Si es usted apasionado del mundo del tatuaje, seguramente, si le ha dado por teclear en Google «lista de mejores tatuadores de España«, le haya aparecido el nombre de César Nieto, tatuador nacido en Puertollano, cuya historia rememora los sueños de un chaval que creció dibujando a Goku y que perfeccionó sus trazos gracias a la NBA.
En la ciudad minera, César trabaja en su estudio ubicado en pleno corazón de la ciudad (Paseo San Gregorio, 3), escondido en un pequeño pasaje que huele a dulces y café, y en el que el aire arrastra el hilo musical en el que se repiten las canciones de Camilo, obligando a querer bonito a todo el que pasa por ahí, aunque el calor se sofoque con abanicos.
A medio camino, el Buda Tattoo Studio, emerge como un oasis. En la entrada está Alba con el teléfono pegado en la oreja buscando huecos en la agenda, en el primer biombo está el artista perforando otra piel donde su tinta se hace eterna mientras SFDK sirve como banda sonora de lo que está ocurriendo, cantando por encima del ruido monótono de los tatus.
César Nieto podría ser el concepto que resuma todo lo que abarca el Hip Hop clásico: graffitis, tatuajes, rap y baloncesto; porque después de la tinta, llegan las canchas y los entrenamientos con el Basket Puertollano, donde quema las ganas de competir y donde siguen sentando cátedra como uno de los veteranos del segundo equipo.
Con la naturalidad con la que guía la máquina de tatuar, el artista relata que su pasión surge «porque me gustaba el arte desde pequeñito, siempre estaba dibujando».
De aquellos garabatos que retrataban los dibujos de la televisión como Goku, entre figuras que iban surgiendo en su mente, surgió la posibilidad de hacerlo profesión. «Cuando fui cumpliendo años, yo tenía claro que quería dedicarme a algo relacionado con el arte y lo más fácil sin tener que pasar por la Universidad, era el tatuaje».
Entre las posibilidades de lo que podía haber sido, Nieto explica que «podría haberme dedicado a dibujar, podría haber terminado haciendo cómics o vete a saber». Al final, quizás impulsado por esos jugadores de la NBA que empezaban a colarse en Europa como leyendas, nació ese gusanillo por la tinta. «Cuando empezaron a emitirse los partidos de baloncesto americano, yo estaba enganchado, no sólo porque me gustaba el baloncesto, sino porque era la primera vez que se veían tatuajes tan grandes en los brazos».
«Cuando empezamos a ver NBA en España la moda de los tatuajes no era tan común como ahora, y ver aquellos jugadores con tattoos, nos llamaba a todos la atención, porque aquí no era nada común».
César Nieto: «El deporte hace que las modas cambien»
Todos aquellos jugadores de la NBA más clásica que fueron pioneros en lucir brazos tatuados y pelos de color, fueron preámbulo de algunas de las modas que poco después llegaron a Europa, siendo el fútbol el gran espejo sobre el que empezaron a reflejarse.
De los bigotes espesos y las piernas llenas de pelos, se pasó al estereotipo moderno que tuvo en Beckham uno de sus grandes pioneros. Para Nieto está claro: «Más que las moda influyendo en el deporte, creo que es el deporte el que cambia las modas».
Por ejemplo, habla de Luka Doncic, uno de los iconos modernos de la NBA, «si Doncic pasara a llenarse los brazos de tatuajes, estoy seguro que mañana, muchos de sus seguidores, se tatuarían solo porque Luka Doncic lo ha hecho». «Los de mi generación mirábamos mucho a Jason Williams, a Rodman, a Iverson, pero es verdad que los chavales más jóvenes en nuestro país han tenido modelos como Beckham, o Sergio Ramos, que han tenido mucha influencia en lo que se ha tatuado la gente en las últimas décadas».
Referente del tatuaje desde Puertollano
César Nieto es consciente de que su nombre se cuela en el listado de los más célebres del tatuaje en España: Miguel Bohigues, Sergio Fernández, Samuel Martínez, María Cabañas, Eduardo Lozano, Irene Artalejo; figuran junto al suyo y por eso, no es raro, que cada poco llegue algún mensaje directo de algún personaje famoso hasta su Instagram pidiendo cita.
El puertollanero no le da mayor importancia al hecho de que personas famosas quieran ponerse en sus manos, porque sabe que para ser referente, lo importante es tratar a todos los que llegan a Buda Studio con el mismo respeto del artista. «Ser reconocido por lo que hago es algo natural, que se ha producido gracias a ser lo más profesional en ello. Yo siempre lo digo, el que tiene trabajo es porque es profesional. No vale de nada que pongas una oferta, no vale de nada que hagas mucha publicidad, si luego no eres buen profesional».
Como todos los que tatúan, sus primeros restos de tinta cayeron sobre los más cercanos. «Los que tatuamos siempre hemos tenido un comienzo parecido, tatuando a un primo, a nuestro padre o a nuestro tío». Si aquello sale bien, se inicia la bola que ahora gracias a las redes sociales se hace más grande a una mayor velocidad. «En la actualidad es más fácil enseñar tu trabajo y te permiten llegar a todo el mundo en tres segundos que tardas en subirlo».
