‘Iván y los perros’ reflexiona sobre la deshumanización

Noemí Velasco Manzanares
Nacho Sánchez durante la representación de 'Iván y los perros' en Manzanares / N. V.

Nacho Sánchez durante la representación de 'Iván y los perros' en Manzanares / N. V.

La Pavana habló de la pérdida de la humanidad a partir de la historia de un niño de cuatro años que sobrevivió dos en las calles de Moscú tras la caída del régimen comunista con una manada de perros

La dirección del Festival Internacional de Teatro Lazarillo de Manzanares prometió que la cuarenta y tres edición contaría con espectáculos que iban a apelar a las emociones y la compañía La Pavana lo ratificó este viernes con la representación de la obra ‘Iván y los perros’ en el Gran Teatro.

Durante una hora y veinte minutos, La Pavana recordó la historia de Iván Mishukov, un niño de cuatro años que consiguió sobrevivir en las calles del Moscú post-soviético junto a una manada de perros, tras huir de su casa, donde su padrastro lo maltrataba, a él y a su madre alcohólica.

El caso de Iván, conocido a partir del texto de Hattie Nayor, recuerda el drama de miles de niños que intentaron sobrevivir al hambre y la miseria en el gran Moscú tras la caída del régimen comunista. Iván se echó a la calle con nada más que una bolsa de patatas, pepinillos y una foto de la belleza televisiva Svetlana.

Magnífica interpretación de Nacho Sánchez

Sin más atrezo en el escenario que una farola, una cortina transparente de fondo y un altavoz, el joven actor Nacho Sánchez consiguió trasladar al público a la oscuridad de las calles de Moscú, donde rebuscó en contenedores, pidió limosna, esquivó a la policía y se defendió de otros niños curtidos en el “sálvese quien pueda” con una perra blanca llamada Belka.

Sólo en el escenario, con una magnífica interpretación, con la que supo llenar todos los puntos y que le hizo sudar la gota gorda, Nacho Sánchez, bajo la dirección de Víctor Sánchez, fue capaz de transmitir al espectador el amor por los animales, por sus perros, los únicos que le acogieron y le dieron calor en el frío invierno ruso.

En la jungla de miseria que representaban las vías públicas de Moscú, donde primero aparecieron los perros y luego los niños, porque las familias no tenían nada para comer, el hombre parece el salvaje y el animal se humaniza. Así, Iván representa la búsqueda de la solidaridad, del apoyo mutuo tan escaso en la jungla que representa la sociedad.