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25 febrero 2024
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María Dueñas: “Las mujeres tenemos una especie de sexto sentido muy útil en la intriga y el espionaje”

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dueñas maría
A. Ruiz
Muestra en ‘El tiempo entre costuras’ la capacidad femenina de superación y de hacer, con ingenio y tesón, de la necesidad virtud

Una modista convertida en espía apuntando códigos secretos con puntadas en patrones de prendas es la protagonista de ‘El tiempo entre costuras’, uno de los títulos más atractivos y de mayor tirón de este verano. Su autora, la puertollanera María Dueñas, recrea la evocadora atmósfera de la presencia española en el Norte de África, el exotismo de Tetuán y Tánger, el Madrid pro-alemán de la inmediata posguerra y la dinámica y cosmopolita Lisboa en una novela que saca del olvido a sugerentes e interesantes personajes históricos y suspende al lector en una cautivadora intriga con esencias del glamour de la moda y conspiraciones, confidencias, amores y desencuentros en casinos, hoteles legendarios, institutos de belleza, medinas y salones de té.

Doctora en Filología Inglesa y profesora de la Universidad de Murcia, Dueñas aprovecha las vivencias de su familia materna, residente en Tetuán durante el Protectorado español, para iniciar la construcción de una trama que conduce por los circuitos, clásicos y menos convencionales, del espionaje en la Península Ibérica y Marruecos durante la Segunda Guerra Mundial. 

