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1-0 Elías (min 14), 2-0 Javi Martínez (min 20) y 3-0 Iván (min 71)
Bajo un cielo despejado y una temperatura ideal para el fútbol, el Anexo del Estadio de Gran Canaria fue testigo este domingo de un duelo de supervivencia. Dos equipos marcados por la urgencia de sumar se medían en un partido que prometía intensidad y nervios. La UD Las Palmas Atlético, hundida en puestos de descenso y sin victoria en las cuatro ultimas jornadas, recibía a un Socuéllamos herido y necesitado tras una injusta derrota en el derbi conquense. El objetivo para ambos era claro: llegar al parón navideño con un soplo de esperanza.
El árbitro Javier Villaescusa Alarcón, del colegio valenciano, dio el pitido inicial en un encuentro donde Jacinto Trillo, técnico visitante, no pudo contar con Escobar por sanción y Carmelo y Adri Díaz por lesión.
El primer tiempo estuvo marcado por la efectividad canaria y la maldición manchega. Desde el arranque, los de casa mostraron sus intenciones. Elias Romero probó suerte a los cinco minutos con un disparo desviado. Aunque el Yugo respondió con dos rápidas incursiones por la banda derecha de Verdú, que descolocaron a la defensa canaria sin remate final, la tónica la marcó el dominio amarillo.
Esa superioridad se materializó en el minuto 15. Un despeje desafortunado de Miguel Serrano cayó como un regalo para Elias Romero, quien, desde la frontal, disparó con potencia un balón llovido que se coló junto al palo, sin que Bernabé pudiera hacer nada para evitar el 1-0.
La confianza canaria creció. Chus estuvo cerca de aumentar la ventaja en el minuto 20, pero un estupendo estirada de Bernabé envió su zurdazo a córner. Sin embargo, la resistencia manchega se quebró un minuto después. Elias Romero, nuevamente protagonista, desbordó por banda y sirvió un pase a la medida de Javi Martínez, quien remató a placer para firmar el 2-0.
El Socuéllamos, aturdido, tuvo dos oportunidades de oro para recortar distancias y meterse en el partido. En el minuto 23, un error defensivo canario dejó a Iván Hujo solo frente al portero Álvaro Killane, pero el 7 falló de manera inexplicable el mano a mano. Cinco minutos después, Carlos García centró para que Sergio Pérez, entrando solo en el área pequeña, cabeceara fuera por muy poco. Dos fallos que resumían la mala fortuna que persigue al equipo manchego. El primer tiempo terminó con las Palmas controlándolo y el Yugo, aunque mejoró en el último cuarto de hora, cargando con la losa de un marcador adverso y las oportunidades desaprovechadas.
En la segunda mitad el Yugo salió con más ímpetu al campo, buscando el gol que devolviera la vida al partido. Presionó alto, generó córners y llegó con peligro, especialmente por los saques de banda largos de Carlos García. Sin embargo, el acierto seguía escondido. Miguel Serrano en el minuto 61 y José Carlos en el minuto 71, volvieron a tener ocasiones clarísimas, pero encontraron a un Killane seguro bajo palos.
La desesperación manchega se consumó en el minuto 72. En otra muestra de su fatídica mañana, un nuevo error defensivo del Yugo fue aprovechado al instante por Iván Medina, que no perdonó para sentenciar el partido y firmar el 3-0.
A partir de ahí, el equipo visitante, con los brazos caídos, solo pudo limitar daños ante un Las Palmas Atlético que incluso pudo aumentar la renta, con un disparo de Josito al poste en el minuto 89.
El pitido final sonaba a desenlace con sabor a sentencia y supuso un alivio para un Socuéllamos abatido, goleado por un rival directo y sumido en una profunda crisis de efectividad. Las Palmas Atlético logró una victoria vital, que les saca momentáneamente de los puestos de descenso y les da oxígeno para las fiestas navideñas.
Para el Yugo, las vacaciones se antojan amargas. La salvación está ya a 10 puntos y el equipo llega al parón con la sensación de haberlo intentado, pero con la contundente realidad de un juego que no se traduce en puntos. La maldición del gol, la mala suerte y los errores defensivos caros han pesado como una losa. El mercado de invierno se presenta como una necesidad imperiosa para buscar un revulsivo, especialmente en ataque, aunque la tarea parece complicada por opciones y economía. Solo queda aferrarse a la esperanza de que 2026 traiga un año nuevo y, quizás, una vida nueva. Por ahora, la frustración reina en un vestuario que sabe que juega mejor de lo que su posición refleja, pero que también es consciente de que en fútbol lo que cuenta, al final, es el resultado. Y hoy, otra vez, fue demoledor.
