque “está presente en nuestras vidas en cada momento. No se trata sólo de la historia del arte con mayúsculas, de los genios, está en el diseño de un anuncio, en cómo vestimos, en muchas cosas. Es lo que nos rodea en un alto por ciento. Aunque hay cosas que rompen el canon y están en el concepto de la fealdad o lo naif, éste puede variar. Así ocurre, por ejemplo, con la muestra ‘Esperpento’ que se acaba de inaugurar en Madrid que incluye objetos que hizo en una cueva de Villacañas la Tía Sandalia, una mujer alucinanta que tenía unos muñequitos allí y ahora se han convertido en piezas de una exposición en el Reina Sofía”.
“La historia del arte es la expresión de muchísimas cosas: de momentos históricos, económicos, sociales, literarios… Es una amalgama de cosas que tiene que ver con muchos de mis intereses” y permite hacer una lectura hasta de lo más simple como, por ejemplo, una silla que puede “decir mucho por su diseño, representar la modernidad porque es de acero, lo industrializado frente a lo manual…”
En la festividad de Santa Teresa, el 15 de octubre, pensó Almarcha para incorporarse al Instituto de Estudios Manchegos por entroncar simbólicamente la labor de la reformadora de la Orden del Carmelo con la de las investigadoras en relación con el afán por “seguir un camino que nos apasiona, no sólo de investigar sino también de dar a conocer”, además de significar la tardanza en el reconocimiento de la aportación de las mujeres, al cumplirse apenas 54 años de su nombramiento como la primera Doctora de la Iglesia.
Un recorrido por la edad contemporánea sobre “cómo nos han percibido y cómo nos hemos percibido y transformado en función de esa idea” trazó en su discurso de ingreso titulado ‘La imagen de la provincia de Ciudad Real entre la realidad y la ensoñación’ y en el que se valió de una amplia diversidad de documentos como mapas, fotografías antiguas, postales, señales de carretera, dibujos, acuarelas, folletos y portadas de publicaciones para describir la fusión entre lo real y lo ensoñado desde la influencia del Quijote en la percepción del territorio hasta lo acometido en las restauraciones del patrimonio.
No dejó pasar erratas como la de la doble erre en la recién estrenada señalética del Carillón de la Plaza Mayor y sorprendió con imágenes, entre otras, como la del doble arco en el propio inmueble del Carillón y el uso que se hizo de la Puerta de Toledo como monumento de los caídos en los primeros años de la dictadura.
Manzagata, está empadronada desde que nació en Manzanares donde tiene casa que está arreglando para irse a vivir allí cuando se jubile, reconoce ronronear, le “encanta”, leyendo y viajando y sacar las uñas con la falta de respeto. “No respetamos el trabajo de los otros pero pedimos que nos respeten a nosotros. No respetamos la naturaleza pero luego queremos disfrutar de ella. No respetamos el patrimonio porque no nos han enseñado a ello pero luego queremos conocerlo cuando vamos de viaje”.
Valoraciones
Ahí precisamente percibe una de las actuales asignaturas “muy pendientes” a nivel cultural de todos los españoles. “Mientras que en Italia cualquier alumno de Educación Secundaria, sea de Ciencias o de Letras, está recibiendo clases de Historia del Arte, de patrimonio, con lo que cualquier persona tiene conocimiento de lo que le rodea, en España sólo lo estudian los alumnos que hacen el Bachillerato de Humanidades y eligen la asignatura de Historia del Arte, el resto de la población no tiene ni idea”.
Como referente a nivel personal cita a su abuela materna, Fermina, “porque fue una mujer fabulosa. Se quedó viuda en el año 33 y tenía cuatro hijos y su madre al cargo de unos sobrinos. Su marido era una persona que trabajaba de administrador y estaba empezando a montar un negocio de representación de cerveza, agua, leche… Tuvo que tirar de toda la familia y salir adelante en un negocio de hombres. Iba vestida de luto hasta los pies a los bares a ofrecer la cerveza El Águila. Y luego llegó la guerra…”, relata Almarcha, que reconoce que, durante mucho tiempo en Manzanares la presentaban como “la nieta de la Fermina”, que ejercía como mayorista para tiendas y bares. Fue una mujer “con carácter emprendedor y muy moderna”.
En cuanto a investigación, cita a compañeros del Centro de Estudios de Castilla-La Mancha como Isidro Sánchez y Rafael Villena, así como a otros de proyectos de investigación nacional que son profesores en diversas universidades. “Todos ellos me aportan y son referencia. Somos la suma de muchas gentes”.
De sus estancias en países como Cuba, Argentina, EEUU e Italia se trajo en la mochila “enriquecimiento cultural y social. Viajar te quita muchas telarañas que todos tenemos en las cabezas porque siempre pensamos que somos el centro del mundo, que somos lo más. Obligatoriamente todo el mundo tendría que viajar y enfrentarse a otros tipos de culturas que no son ni mejor ni peor que la tuya, son diferentes. Viajar te sitúa en el mundo y en ti mismo”.
Pioneros
En el 96, en el mismo año que se creó, comenzó Almarcha a colaborar en el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha que actualmente dirige, el cual tiene tres líneas principales de investigación: la iconografía popular del Quijote, la fotografía y la prensa, aunque actualmente también cuentan con dos proyectos de investigación, uno nacional y otro regional, sobre la imagen turística, situándose este estudio a medio camino entre la prensa y la fotografía.
