El Festival de Almagro debería ser un emblema de la Marca España, según Amaya de Miguel

Julia Yébenes Almagro
Amaya de Miguel, la primera directora del Festival de Almagro / lanzadigital

Amaya de Miguel, la primera directora del Festival de Almagro / lanzadigital

Amaya de Miguel fue la primera mujer directora y la única que hasta ahora ha llevado a un presidente al certamen

Amaya de Miguel fue una bocanada de aire fresco para el Festival de Almagro, sobre todo tras el trago amargo de la destitución de su antecesor, Juan Pedro de Aguilar, relegado finales de 1994 por el patronato que gestionaba el certamen.Echando la vista atrás asegura que el certamen debería ser un emblema de la Marca España, porque es uno de “los grandes eventos teatrales del mundo”.

La primera mujer directora del certamen dramático empezó su andadura a principios de 1995 para preparar la edición de ese año, la de la mayoría de edad, con un sabor agridulce debido a las críticas que recibió por estar embarazada.

Apuesta de la entonces ministra de Cultura, Carmen Alborch, De Miguel no sólo no sucumbió a estos comentarios (de una periodista y de algún dirigente político del ámbito de la cultura) sino que trabajó para impregnar al ciclo de modernidad, más calidad y transparencia económica.

Lo primero que hizo fue nombrar a los miembros de su equipo más cercano, con Carmen Bofarull como adjunta a la Dirección y la Gerencia; Teresa Pérez-Prat como secretaria; Francisco Leal como director técnico, e Isabel Barceló al frente de la Comunicación y Promoción.

Al recordarlo, tras 22 años de su paso por el certamen almagreño, sigue valorando “la aportación” de los colaboradores a la hora de “impulsar la capacidad de gestión de los directivos”, como fue su caso, al contar “con dos pilares, como Pérez-Prat y Leal, todavía en activo”.

“Los mejores recuerdos que tengo son del equipo, eran personas estupendas y estaban embarcadas en el mismo proyecto”, sostiene.

Música y entradas electrónicas

De Miguel, que en las últimas dos décadas ha vivido en Estados Unidos, ha trabajado en el Grupo Prisa y ahora está al frente de su propia empresa, revive su trabajo al frente del festival de teatro clásico más importante de España a través de las vivencias más personales.

“Empecé a ir a las reuniones con barriga, mi hijo nació el 25 de abril, sólo disfruté de una semana de baja maternal, y luego me lo llevé a Almagro”, donde se centró en un proyecto “de futuro”, en el que introdujo, como novedad, la música.

Este arte “no había tenido suficiente espacio en el festival, y programamos espectáculos en el Corral de Comedias”, como las exitosas óperas de ‘Dido y Eneas’ de Purcel y ‘Acis y Galatea’ de Haendel.

También contribuyó con su gestión “a dar un vuelo más internacional” al evento, e impulsó el acceso a la compra de entradas por vía telemática.

“Apenas existían los PC y los teatros no estaban informatizados”, rememora, por lo que “tuvimos que crear un sistema con Caixa Catalunya muy complicado”. Al parecer, ‘el operativo’ era un entramado a “modo de encaje de bolillos” con un control ‘artesanal’ telefónico de los billetes vendidos y las plazas libres. “Fue muy difícil, pero nos hizo tener liquidez desde abril, y nos daba un margen para trabajar”.

Pago de la deuda

Precisamente, en el ámbito económico, de Miguel solventó el déficit que sufrían las cuentas del certamen que “pagamos en un año”, y dejó “el festival con superávit”.

La directora opina que “hay que defender los fondos públicos y cuidarlos mucho más que los privados”, y en el caso de los espectáculos artísticos “no tienen porqué suponer un agujero de gastos, ni ser ruinosos y deficitarios”. Por eso, ella, la primera mujer directora, consiguió el equilibro entre gastos e ingresos, y “estoy orgullosísima de ello, porque no dejé de pagar a ningún proveedor”.

También presume de hacer una gestión “libre y profesional” en los dos años que dirigió el evento teatral, el primero con el PSOE, y el segundo, con el PP, cuyo gobierno lo inició Aznar con la visita al festival, hasta ahora la única de un presidente del Gobierno en activo.

Fue en 1996, cuando el presidente y su mujer acudió al certamen para ver “El sí de las niñas” dirigida por Miguel Narros en el Claustro de los Dominicos, en una edición que también contó con ‘Una noche con los clásicos’ (con María Jesús Valdés, Adolfo Marsillach y Amparo Rivelles) o la puesta en escena de ‘La vida es sueño” por la Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC).

“Miguel Ángel Cortés, entonces secretario de Cultura, era muy cercano a Aznar y a Botella, y les convenció de la oportunidad de asistir a Almagro”, explica De Miguel.

Entre las “espinas” que le quedaron por hacer estuvo la creación de una fundación cultural (ahora existe) porque “nadie lo entendía”, aunque es una figura que da “independencia y viabilidad”.

“Tesoro cultural”

De Miguel destaca el Festival de Almagro como un “tesoro cultural”, que debería ser un emblema de la Marca España, porque es uno de “los grandes eventos teatrales del mundo”. Subraya la reputación de un evento único centrado en el Barroco, que pone en escena una tradición cultural de gran riqueza, vista por diferentes lentes, lenguajes y estéticas.