Blanca Romero Moraleda puede decir con orgullo que tiene una estrella, la que se bordan los campeones del mundo de fútbol. La manzanareña, integrante del cuerpo técnico de la selección española de fútbol como preparadora física, ha sido partícipe del histórico título mundial conseguido la pasada semana en Australia, un hito del fútbol femenino nacional en el que ha puesto su importante grano de arena y, a la vez, ha dado a esa conquista un sello ciudarrealeño.
Pocos días después de la consecución del Mundial y de las celebraciones por todo lo alto tras la final del pasado domingo ante Inglaterra y la posterior en Madrid, Blanca reconoce no ser totalmente consciente de eso que le están diciendo ahora continuamente: que es campeona del Mundo. “Me lo digo cada mañana y como que no me lo creo. Es algo tan grande y tan increíble que, cuando lo ves desde fuera, piensas que tiene que ser una pasada. Ahora desde dentro, una vez conseguido, te das cuenta de que es increíble lo que hemos liado y lo que hemos hecho”, explica a Lanza tras haber podido descansar.
“Satisfecha, orgullosa y feliz”, así se siente Blanca Romero después de un duro trabajo realizado junto al cuerpo técnico y a las jugadoras, que ha tenido una recompensa mundial. “Han sido dos meses lejos de la familia, sacrificando muchas cosas. Pero tengo la suerte de poder dedicarme a lo que más me apasiona y tenía la convicción de que iba a disfrutar cada día de este proceso”.

También tenía la manzanareña la convicción y el pálpito de que España iba a hacer algo grande en este Mundial, su primero como preparadora física con la selección española en la que lleva ya cuatro años, los últimos dos dedicados plenamente a ellos junto a su labor profesional de docencia en la Universidad Autónoma de Madrid, donde imparte clases de biomecánica, fatiga y recuperación, ergonomía y evaluación de la salud y del rendimiento.
“Ya en febrero me preguntaban y yo decía que íbamos a llegar a la final. No solo eso, sino que la íbamos a ganar”, cuenta, y recalca que la clave de esta selección española de fútbol femenino a las órdenes de Jorge Vilda “es que une mucho talento con trabajo, con ilusión, con esfuerzo y con tener clarísimo el objetivo y tener el foco puesto en él. Ese es el camino. Luego el fútbol es muy caprichoso y se define por detalles, pero esta vez la balanza se inclinó hacia nosotras para conseguir lo máximo”.
Con pasión vivía Blanca Romero cada minuto de este Mundial. España comenzó goleando a Costa Rica (3-0) y Zambia (5-0), para sufrir una aparatosa derrota después con Japón (4-0). Una varapalo que para Blanca “fue un punto de inflexión. Creo que ayudó, incluso, a ver qué cosas teníamos que afinar más y creo que eso nos permitió estar donde estamos. Como bien dice el refrán: No hay mal que por bien no venga”.

España se recompuso a lo grande para superar a Suiza en octavos (5-2), ganar a Países Bajos en la prórroga de cuartos (2-1), vencer a Suecia en ‘semis’ (2-1) y convertirse en campeona del Mundo al ganar a Inglaterra la final con un solitario gol de Olga Carmona. La protagonista de ese tanto vivió, como dijo ella, el momento más feliz de su vida con la victoria y luego el peor, cuando le comunicaron después el fallecimiento de su padre: “De estar en lo más alto positivamente hablando a nivel emocional, se llegó luego a lo más bajo. Pero es verdad que mantuvo esa compostura, soltó un poco, pero fue capaz de acompañar a sus compañeras y a todo el equipo en la celebración. Olga, no solo a nivel futbolístico, sino a nivel personal, es para quitarse el sombrero”, apunta la de Manzanares.
En Australia, la preparadora física tuvo la ocasión de levantar la Copa del Mundo femenina de fútbol cuando los focos apuntaban especialmente a las futbolistas más que a ella, en su labor más silenciosa, pero trascendente en el camino hacia la victoria.
Ella tiene claro que “siempre se dice que la preparación física no es lo determinante, pero es imprescindible para dar soporte al modelo de juego y a que cada una de las jugadoras, con ese gran talento, puedan desplegarlo en el césped. Es un trabajo minucioso de saber que tienes a muchas jugadoras que llegan de contextos diferentes, que tienes que conocerlas bien, evaluarlas y decidir qué es lo que mejor le viene a cada una para dar con la tecla y que puedan mostrar su mejor versión. Da mucho gusto y satisfacción trabajar con profesionales así, porque no sólo te muestran la confianza y el respeto que tienen en tí, sino que cuando les ves trabajando te motivan para dar lo mejor. Ese sentimiento de reciprocidad es algo que, profesionalmente, es un regalo”.

Durante la celebración del Mundial, a 20.000 kilómetros de distancia, reconoce que se convivía “como una burbuja, más grande todavía por el cambio de horario”, pero, a la vez y por el contacto especialmente con sus familiares, destaca que “me decían que la gente se estaba volcando con nosotros, cada vez más conforme íbamos pasando de rondas. Luego te dicen que en más de 60 ciudades iban a poner pantallas gigantes para ver la final… Ya sí que nos dábamos cuenta de la que estábamos liando”.
Eso lo pudo vivir Blanca Romero y todo el equipo a su llegada a España, a Madrid, en donde “fue algo increíble la gente que nos acompañó en las calles durante el autobús y la gente que había en Madrid-Río, y las que hubieran querido entrar para estar cerca de nosotras. La verdad es que no me imaginaba tanto seguimiento y tantas muestras de cariño. Ver a la gente tan emocionada y orgullosa de cada una de nosotras fue espectacular”.

Este éxito y este seguimiento, con España volcada con su selección, cree Blanca que “esto es ya un impulso increíble para el fútbol femenino español. Ya no es solo que las niñas tienen referentes a las que se quieren parecer, sino también los niños”. Entre esas jugadoras que serán referentes está Aitana Bonmatí,elegida la mejor del Mundial y que Blanca Romero cree que ahora “tiene todas las papeletas” para llevarse el Balón de Oro y suceder a otra ídolo española del momento, Alexia Putellas.
De más cerca, de Albacete, es la delantera Alba Redondo, que formó en este Mundial junto a Blanca la dupla de castellanomanchegas en la selección española. La manzanareña no oculta que “ha sido un placer compartir este Mundial con ella. Representar a Castilla-La Mancha es un orgullo enorme y te hace tener con ella un vínculo especial, un apoyo siempre máximo”.

Una vez conseguido este título, la preparadora física no pone techo a esta selección, porque al talento presente une también “el talento que viene”. “Por suerte, cada vez hay más recursos desde la base. Profesionales que son espectaculares en la formación y que hacen que lleguen arriba mucho mejor preparadas, para que ese talento luzca desde mucho antes. Yo creo que vendrán muchas más alegrías para el fútbol español”.
Y en esas próximas alegrías quiere estar ella presente, dentro del cuerpo técnico en donde espera poder continuar. De momento, ya ha vivido su primer Mundial de fútbol ‘in situ’, un campeonato que considera que es “lo más grande” para una profesional y amante del fútbol. No solo ha estado allí, sino que lo ha ganado con una selección que ha hecho vibrar a España. Blanca Romero ya tiene lo que muy pocas tienen la oportunidad de conseguir: una estrella mundial.

