Raphael, un titán contra la lluvia

Mercedes Camacho/Daimiel

Si en el diccionario tuviera que aparecer una fotografía junto a la definición de la palabra “artista”, probablemente en nuestro país la que más papeletas tendría -por no decir todas, aunque es independiente de que guste o no su estilo- es la de Raphael.

Y eso es algo que volvió a demostrar en la noche del sábado en Daimiel, en la que las fuerzas de la naturaleza, en forma de viento y lluvia, parecían haberse conjurado en contra del cantante -y sobre todos de sus fans que miraban al cielo con desesperación- para impedir que Raphael presentara su lado más “Sinphónico” en el auditorio de Daimiel, donde más de 4.000 personas esperaban sentadas, capeando el temporal con paraguas, bolsas y hasta sombrillas.

Pero con lo que no contaron los elementos es que con Raphael es un auténtico titán, una fuerza de la naturaleza incapaz de dejarse vencer por una ligera lluvia o chirimiri que retrasó una hora su salida al escenario pero no lo detuvo.

A las once y media en punto, el de Linares apareció en el escenario, de negro riguroso, como no podía ser de otra forma, dispuesto a quedarse mientras la Orquesta Sinfónica de Málaga -espectacular en su actuación del sábado por la noche y coprotagonista absoluta del éxito del concierto- interpretaba un fragmento de la canción Yo soy aquel.

Y aquel, un talento increíble de la música ya no nacional, sino internacional, ofreció más de dos horas de concierto en la que interpretó un total de 27 temas que él mismo definió “como las joyas de la corona”. Y sólo un grande como él puede permitirse ganarse al público sin interpretar sus grandes éxitos, porque cada una de sus canciones ya lo es.

Ahora, Provocación, Mi gran noche, Despertar al amor y Digan lo que digan fueron los primeros temas que interpretó hasta que se dirigió al público para presentar a la Orquesta Sinfónica de Málaga y este proyecto “que es una apuesta mía por las cosas de calidad” y para mostrar su entrega al público: “estamos aquí para lo que gusten mandar”.

Prosiguió cantando, con alguna dificultad en momentos puntuales en los que parecía perder la voz ligeramente, pero tras lo que volvía con más fuerza y el ‘chorro’ de voz que le caracteriza.
Siguió con este repertorio especial cantando Yo sigo siendo aquel, Te estoy queriendo tanto, Y fuimos dos, No puedo arrancarte de mi -la primera que puso al público en pie de una larga serie de ocasiones-, Sí pero no -momento en el que desafió al fresquito quitándose su chaqueta negra-, Por una tontería -sólo con el piano-, Gracias a la vida -acompañado sólo por la guitarra-, Un día más, Qué tal te va sin mi, Estuve enamorado, Cuando tú no estás, Desde aquel día, Detenedla ya, Maravilloso corazón -con esta canción se atrevió, porque él puede hacerlo, a dirigir a la orquesta-, Tema de amor, Payaso, Cuando llora mi guitarra -acompañado, de nuevo sólo con la guitarra-, En carne viva, Escándalo -que le sirvió para marcarse un pequeño rap-, Ámame y Qué sabe nadie.
Cerró el concierto asegurándoles a sus fans manchegos que fue una noche memorable y fantástica, al tiempo que se comprometió con ellos a volver muchas veces “a decirnos eso que ustedes y yo sabemos desde hace más años muchos años”, la canción con la que se despidió como es él, a lo grande: Cómo yo te amo.
Raphael, como ellos a ti.