Preservador de la memoria colectiva, “pero no sólo del mundo de las humanidades”, ya que también es de utilidad para investigaciones de otros muchos ámbitos como podría ser, por ejemplo, la economía o la veterinaria, el centro recoge información para “dar, no razón de ser, pero sí conocimiento del nuevo espacio político que es la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha”.
“Antes que la propia Biblioteca Nacional, pusimos periódicos digitalizados y fotografías en internet. Fuimos pioneros y la recepción de lo que tenemos en el Centro de Estudios en la red es espectacular”.
Exposiciones itinerantes y ciclos de conferencias también se encuentran entre las acciones del centro que, “en la medida de lo posible, trata de evitar que las investigaciones tan sesudas que se hacen dentro del mundo universitario se queden en un cajón, divulgándolas para la ciudadanía”, comenta la responsable de un centro en el que, a nivel de la información gráfica, “el estudio de la fotografía nos ha preocupado mucho. Somos la segunda institución en España, después del Ayuntamiento de Girona, que se ha preocupado por hacer estudios de historia de la fotografía y llevamos veinte años realizándolos”.
Presente en portales como Hispana, de acceso al patrimonio digital español y agregador nacional de contenidos a Europeana, biblioteca virtual a nivel continental, el Centro está en Flickr, donde se hallan “las instituciones de memoria más importantes del mundo como la Biblioteca del Congreso de EEUU o la British Library. Ponemos fotografías ahí, nos dimos de alta en 2012 pero de forma efectiva en 2013 y ahora tenemos como unas 8.000 imágenes y ya vamos a llegar a los trece millones de visitas”.
A nivel internacional, los temas relacionados con El Quijote son los que más se consultan del centro que cuenta con la mejor colección del mundo de cómic en torno al ingenioso hidalgo manchego –van a montar próximamente una exposición con el Instituto Confucio de China-, así como la más importante de productos alusivos al Quijote como postales, naipes, vitolas, cromos, azucarillos, servilletas… con hasta veintidós categorías de efémeras, de tipos de objetos diferentes en papel.
En relación con la relevancia que tiene la fotografía, destaca que es “fundamental y, en la sociedad actual, es todavía mucho más importante. Vivimos a través de la imagen, con lo que recoger las fotografías antiguas, estudiarlas y transferirlas a la posterioridad ahora mismo es básico. Está al mismo nivel que el documento de papel o incluso más, porque, aunque desde que se inventó la fotografía puedes hacer photoshop, hay un nivel mayor de objetividad que en un documento que alguien escribió y cómo lo escribió”, sin olvidar que, en muchas ocasiones, “sólo conocemos ciertas cosas a través de la fotografía o de las postales porque hasta se perdió la fotografía y se quedó en una postal”.
“Maravillosas fotografías” de Casiano Alguacil, uno de los fotógrafos más importantes del siglo XIX, y la emblemática de Jean Laurent de la vista de Ciudad Real de la segunda mitad también del XIX, en las que no hay instalaciones de luz eléctrica y sí está la muralla, gente trabajando la era y una máquina de tren en la primera estación, son algunas de las muchas joyas del gran cofre a nivel de conocimiento en el que se ha convertido el Centro de Estudios de Castilla-La Mancha, invitado recientemente en una jornadas sobre patrimonio fotográfico en Madrid, en las que “todos los que participaron eran de la Comunidad madrileña menos nosotros. Nos llaman porque somos pioneros en los estudios de la fotografía, con lo que me tengo que sentir orgullosa, porque cuando la Comunidad de Madrid, que tiene montones de instituciones relacionadas con la fotografía, sólo invita a alguien de fuera que somos nosotros, algo estamos haciendo bien”.
Restauración
Almarcha, que realizó su tesis doctoral sobre los poblados de colonización e investigó posteriormente sobre la restauración del patrimonio en el franquismo comprobando que en los pueblos reconstruidos no se tenía en cuenta cómo eran anteriormente lo que contradice la máxima de “intentar hacerlo lo más parecido a cómo eran antes porque es una forma de que psicológicamente la población no se sienta tan huérfana” y tratar con ello de amortiguar el sentido de pérdida, le pone a cómo se ha hecho la restauración del patrimonio en Castilla-La Mancha “un aprobao raspao”.
“Hay casos y casos. Por ejemplo, la intervención en San Pedro Mártir en Toledo del arquitecto conquense Mario Muelas es, con algún matiz, ejemplar, pero hay otras restauraciones que son nefastas”, sostiene Almarcha, que no es partidaria de restauraciones tendentes a hacer meras escenografías, en pos de la turisficación del patrimonio, de cascos históricos o ciudades patrimoniales donde apenas hay vida. “Cuando estudiamos patrimonio decimos que lo peor es el modelo Carcassonne o el de Brujas, que a las seis de la tarde te echan la llave y se van, mientras que, por otro lado, está el modelo de Santiago de Compostela, que vienen de todo el mundo a verlo, donde por las calles ves a la señora con el carrito, peregrinos, los que van a hacer sus papeles a la Delegación correspondiente y es una ciudad que está viva”, subraya Almacha, que resalta que es “muy diferente hacer política cultural que hacer de la cultura política”.
