La sororidad áurea de monjas audaces y artistas

A. Ruiz Almagro
El espectáculo parte del encuentro entre Sor Juana Inés de la Cruz y Mariana Alcoforado / M. Cieza-Festival de Almagro

El espectáculo parte del encuentro entre Sor Juana Inés de la Cruz y Mariana Alcoforado / M. Cieza-Festival de Almagro

Música, danza y verso se combinan en el encuentro de creadoras de 'La casa del placer'

Un club de poetisas que crean intramuros versos en el Siglo de Oro se da cita en ‘La casa del placer’, encuentro al que acuden en una propuesta escénica muy performática dirigida por Jesús Briones y en la que confluye la indómita energía creativa de Sor Juana Inés de la Cruz, interpretada por Montse Simón, con el volcán de emociones rotas de la portuguesa Mariana Alcoforado, a quien da vida Cynthia Sepúlveda, cuya danza comparte alma partía y ardor de flamenco con la cantante Blanca Paloma, quien derrocha talento con su voz.

Sobre el escenario se suelta la música programada, con algunas incorporaciones en directo de guitarra eléctrica, y se arremolinan el embrujo de la ferviente danza de Mariana, que recita fragmentos de cartas de amor a un capitán que la abandonó, con la libre expresividad corporal y brillantes versos de Sor Juana, décima musa que luce una mexicana diadema de rayos de sol. Ambas escriben desde las celdas de los conventos, se confiesan los motivos que les llevan a volcar en la escritura sus emociones y acuden al encuentro con otras cuatro autoras: Sor Mariana de Santa Antonia, Sor María do Céu, Sor Francisca Xavier y Lysi, condesa de Paredes.

El espectáculo participa en el Certamen Internacional AlmagrOff / M. Cieza-Festival de Almagro

El espectáculo participa en el Certamen Internacional AlmagrOff / M. Cieza-Festival de Almagro

Vestidas de negro, con una diadema de flores, aparecen entre el respetable al que explican el significado de esta casa de placer como lugar sin ataduras ni trabas a sus pulsiones, recitan lúdicos enigmas o adivinanzas de pulido verso e invitan al público a acudir al escenario para bailar en una festiva comunión al grito de ‘libertad’. Los espectadores comparten la alegría y desinhibición, algunos con altos niveles de entusiasmo, de la jovial digresión de una pieza que transmite la complicidad y un talento que traspasa los muros, las fronteras y las normas sociales y morales por parte de las hermanas de la casa del placer, una especie de Neverland, de Woostock áureo y femenino, en el que amor y sincera expresión de emociones tienen vía libre.

Es un mundo imaginado pero tan real como la creatividad que emerge del ingenio de mujeres que se encuentran por diversos motivos en conventos desde donde dan muestras de su aguda destreza en el verso.