“El periodismo iba al lugar de los hechos, hablaba con los protagonistas y no se fiaba de las versiones oficiales”, comentó Valenzuela, que fue director adjunto de El País, mientras que ahora, “entre la vaguncia, la pereza, la facilidad que da lo digital para construir cosas sin salir de tu despacho y la presión de determinados poderes económicos es mucho menos valorado por la ciudadanía que entonces”.
“Nos hemos convertido casi en un problema. Como los políticos y los talleres de automóviles, la gente no sabe si fiarse de lo que publicamos o no, porque se publica mucha mentira, mucho bulo y mucha medio verdad medio mentira”, en opinión de Valenzuela, que dijo no creer que cualquier tiempo pasado fuera mejor, ya que, por ejemplo, “ahora muchas cosas de la digitalización son muy útiles y las mujeres han avanzado mucho en derechos y libertades, de lo que me alegro, pero el periodismo no es de las cosas que han mejorado”.
Valenzuela, que firmó ejemplares de su novela inspirada en un suceso real ‘Demasiado tarde para comprender’, compartió vivencias en la mesa ‘Reporteros y crónica negra’ con Jesús Duva, con también una larga trayectoria en medios como Pueblo, Ya y El País, diario este último del que fue redactor jefe de Nacional y Sociedad.
“El periodismo ha cambiado mucho por internet que ha traído sobre todo las prisas que, como se decía antiguamente, son malas. Nosotros, los que éramos periodistas de papel, de prensa escrita, teníamos todo el día, por lo menos un día y a veces más porque yo a veces enganchaba una historia y decía ‘para esto necesito una semana’ para confirmar todo, completarlo y ahondar, y el periódico te lo permitía”.
“Si decías que era una buena historia te daban tiempo y dinero: íbamos a hoteles, pasábamos gastos de comida, no te ponían pegas. Pero ahora muchos periodistas están mal pagados, hay una explotación laboral tremenda. En muchos casos, hacen las webs, televisiones y radios becarios con poca experiencia y sin un maestro, mientras que antes, cuando yo llegué a Pueblo, me pusieron a un maestro que era quien te iba llevando de la mano y te guiaba”.
“Ahora hay muchos chavales que les echan al barro y no les guían” y está muy presente la ansiedad, “esa pelea por la velocidad, por ser, por un lado, el primero en dar algo y, por otro, ‘el pincha, pincha’ que es mortal. Lo que quieren es que haya mucho tráfico y volumen” de algo que no deja de ser “pseudoinformación”.
“Antes todo era calle, gastábamos zapatilla, íbamos a todos los sitios. Ahora es muchísimo de salón, hay muchas informaciones que se publican en webs, periódicos, radio y televisión que son una nota de alguien, una llamada al servicio de emergencias o los bomberos que sin más van para adelante”.
Considera que “falta apoyo de dinero de las empresas para que se pueda hacer buen periodismo de investigación, todo lo demás son gacetillas y notas sueltas, y profesionalización de los periodistas que tienen que tener a alguien que les guíe, les vaya metiendo en el oficio, porque esto es un oficio como el de carpintero o zapatero que tienes que aprender con un maestro”.
En relación con los sucesos, “ha cambiado que ahora, por desgracia, el true crime se ha convertido en cierta manera en espectáculo. Y eso es malo. Sigue habiendo programas y documentales bien hechos, serios, pero entre todo eso también hay mucha cosa que se está colando como espectáculo”, lo que explica, por ejemplo, que “haya familiares de víctimas que se nieguen a ser carne” de ese negocio.
Moderada por el también periodista Mariano Sánchez Soler, en la mesa tanto Duva, que acudió con su último libro de true crime ‘El puñal de los celos’ en el que narra un caso real con lenguaje novelado, como Valenzuela contaron múltiples experiencias relacionadas con la investigación de sucesos y elaboración de información siempre yendo al lugar de los hechos y hablando con la gente y no a partir de comunicados.
