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01 marzo 2024
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María Camporredondo: filosofía para niños y mujeres compuesta en seguidillas en La Mancha

Tratado Philosophico Poetico Portada1 scaled
Portada del libro
Santiago Arroyo Serrano. Profesor de Filosofía. Universidad de Castilla-La Mancha / CIUDAD REAL
María Camporredondo fue una mujer singular. Parece que nació en Almagro (Ciudad Real) a finales del siglo XVII y pocos datos más conservamos sobre su vida, ya que no hemos encontrado más archivos o referencias, aunque escribió su Tratado philosóphico-poético escótico compuesto en seguidillas en su juventud, no realizó los trámites para su publicación hasta su vejez, que tuvo lugar en 1758

Con motivo del Día Mundial de la Filosofía, queremos traer aquí a una curiosa amante de la sabiduría de Almagro. Aunque citada en algunos diccionarios o historias de la filosofía: el Tratado philosóphico-poético escótico compuesto en seguidillas de la almagreña María Camporredondo, utiliza una manifestación de la cultura popular como las seguidillas, para la enseñanza de filosofía para mujeres y niños y niñas, colectivos para los que, en el siglo XVIII, el acceso al estudio y conocimiento de la filosofía era complicado, si no imposible.

María Camporredondo fue una mujer singular. Parece que nació en Almagro  a finales del siglo XVII y pocos datos más conservamos sobre su vida, ya que no hemos encontrado más archivos o referencias, aunque escribió su Tratado philosóphico-poético escótico compuesto en seguidillas en su juventud, no realizó los trámites para su publicación hasta su vejez, que tuvo lugar en 1758.

Sin entrar a valorar la calidad filosófica de esta obra, lo que nos supondría hacer un repaso de la filosofía medieval y la difícil tradición aristotélica y escótica –con la dificultad y la problemática que eso conlleva–, nos encontramos con que se trata de una obra filosófica y poética de gran dificultad de comprensión, pues intenta combinar la lógica escótica y las seguidillas; una manifestación de la filosofía escolástica frente a una de las tradiciones populares más arraigadas en La Mancha.

El Tratado es, por lo tanto, una obra poética o musical y, al mismo tiempo, filosófica, que invita al juego del pensamiento a través del estilo de las seguidillas. Camporredondo integra en ella textualidad y oralidad, mediante sentencias breves y sencillas y algunas rimas muy forzadas, que intentan replicar el ingenio y la facilidad con el que en La Mancha se crean seguidillas. La principal preocupación de la filósofa manchega es la educación y el aprendizaje de la filosofía, y que se haga de manera entretenida, ni más ni menos que a través de uno de los bailes y canciones más populares de la tradición cultural.

Estamos aquí ante una propuesta sobre un asunto al que en los últimos años muchos autores han dedicado sus esfuerzos: la elaboración de un método de enseñanza de la filosofía a través de la didáctica mezclada con el ocio que, como ella indica, haga “gustoso lo desabrido del estudio”. ¿No es un problema de verdadera actualidad este al que se enfrenta María Camporredondo en su texto? ¿No sería lo que ella plantea equivalente a explicar la filosofía en la actualidad utilizando reguetón o trap?

Es un intento innovador, seguramente el primero, que se hace con una propuesta de filosofía para niños y niñas, con un método que nos parece muy original y una propuesta rompedora; y a este carácter innovador de su idea, se tendría que añadir la dificultad que supuso, para una mujer en el siglo XVIII el acceso a los contenidos filosóficos que trata en su obra, y el valor que tiene su defensa de la capacidad de las mujeres y de la necesidad de hacerles accesible también a ellas la filosofía, con un método único.

En el siglo XVIII, la mujer comienza a interesarse por cuestiones filosóficas e intelectuales frente a la vida doméstica y mundana. Incluso, como sucede con María Camporredondo, la mujer va más allá, convirtiéndose en mediadora que busca herramientas educativas y creativas para que otras mujeres y niños y niñas puedan entender la filosofía en el verso con el que más familiarizados estaban, las seguidillas.

En definitiva, las mujeres en el siglo XVIII defienden de manera corporativa el valor de sus trabajos y sus aportaciones a la cultura, y en este caso que nos parece tan innovador, vinculando la filosofía escolástica y la poesía popular, con un evidente carácter apologético sobre los valores y la necesidad de incorporar a la mujer a la vida social en todos los sentidos.

Y es de justicia traer aquí a esta mujer que amó la filosofía y quiso difundirla en La Mancha del siglo XVIII desde Almagro, una verdadera ilustrada e innovadora. El próximo sábado día 19 de noviembre se presentará esta obra editada por Almud, ediciones de Castilla-La Mancha, dentro de su colección Biblioteca Añil Feminista, en el Ateneo de Almagro.

 

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