Roma y La Mancha en la poesía de Valentín Arteaga

José López Martínez Madrid
Valentín Arteaga

Valentín Arteaga

Este nuevo libro de Valentín Arteaga, ilustrado por Francisco J. Rodríguez Díaz está prologado por Antonia Cortés, más un epílogo de Ana López-Casero Beltrán, buenas conocedoras del poeta de Campo de Criptana

Me llegó, hace unos días, un nuevo libro de Valentín Arteaga, uno de los poetas castellano manchegos mas reconocidos. Creador de revistas, de actividades culturales, ejerció como sacerdote en Tomelloso, donde dejó un grato recuerdo. Luego estuvo en Torrejón de Ardoz y en Madrid. Siempre vida religiosa y pasión por la poesía. Un buen número de libros y de premios. Precisamente, con motivo de estos galardones, su obra Arde el sol como un templo resultó ganadora del premio Perfecto Sulleiro, siendo publicada en la colección Colmena y pozo, de la editorial Certamen, que presidía Juan González Escribano, un notable escritor y poeta nacido en Alcubillas, un pueblo de nuestra provincia de Ciudad Real, situado en el histórico Campo de Montiel. De la colección Colmena y pozo, creada en recuerdo de Juan Alcalde era yo su director.

Valentín Arteaga es hijo de padres criptanenses y en la hermosa villa de los molinos transcurrió toda su infancia, hasta que la vocación religiosa y literaria terminaron por irrumpir en su corazón. Ciudad Real, Mahon y Roma fueron la cuna de su formación teológica. El joven Valentín Arteaga fue madurando en manos de grandes maestros hasta convertirse él en uno de ellos. Y muchas lecturas que también le valieron para el futuro poeta que comenzaba a ser . Estoy seguro que le impresionaron las palabras de Rainer María Rilke, las de Las cartas a un joven poeta: “Si su vida cotidiana le parece pobre, no se queje de ella; quéjese de usted mismo”. La vida y la religión, o sea, la religión de la vida.

Este nuevo libro de Valentín Arteaga, ilustrado por Francisco J. Rodríguez Díaz está prologado por Antonia Cortés, más un epílogo de Ana López-Casero Beltrán, buenas conocedoras del poeta de Campo de Criptana. La primera, bajo el título de La ciudad del poeta niño, nos lleva al mundo de de la infancia del autor: “¿son tus penas las distancias, este tiempo que pasa sin detenerse? O quizá ¿ese pensamiento que echas a la fontana de Trevi para ver si es posible volver a la inocencia?” Por su parte, Ana López – Casero Beltrán escribe: “Querido Valentín, gracias por regalarnos tu reflexión sincera que acompañada de la belleza de tu lenguaje y de tu extraordinaria espiritualidad convierten la lectura de este libro en “un paraje de oración”, de encuentro con uno mismo y con Dios”.

Reflexión, infancia, belleza del lenguaje, descripción de lugares fundamentales de la Roma eterna que Valentín Arteaga ha conocido y amado durante los años que allí ha vivido, primero como estudiante y luego en su función de miembro de la Orden de Clérigos Regulares Teatinos, donde ha realizado una meritísima labor al servicio de la Curia General de la Orden. El propio Valentín Arteaga fija los cánones de la vida y de su poética: “Quienes no se hagan niños”, dice recordando palabras evangélicas, “no entrarán en el Reino de los Cielos”, o esta otra definición del ser humano: “Triste cosa, desde luego, que caigamos a veces en la tentación de querer ser adultos y ser tratados como tales”.