Muchos pillos, platos vacíos, hambre y humor en El deleitoso y otras delicias

fúcares deleitoso

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A Leno le pasa de todo. Dicen que no hay mal que por bien no venga, pero en su caso aún está esperando las bien dadas. Su borrica Ginesa no quiere tirar del café de contrabando con el que vienen de tierras portuguesas, así que se duerme y sueña que está en medio de una pelea -por unos quiméricos gananciales de olivas aún no existentes- entre sus progenitores, quienes no paran de lanzarle cachetes y tirarle de las orejas.

A Leno le pasa de todo. Dicen que no hay mal que por bien no venga, pero en su caso aún está esperando las bien dadas. Su borrica Ginesa no quiere tirar del café de contrabando con el que vienen de tierras portuguesas, así que se duerme y sueña que está en medio de una pelea -por unos quiméricos gananciales de olivas aún no existentes- entre sus progenitores, quienes no paran de lanzarle cachetes y tirarle de las orejas.
Se despierta y la burra se ha escapado, trata de huir de la cruda realidad volviéndose a dormir, pero por más vueltas que se da y ronquidos a modo de nana que finge sólo halla insomne preocupación y a un guardia civil galleguiño que le pide que se identifique.
Se hará pasar por tonto y amnésico para salir del trance pero luego querrá minimizarse y convertirse en ratón de Brasil al toparse con el médico que le encomendó el cargamento de estraperlo perdido.
Raúl Rodríguez está pletórico en su cómico papel de un Leno no muy avispado pero al mismo tiempo con vocación de granuja si se trata de escurrir el bulto o intentar satisfacer el estómago en un entorno de carestía que en escena se representa con un montón de platos de metal vacíos.
Podría recordar a Tony Leblanc en películas sobre timadores y e incluso por su gestualidad a Pepe Viyuela, pero Leno no podría identificarse con Filemón, sino con Mortadelo porque debe de cambiar continuamente de identidad y traje en la espiral del buscavidas.
Así, se hace pasar por médico para lograr un ansiada torta de mantecada que una joven lleva al doctor para agasajarle a cambio de prescripciones. Hilarantes son las transformaciones de los remedios que Leno improvisa a partir de los consejos de su compinche Gargullo, como también es el corte de orejas, a lo Tarantino pero a cámara lenta, con el que parece que va a obsequiarle otro buscón, el chuleta Cazorla, de porte torero, quien, para colmo, se lleva a su moza.
Finalmente, salva las orejas pero acabará apresado ante la denuncia de la joven a la que engañó haciéndose pasar por médico.

Picaresca y humor
Muy divertida la producción de la compañía Guirigai para celebrar su 30 aniversario con una propuesta en algunas caracterizaciones próxima al cómic y que sitúa la acción del texto de Lope de Rueda en la postguerra, en la que la ansiedad por comer es la que guía el entendimiento de buena parte de los protagonistas y en la que la picaresca y el humor “son fundamentales para sobrevivir a la doble moral imperante”, como comenta en  la reseña de la pieza el director del montaje, Agustín Iglesias.
En el montaje, el Generalísimo y el Cardenalísimo contemplan el tiempo “injustamente retenido”, en el que por más que Leno prueba suerte, cambia de personalidad y disfraz e incluso busca pasar de timado a timador, no logra que ninguna de sus empresas prospere. En su camino se observa que algunos tienen el salvoconducto de la posición social -como el médico-, otros hacen gala de astucia para convertir higos en joyas -la gitana- y también hay -un cándido portugués- quien sueña con Jauja como el lugar donde pagan por soñar y hay al alcance de la mano buñuelos y toda clase de delicias. También fue una delicia disfrutar en Fúcares de este montaje que se llevó un cálido aplauso del público.