Un racimo de uvas, un melón y un par de escudos

Jordi Yepes Ciudad Real
Varios jugadores del Viña Albali Valdepeñas celebran un gol en pretemporada / Foto: Elena Rosa

Varios jugadores del Viña Albali Valdepeñas celebran un gol en pretemporada / Foto: Elena Rosa

El Viña Albali Valdepeñas recibe este sábado al Jimbee Cartagena FS con el ánimo de lograr la primera y deseada victoria (18:15 horas, Quijote Arena).

Su piel, aterciopelada, del color de la vainilla. Su pulpa, cremosa y anaranjada. Sabe a  tiempo pasado, como lo hacían antes los melones. Así es el melón Jimbee. Una nueva variedad que solo se cultiva en el Campo de Cartagena y es difícil de encontrar, porque casi todos se venden en Europa. Sus derechos de explotación son exclusivos de Jimbofresh. Una de las principales productoras y comercializadoras de melón del país, que se declara apasionada del cultivo tradicional y vive obsesionada por recuperar el sabor original del melón. Porque como ellos dicen, ahora no sabe cómo antes, ahora las variedades son de fácil cultivo, de larga vida tras la recolección y buen aspecto. Ahora se sacrifica el sabor. Por eso, son ellos mismos, la gente de Jimbofresh, quienes cosechan, cuidan y vigilan a diario sus plantaciones. Ellos controlan desde “la semilla hasta el envío a clientes”. Dicen que si pruebas un melón Jimbee, su dulzor ya no lo olvidas.

Lo habían avisado. Llevaban tiempo haciéndolo. Que se sentían solos. Que si no llegaba un segundo patrocinador lo iban a dejar. Porque ellos solos no podían. Y ese patrocinador no llegó. Y lo dejaron. Plásticos Romero, patrocinador de Carthago Sala 2013, el club de fútbol sala de la ciudad de Cartagena, el pasado 4 de julio abandonó y dejó a la afición con el estómago encogido. Otra vez el fútbol sala con el alma en vilo. Otra vez el fútbol sala pendiente de las decisiones de los patrocinadores. Otra vez en Cartagena, que de esto saben bien. Ya lo vivieron de una manera salvaje con Polaris World. Y en menor medida, acababa de suceder con Plásticos Romero. De inmediato, el club y el Ayuntamiento comenzaron a buscar desesperadamente un patrocinador. Llamaron a cerca de 500 empresas de la región. Algunos jugadores no esperaron y se fueron. Y sin remedio, como una riada dispuesta a llevarse todo por delante, el lunes 6 de agosto llegó la pretemporada. Con la plantilla sin cerrar y con el preparador físico al frente, porque Juan Carlos Guillamón no sabía si iban a contar con él. La cosa era seria. Porque sin patrocinador, no iban a poder fichar, tendrían que contar con jóvenes veinteañeros del filial y eso supondría luchar por la permanencia.

Plantilla del Jimbee Cartagena FS

Plantilla del Jimbee Cartagena FS

Pero a veces las cosas salen bien. Y a mediados de agosto, Jimbofresh, la empresa que se declara apasionada del cultivo tradicional y vive obsesionada por recuperar el sabor original del melón, se hizo cargo del club. En rueda de prensa, se presentó al nuevo patrocinador y se anunció que también iba a asumir la presidencia del club. Que cambiarían el escudo, los colores, la camiseta y el nombre del equipo, que pasaba a ser Jimbee Cartagena FS. Cuentan los que estuvieron presentes, que las primeras palabras del nuevo presidente causaron mezcla de asombro y risas. Las dijo serio. Afirmó que habían llegado para ganar la Liga, sabían que debían reforzarse, pero que ese era el objetivo. Tal vez, envalentonó al presidente en sus declaraciones, que Jimbee Roldán, equipo de fútbol sala femenino al que también patrocinan, ganara la pasada Liga de Primera División. Pero lo cierto es que han ido en serio. Tanto, que su primer fichaje fue Dione Alex Veroneze. No necesita presentación. Solo decir que heredó el apodo de su padre, Batería, debido al negocio de baterías de coche que tenía en Brasil. Llega de su país, de recuperarse de la lesión que le hizo salir del Barcelona, de volver a sentirse jugador, de defender la camiseta verdinegra del Cresol Marreco brasileño, que por escudo tiene un pato malhumorado. Llega para liderar a Cartagena. Llega para volver a ser el que fue.

Batería (derecha), jugador del Cartagena / Foto: LNFS

Batería (derecha), jugador del Cartagena / Foto: LNFS

Fue real, Valdepeñas jugó en casa de El Pozo. Fue real, las dos camisetas se enfrentaron en un mismo partido. Fue bonito ver a los locos de azul dejando perplejos a la gente de Murcia, enfadándolos porque no podía ser que esa gente, que eran tan pocos y que venían de tan lejos, estuvieran callándoles en su propia casa. Aquello fue tan real y tan bonito como contundente. Porque puedes competir, puedes hacerlo bien, hasta puedes no equivocarte, pero si aparece Miguelín y marca un gol como el primero, ya sabes que la cosa no va a acabar bien. Y así fue. El Pozo ganó por aplastamiento. No hubo opción. Sin más. Pero este sábado si la habrá. Aunque será duro, muy duro. Porque la exigencia será similar al del partido de Levante. Porque Jimbee Cartagena aspira a jugar la Copa y luego el playoff por el título. Porque mantiene el bloque que la temporada pasada le llevó a jugar la Copa y a quedar a un punto del playoff. Ese mismo bloque que ganó al Barcelona, a Palma, a Zaragoza, que ganó en Pamplona y empató en Murcia. Esta temporada ya han ganado dos partidos. Y de los tres que han jugado como visitante, en todos se han adelantado en el marcador en los primeros minutos. Vienen de hacerle 9 goles a Xota.

Juanan protege el balón ante Fernando / Foto: Área11

Juanan protege el balón ante Fernando / Foto: Área11

La última vez que Cartagena jugó en Valdepeñas un partido de liga, fue en enero del 2016, la pista aún era la de goma, quedaron 5-5 y fue el típico partido en el que acabas enamorado del Virgen de la Cabeza. Esa última vez, Cartagena era Plásticos Romero, vestía de naranja y blanco y en su escudo triangular, aparecía la cruz blanca de la provincia marítima de Cartagena.

Ya no queda nada de aquella última vez. Ahora Cartagena es Jimbee, viste de rojo y blanco, su escudo es redondo y solo conserva del anterior el lema del club, que traducido del latín viene a decir: Siempre juntos, hacia las estrellas.

De aquella última vez ni el pabellón queda ya. Tan solo el racimo de uvas con balones en el escudo de Valdepeñas y una panda de locos que cada día van a peor. Que están deseando que acaben ya las obras. Que le dan toda la vida que pueden a un pabellón sin alma como el de Ciudad Real. Que viajan cuando pueden. Que comprenden las derrotas. Que quieren al equipo cuando las cosas no van bien. Que no piensan dejar solos a los jugadores. Que están deseando enloquecer por un punto, por una victoria. Porque esto solo saldrá bien si están todos juntos. Siempre juntos.