Él, que se ha construido en analógico, ha conseguido abrir su propio Buda Studio en Friburgo, a donde llegó en una de esas historias rocambolescas en la biografía de alguien que no le ha tenido miedo al riesgo. «Abrir un estudio en Suiza al principio fue un poco regular por la barrera del idioma. Empecé a colaborar en un centro de tatuajes donde estuve durante un tiempo y como las condiciones que me daban no eran las mejores, porque además el dueño no era tatuador, decidí dar el paso y abrir mi propio estudio, viendo que la situación laboral en España era difícil y que aquí se tenía mucho respeto por la profesión».
Ahora, reside medio año a cada lado de la frontera, repartiendo su vida y su talento entre Friburgo y Puertollano, con un ritmo frenético de trabajo, como barras de rap en una batalla de gallos. En su pasaporte figuran sellos de decenas de países de todo el mundo. «Gracias a los tatuajes he tenido la oportunidad de recorrer gran parte del globo y de tatuar en decenas de países y es una forma también de ser mejor en lo que haces».
«Los tatuadores españoles están de moda, se demanda mucho nuestro trabajo en ciudades como Miami». Esto no es nuevo, el tatuador español lo sitúa en algo que se arrastra a lo largo de la historia. «Desde los pintores del Renacimiento, pasando por Velázquez, Goya, etc, nuestro arte siempre ha sido una referencia y esto que hacemos, no deja de ser otro arte más. Distinto, más moderno, novedoso, pero un trabajo que puede encuadrarse dentro del arte».
Nieto, jugador del Basket Puertollano
Cuando echa el cierre y se despide del último cliente, que antes de salir mira en el espejo satisfecho su nuevo tatu, todavía dolorido, César Nieto coge la mochila de deporte donde lleva la ropa de entrenamiento y cruza el Paseo San Gregorio, con los auriculares puestos, para entrenar con sus compañeros de equipo del Basket Puertollano en el Luis Casimiro.
Saltar a la cancha es para él «una liberación y una forma de mantener el físico. Tatuar te exige muchas horas de silla, de estar con la espalda encorvada y necesitas mantenerse activo para no atrofiarte». Su elección de éste y no de otro deporte, se resume en el simple espectáculo. «El baloncesto me parece un deporte mucho más entretenido que la mayoría. En un partido malo puedes ver 50-60 puntos de cada equipo; en fútbol, sin desmerecerlo, puedes ver muchos con empate a cero y cuando juegas, pasa un poco lo mismo».
Mucho de sus compañeros, más jóvenes que él, lucen tatuajes en piernas y brazos. Cuando los ve, piensa en el jugador al que le gustaría poder tatuar. No es ni Luka Doncic ni Fran Romero, icono pop del baloncesto provincial en las últimas décadas, su preferencia se decanta por Irving. «Me gusta mucho como juega, es un jugadorazo; y sí, me quedaría con él para poder tatuarlo».
A quien descarta tatuar de momento es a su hija. «A ella de momento le tengo prohibido los tatuajes. Es mi mejor amiga, tenemos mucha confianza y de hecho, muchos de los nuevos clientes y de los nuevos seguidores en Instagram que tenemos son sus amigos; pero hasta que no cumpla dieciocho, nada de tatus».
Decenas de tatuajes con motivos deportivos
A lo largo de su carrera como tatuador que dura ya varias décadas, muchos han sido los tatuajes que le han pedido con motivos deportivos, entre ellos la cara de ídolos como Cristiano Ronaldo, Leo Messi o el propio Jordan.

En ese listado también ha tenido que trazar la Copa del Mundo, balones de fútbol o baloncesto; sin embargo, en su memoria, todavía está presente uno que hacía inmortal una etapa ciclista. «Vino un hombre muy mayor que había sido campeón de España en los años 60 y le tatué una fotografía antigua de una de esas etapas míticas y fue muy especial por todo lo que me transmitió ese hombre y esa escena de un campeón que aunque pasen muchos años lo sigue teniendo muy presente».
Los Chichos, los primeros raper españoles
Pese a lo americano que pueda parecer su influencia, subraya la importancia de sus raíces. «Yo me he criado en el barrio del Carmen en Puertollano y la música que más escuchaba era la de Los Chichos. Para mí, Los Chichos fueron los precursores un poco del rap antiguo español».
Lo que puede parecer una coña, desarrolla, «en nuestro país cuando ellos empezaron no había casi ningún rapero; ellos fueron de los pioneros en hablar de lo que pasaba en la calle».
Con el paso de los años, en las calles se fueron colando las bases instrumentales, un género que se iba depurando. «Con mis colegas siempre escuchábamos este nuevo género que estaba llegando y al final, una cosa nos llevó a las otras», que son: el graffiti, los murales, los tatuajes, el baloncesto y hasta la forma de vestir.
Todo eso pulió el carácter de un tipo inquieto, con la mente siempre despierta en busca de nuevos proyectos y de un currante que ha sabido hacerse un hueco entre los mejores del tatuaje, que se convierte en uno más cuando bota una pelota de basket.
