Francisco Navarro
Tomelloso
La música como clavo ardiendo, como tabla de salvación, como centro de todo y como lenguaje universal. Como lenguaje de las emociones, nos atreveríamos a decir. Este sábado pudimos ver en Teatro Municipal de Tomelloso el ejemplo de esas afirmaciones con “The Funanviolistas”. Un montaje de teatro musical que no dejó indiferente a nadie y del que todo el mundo salió contento.
El espectáculo es ingenioso y arriesgado -quien no arriesga no gana-, pero también divertido, inteligente y elegante. Todo ello es posible gracias al virtuosismo de Ana Hernández, Mayte Olmedilla y Lila Horovitz, el trio que forma TheFunanviolistas.
El montaje es básicamente autobiográfico, las tres mujeres se quedaron sin empleo y decidieron unirse y crear su propio espectáculo financiándolo mediante crowfunding (gracias a 113 mecenas asegura el programa de mano). TheFunanviolistas no tardó en ser un gran éxito y conseguir importantes premios como el Max revelación 2014.
Un banco y una farola: la calle como hogar. El escenario, a veces melancólico, otras terrorífico (nos recordó a El exorcista), otras canalla, pero también esperanzador. Hablando de esperanza por cierto, estas tres músicas imparten seminarios de coaching y emprendimiento contando su experiencia como ejemplo de superación en circunstancias de crisis.
TheFunanviolistas comienza con la triste Meditación de Thais de Massenet, cuando despiden a las artistas y recalan las tres en el banco. Pero enseguida llega el entusiasmo de estar juntas, uniendo sus voces para el Believille RendezVous de Charest. Y ya, instrumentos, voces, piernas y el talento de las intérpretes marchan unidos y sin tregua durante más de una hora.

