Julieta y Ofelia toman la palabra por derecho propio en Almagro

Julia Yébenes Almagro
Una foto inspiradora de la obra sobre Julieta y Ofelia / Festival de Almagro

Una foto inspiradora de la obra sobre Julieta y Ofelia / Festival de Almagro

‘Julieta y Ofelia, suicidas de toda la vida, dirigida por Aarón Lobato , triunfa en El Silo dentro del Almagro Off

“Mis palabras no significan nada”, se lamenta Ofelia ante Hamlet, su espejo antagónico. Las palabras dicen lo que quieren decir, ¿o no?

Ofelia y Julieta (“acaso no eres tú mi enemigo, Romeo”) se desarman en el escenario. Y surge la cuestión al espectador ¿son dos heroínas o dos víctimas? ¿Son dos personajes femeninos para apuntalar a los protagonistas varones y a sus obsesiones, pulsiones y conflictos fratricidas o tienen vida propia en la acción?

La respuesta es la que representa y contiene el montaje ‘Julieta y Ofelia, suicidas de toda la vida’, dirigida por Aarón Lobato, que ha participado este martes en el IX Certamen Internacional Almagro Off, con una gran propuesta innovadoras sobre una conocida escritura del teatro clásico de los siglos de Oro.

Se trata de una función rompedora y concienciadora del papel de las mujeres fuera y dentro de la escena, en este caso dos grandes conocidas en la obra de Shakespeare, muertas por amor en la ficción, que “han sobrevivido a más de cuatrocientos años de suicidios, como suicidas que aman demasiado la vida, como suicidas que viven suicidadas, ellas nunca mueren”, señalan los creadores de este original y empático montaje.

Julio Rojas (Julieta) y Aarón Lobato (Ofelia) dibujan una perfecta recreación del sentimiento hondo de dos jóvenes aristócratas, llevadas por amor al vacío, sin compensaciones y para el lucimiento humano, social y divino de sus contrapartes, unos hombres tan valerosos como turbados.

Rojas y Lobato hacen un juego escénico y de palabra que engancha (Capuleto’ y ‘To be’ llevan grabados en sus cazadoras, respectivamente), una actuación impecable y sensible sobre dos protagonistas que aparecen en esta producción como acaban en sus respectivas obras, muertas y embalsamadas.

La representación, muy aplaudida en el Silo, dentro del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, se abre en una especie de morgue o limbo, donde ambas mujeres, desnudas de cuerpo y alma, se van reconstruyendo, a la vez que comparten “los detalles de su deshonra”.

Con palabra de hombre, la memoria de ambas va levantando lo que la indiferencia fue demoliendo durante siglos, con la nostalgia de lo que pudieron haber sido y no fueron.

El tiempo y el espacio, como dicen sus creadores, quedan suspendidos para ellas y “vuelven a hablar con sus amados y con sus no amados” para sumergirse en sus traumas, recuerdos y deseos no realizados, al haber sido escritas y definidas por hombres.

En conjunto, el montaje consigue conmover y así se lo hizo saber el respetable a los actores con una cerrada ovación-.