“Una juerga” de Perro del Hortelano que parte del Renacimiento y termina en samba

hortelano vasco

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“Como tener un garaje lleno de coches y no coger nunca el Ferrari”. Eso parecía que ocurría con El perro del hortelano por parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que salda esta “deuda inexplicable” en el momento de la despedida de su director, Eduardo Vasco.

“Como tener un garaje lleno de coches y no coger nunca el Ferrari”. Eso parecía que ocurría con El perro del hortelano por parte de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que salda esta “deuda inexplicable” en el momento de la despedida de su director, Eduardo Vasco.
“Era un deber y es un placer” hacer esta comedia palatina, una de las mejores de Lope y de una calidad tan alta que está casi desbancando a nivel internacional en montajes a La vida es sueño, comentó Vasco, que decidió hacer esta última pieza al frente de la CNTC como “agradecimiento y despedida optimista”.
Según Joaquín Notario, que encarna al criado Tristán que “lo mismo vale para un roto que para un descosido” y sólo piensa en que Teodoro sea feliz aunque tenga que afrontar 80.000 dificultades y enredos, la función es una “juerga”. La pieza comienza en el Renacimiento italiano, en la producción se refleja la forma de entender el teatro clásico que ha impulsado Vasco como director de la CNTC durante siete años y el viaje que propone el montaje culmina en samba. Del vestuario es responsable Lorenzo Caprile, para quien es una “joyita”, un “caramelito” el personaje de Diana, condesa de Belflor, ya que se cambia continuamente y le ha permitido idear seis “preciosos” vestidos, a cuyo lucimiento también colabora el “físico” de Eva Rufo, a quien “todo lo sienta bien”. Se trata de una comedia de “amor y lujo” y Caprile ha apostado por una estética próxima al cómic y con colores muy brillantes y planos.
Rufo, que aseguró que el montaje es un máster en cambios rápidos de ropa, aseguró que ha confiado en el texto, que pasara por la cabeza, corazón y estómago, para dar vida a Diana, una adolescente encerrada tras una máscara adulta, que ha aprendido a gobernar como un hombre y que a la vez es protagonista y antagonista. Es al final, “cuando aprende a gobernar sus deseos y emociones, cuando deja sacar a la mujer que lleva dentro”.
Como mágica, atrevida y valiente definió esta propuesta de la CNTC David Boceta, encargado de interpretar a Teodoro, “un juguete en manos de la condesa de Belflor”.