PREGUNTA.- ¿El tiempo se escapa, sucede o se atrapa entre las costuras?
RESPUESTA.-  El tiempo se atrapa entre las costuras. Y, con el tiempo, se atrapan otras muchas cosas más. En la novela, tras las costuras de Sira -la protagonista- hay un gran esfuerzo por sobrevivir y un férreo afán de superación. Y también se ocultan secretos, mensajes comprometidos y datos clandestinos que nadie en principio debe intuir.
P.- ¿Crees que es una novela romántica y femenina?
R.- No. Es cierto que contiene ciertos aspectos que tienden a ser asociados con la condición femenina como pueden ser la costura o las relaciones sentimentales pero, de manera paralela, el argumento incorpora otros elementos radicalmente dispares y ajenos: Arriesgadas operaciones de espionaje, intrigantes conspiraciones políticas, el rescate de momentos y personajes históricos fascinantes casi caídos en el olvido…
P.- ¿Es una novela en blanco y negro, con el encanto de múltiples tonalidades grises, o de muchos colores?
R.- Es una novela que recupera ambientes de finales de los años treinta y de los primeros cuarenta, y por eso tal vez pueda evocar la atmósfera de aquellas películas en blanco y negro llenas de personajes carismáticos, intriga y glamour. Eran historias que no necesitaban un despliegue apabullante de efectos especiales para captar la atención y mantener la tensión hasta el final.
P.- ¿Qué te atrae más del norte de África y de las huellas españolas en el Magreb?
R.- En esta novela he intentado recuperar los escenarios de Marruecos durante los años del Protectorado español. Para ello me he centrado fundamentalmente en Tetuán, la capital de la zona, y en Tánger, una vibrante ciudad internacional que entonces estaba bajo el auspicio de varios países europeos. Para apreciar la huella española no hay más que dar un paseo por cualquiera de las dos ciudades: Los nombres de las calles, los cines, los teatros, las escuelas, los cafés… Todo evoca ese pasado.
P.- ¿Hay mucha nostalgia o ensoñación en la recreación de esos lugares?
R.- Hay nostalgia, por supuesto, transmitida sobre todo por aquellos que vivieron esos años y que nunca los han olvidado, como es el caso de mi propia familia. Pero también hay muchas horas de documentación y trabajo dedicadas a recomponer los escenarios con rigor y minuciosidad.
P.- ¿Qué crees que atrapa de los ambientes coloniales de encuentro de culturas?
R.- Por su interés histórico y por su exotismo, los ambientes coloniales han constituido una evocadora fuente de inspiración en la literatura y el cine de otros países, y en ellos se han situado obras inolvidables como Pasaje a la India, Memorias de África, Indochina o la mítica Casablanca. En el caso español, sin embargo, estos ambientes apenas han sido recreados en nuestra narrativa. Y mi intención ha sido en parte intentar llenar ese espacio en blanco recuperando los pasos de la presencia española en el norte de África.
P.- ¿Qué es para ti la moda y qué te atrae más de ese mundo?
R.- Del mundo de la moda me atrae sobre todo su capacidad de adaptación a momentos históricos y a estados de ánimo colectivos. Documentándome para esta novela he averiguado cosas interesantísimas: Como los largos de las faldas subían o bajaban en tiempos de guerra o crisis, como se las ingeniaban las mujeres para mantener su estilo al día en tiempos de escasez recurriendo a los trucos más insospechados… Un repaso a la evolución de la moda es una auténtica lección de historia.
P.- ¿Por qué conectan tanto con los lectores las novelas de trasfondo histórico?
R.- Las novelas de trasfondo histórico, aparte de proporcionar evasión, sirven para aprender sobre el pasado y, en ocasiones, para recuperar nuestra propia memoria. En mi caso concreto, he pretendido reconstruir momentos históricos muy cercanos pero poco recordados, como el activo papel que jugaron los británicos y los alemanes en España durante la Segunda Guerra Mundial o, como he dicho anteriormente, la presencia española en Marruecos durante más de cuarenta años.
P.- ¿Qué te llevó a incluir a personajes históricos como Juan Luis Beigbeder?
R.- Juan Luis Beigbeder es un personaje fascinante caído en el olvido.  Carismático, culto, seductor, intrigante… y lleno de luces y sombras en sus actuaciones personales y políticas. Fue Alto Comisario de España en Marruecos durante la Guerra Civil; a su término, Franco lo eligió Ministro de Asuntos Exteriores. Al mes de su nombramiento, estalló la Segunda Guerra Mundial y el gobierno español se puso automáticamente del lado de Alemania. Beigbeder, en gran manera influido por su amante inglesa Rosalinda Fox -otro de los personajes históricos de la novela-, se decantó descaradamente por los británicos. Tal osadía le costó el puesto de ministro, supuso el fin de su carrera militar y le llevó al arresto a los catorce meses de jurar el cargo. A partir de entonces, se dedicó a intrigar y a conspirar en favor de los aliados. Creo que es un personaje histórico que verdaderamente se merecía una novela pero, a pesar de todo, mi intención no ha sido presentarlo como un héroe sino más bien como un ángel caído, un hombre de personalidad y vida singularísimas que, con sus grandezas y sus miserias, tuvo en sus manos un inmenso poder y, poco después, una caída estrepitosa.
P.- ¿Por qué el espionaje desde el punto de vista femenino? ¿Son más astutas las mujeres?
R.- Probablemente por influencia del cine, en el imaginario colectivo mantenemos la estampa del espía masculino, con gabardina, pitillo humeante en la boca y el ala del sombrero tapándole media cara. Mi intención no ha sido romper ese estereotipo, pero sí acompañarlo de otro patrón de espía menos convencional pero igualmente creíble: El de una mujer que asume una responsabilidad y la lleva hasta el final. Una mujer que, bajo la inocente tapadera de un selecto taller de costura en el Madrid de la inmediata posguerra, colabora de manera clandestina con los británicos pasándoles información sobre los maridos de sus clientas alemanas. No creo que las mujeres seamos más astutas, pero sí es cierto que tenemos una sensibilidad especial, una especie de sexto sentido que resulta muy útil para labores de este tipo.
P.- ¿Crees que la erótica del poder y el dinero está muy presente en la novela?
R.- Del dinero no, pero del poder sí, absolutamente. En la novela aparecen varias relaciones sentimentales que probablemente nunca habrían existido de no haber ostentado cargos poderosos los hombres implicados en ellas.
P.- ¿En la novela se reivindica el poder de la mujer desde ámbitos tradicionalmente femeninos como el de la costura?
R.- Yo creo que reivindica sobre todo la capacidad de superación de las mujeres en momentos difíciles y situaciones hostiles, independientemente del ámbito en que se muevan. Sira, la protagonista, no es una heroína en el sentido clásico: No tiene una personalidad arrolladora o una gran solvencia intelectual, no esta ideológicamente comprometida, no se mueve por ambición… Pero sabe que necesita pelear para sobrevivir, y lo hace con uñas y dientes, superando sus miedos y sus limitaciones, haciendo de la necesidad virtud y utilizando el ingenio y el tesón para salir adelante.
P.- ¿Qué autores te han inspirado más?
R.- Ufff… Me resulta muy difícil responder. Por mi formación y por afición he leído muchísimo a lo largo de los años, mezclando etapas, lenguas, géneros… Quizá podría decir que inconscientemente me he dejado influir sobre todo por los grandes contadores de historias, esos que encadenan tramas, construyen personajes que enganchan y te dejan con la luz encendida hasta las tantas de la madrugada, intrigada por lo que va a pasar en la pagina siguiente.
P.- ¿Qué escritores te gustan más de La Mancha?
R.- Me encanta García-Pavón y su inimitable Plinio. Es divertido, original, entrañable… Y aunque suene a respuesta predecible, me fascina el Quijote. 
P.- ¿Qué relación mantienes con Puertollano?
R.- Bastante, a pesar de la distancia. Aunque todos los hermanos vivimos fuera, mis padres siguen allí y su casa es el centro de las grandes reuniones familiares. Y entre los recuerdos que guardo de mi infancia, siempre esta la imagen de vuestro periódico Lanza en casa, así que para mí es de verdad una alegría el poder estar en vuestras páginas.

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