El hidrogeólogo Francisco Turrión espera que 2018 sea “el último” del trasvase de agua para beber al Segura

Julia Yébenes Ciudad Real
Imagen de los afloramientos de los Ojos de Guadiana en el entorno del Molino de Zuacorta en Daimiel / J. Jurado

Imagen de los afloramientos de los Ojos de Guadiana en el entorno del Molino de Zuacorta en Daimiel / J. Jurado

Este experto ve compatible el uso de las aguas subterráneas con la preservación de los ecosistemas en zonas como el Alto Guadiana

El hidrogeólogo de la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS), Francisco Turrión, aboga por impulsar un enfoque “más sostenible” de las aguas subterráneas que, en el caso de Ciudad Real, tendría más dimensión con un riguroso estudio de las masas declaradas sobreexplotadas en los acuíferos de la cuenca del Guadiana. “No es incompatible”, aduce, el uso de estas reservas con el respeto al medio ambiente, y la preservación de los ecosistemas naturales.

Este experto en la prospección, captación y protección de aguas superficiales y del subsuelo, es una de las voces discordantes en las restricciones de riegos impuestas por el anterior Ejecutivo nacional, y se muestra en contra de las políticas de trasvases de la cabecera del Tajo al Segura, que, a su juicio, deberían tener fecha de caducidad.

Deficiencias

Turrión ve “deficiencias” en las técnicas de cuantificación del almacenamiento de las masas subterráneas manchegas por parte del Ministerio de Agricultura, dado que “no sólo no cuentan con las transferencias laterales desde otros acuíferos”, sino que realizan los cálculos desde puntos “no representativos” (pozos de control de la red estatal) que llevan a conclusiones “erróneas”.

Frente a estos procedimientos, Turrión apunta a otras prospecciones más reales” que recogen “estabilidad y equilibrio” en las masas Mancha Occidental I y II, y Sierra de Altomira.

“Puede haber un pozo sobreexplotado en un acuífero no sobreexplotado”, aclara Turrión, que reclama personal “cualificado” para combatir el principal “mal”, como es el desconocimiento, en las monitorizaciones de las reservas subterráneas, dado que “no funcionan igual que los aljibes o las balsas de riegos superficiales”.

A su juicio, “hay que buscar un punto medio, alejado de los pozos de bombeo”, que registre de manera certera “las variaciones” de los niveles hídricos subyacentes.

En la actualidad “las extracciones de agua son inferiores a la recarga”, por lo que, en su opinión, “habría que revisar toda la información hidrogeológica de la cuenca del Guadiana y de Castilla-La Mancha para aumentar de forma sostenible ese uso, y así “fomentar el crecimiento económico y social de los pueblos”.

Trasvase

Respecto a los trasvases del Tajo al Segura, el más reciente de 20 hectómetros cúbicos, dice esperar que este 2018 “sea el último año” en la concesión de recursos para consumo humano, una política “injusta e impresentable” que obedece “a una estrategia de chantajes”, y que se solucionaría inyectando el propio agua de los manantiales del subsuelo del Segura, como el de la masa Sinclinal de Calasparra “de gran calidad”, a la red de abastecimiento.

Más tiempo da, tres años, al proceso de desenganche de los trasvases de agua para riego en la huerta murciana.

Así lo refleja en el informe de Greenpeace ‘La trama del agua en la cuenca del Segura, diez años después’, del que es autor, y en el que se recogen “malas prácticas en la gestión del agua en esta cuenca del sureste español”.

El estudio “me ha servido para que el Gobierno de Castilla-La Mancha me otorgue el Premio a la Investigación e Innovación en Agua, y también para que el Ministerio de Agricultura me sancione (ha sido expedientado y actualmente está sin empleo y sueldo)”.

Según explica, el propio Plan del Segura contempla desde su primera redacción el uso de los reservorios subterráneos y del agua desalada para dar cobertura a sus necesidades, que la llevaría a tener “un superávit anual de 200 hectómetros cúbicos, sin contar con el agua del trasvase Tajo-Segura”.

En contra de la opinión de los responsables de la CHS, “hay una gran reserva de los recursos hídricos renovables que no está cuantificada y que sale por el mar en un orden de entre 500 y 800 hectómetros cúbicos al año”.

Por ello y en base a sus investigaciones, “la autosuficiencia hídrica del Segura es una realidad”, insiste Turrión a El Campo, teniendo en cuenta su propia experiencia en la construcción de una batería de pozos de sequía entre los años 2005-2009, en la que “comprobamos que había un potencial de agua subterránea cien veces mayor que el de los embalses superficiales”, al parecer ya constatada hace más de 40 años por el Instituto Geológico y Minero de España.

Turrión lamenta que el Gobierno del PP paralizara esta red de pozos, “capaz de utilizar de forma sostenible más de 100 hectómetros cúbicos de agua”.

Su estrategía evitaría “los impactos ambientales en los ecosistemas asociados” y acabaría con la dependencia “de un proveedor que está a 300 kilómetros”.

“Es un error histórico, sostiene, que la economía de la Región de Murcia, y el sur de Valencia crezca en base a la esquilmación de los recursos naturales de la cabecera del río Tajo”.

Por eso, Turrión aplaude la posición de la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, cuando apuntó hacia la caducidad del trasvase Tajo-Segura en los primeros días de su mandato, aunque, “asesorada por su equipo”, haya permitido la aprobación del último trasvase hace sólamente un par de semanas.