Producciones 099 hace reír y reflexionar con los monólogos tan críticos como cómicos de ‘Limpiando la Presidencia’

A. Ruiz Ciudad Real
Actuaron este viernes en el Teatro de la Sensación / A. R.

Actuaron este viernes en el Teatro de la Sensación / A. R.

Pilar Hernández se mete en la piel de una señora de la limpieza cuyas experiencias le han hecho cambiar su visión respecto a sus derechos y libertades y Aníbal F. Laespada da vida a un político que promete muchas cosas aunque lo esencial es que a él y los suyos les vaya bien

Encarna es una señora de la limpieza que, con la excusa de que viene a dejar como los chorros del oro un espacio con público -en el que después intervendrá un político-, se explaya y cuenta “todas las vivencias que ha ido teniendo en su vida y que le han llevado a cambiar su visión del mundo con respecto a sus propios derechos y libertades, teniendo siempre muy presente su condición de mujer”, comenta Pilar Hernández Baptista, que interpretó este viernes en La Sensación el monólogo ‘Encarna, una mujer’ que conformó junto al ofrecido por Aníbal F La Espada, titulado ‘Armando Presidente’, la divertida propuesta ‘Limpiando la Presidencia’.

Ambos monólogos de Producciones 099, “críticos” y, al mismo tiempo, contados desde un punto cómico, de manera que animan tanto a reír como a reflexionar aunque a veces sea “duro de lo que te ríes”, triunfaron en la pasada edición de la Muestra Provincial de Teatro. El de Aníbal se llevó el Primer Premio, mientras que fue finalista el de Pilar que da vida a una mujer a la que le han pasado “un montón de cosas” y se ha tirado “media vida criando hijos” sin tener muchas opciones a disfrutar. Ella viene de una “época más antigua en la que había más machismo”, de unos patrones en los que la mujer estaba más oprimida y todo estaba más limitado para la población femenina, hasta que se produce el cambio que da junto a otras mujeres, amigas del pueblo, y empiezan a reconocer sus propios derechos y mantener sus propias decisiones pese a las dificultades. “Abre un poco su mente y se da cuenta de que esta desigualdad la tenemos que arreglar entre todos, hombres y mujeres”, expone Hernández.

El testigo lo tomó F. Laespada con un candidato a la presidencia de una Autonomía al que le piden desde la Ejecutiva de su partido que grabe su discurso porque quieren “controlarlo todo”. Aunque se mosquea, ya que considera que su discurso carece de fisuras y estima que lleva ya muchos años en esta actividad como para que le “anden con gilipolleces”, lo graba, desglosando los objetivos de las diferentes Consejerías, aunque realmente lo que dice, con cincuenta mil circunloquios, es lo mismo al principio, “a la mitad y a la mitad de la mitad”.

Ya sean “verdes, amarillos, rojos, azules o fosforitos”, se trata de una “crítica bufona” de los políticos que dicen que van a hacer esto, lo otro y lo demás allá, para luego, con mucha retórica, no hacer apenas nada y poner todo al servicio de “mantenerse en el puesto” y de que “yo y los míos estemos bien”.

Con este monólogo, F. Laespada cierra “una pequeña trilogía sobre cultura”, que inició con una primera propuesta sobre un técnico de cultura y continuó con otro monólogo, en el que hacía autocrítica, sobre el intérprete, proyecto creativo que pudiera contar con una cuarta entrega en relación con el público y “su visión que tiene de la cultura”.