Luis Beato, ‘Embajador’ de la Medicina por su revolución en el tratamiento de los trastornos de conducta alimentaria

Luis Beato, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Ciudad Real / Clara Manzano

Luis Beato, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Ciudad Real / Clara Manzano

El jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital General de Ciudad Real reflexiona para Lanza sobre su trayectoria y los logros que le han hecho merecedor del reconocimiento como uno de los 25 médicos más influyentes en las últimas décadas.

Para el psiquiatra Luis Beato fue una auténtica sorpresa su elección como uno de los 25 médicos ‘embajadores’ de la Medicina Española por la prestigiosa publicación Diario Médico con motivo de su 25 aniversario. En un primer momento no quería dar mayor importancia al reconocimiento, pero al conocer la tremenda relevancia del resto de facultativos que componen la terna de ‘embajadores’ tuvo consciencia de la magnitud del galardón. Un gran elenco de facultativos sobre los que se ha sustentado gran parte de la evolución de la Medicina Española en las últimas décadas.

Para el jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital General Universitario de Ciudad Real su elección responde a un logro claro: la creación de la Unidad de Trastornos Alimentarios y un innovador procedimiento para abordarlos, que lo han situado como uno de los principales referentes mundiales en el tratamiento de los trastornos de conducta alimentaria (TCA).

Sin vocación clara

Aunque la historia de Luis Beato pudo ser muy diferente. Reconoce que nunca tuvo una vocación clara por la Medicina. “Me planteaba incluso otras carreras, como Filosofía y Letras. Sin embargo al final optó por la ciencia médica por una cuestión personal, “consideré que me vendría bien para estructurarme y me parecía algo que encajaría bien, además me gustaba la ciencia”.

Otra decisión pudo cambiar el mando del timón. Al acabar la carrera en 1988 sus gustos lo encaminaban hacia Pediatría, pero el consejo de un amigo pediatra y el panorama de desempleo médico en esa época le condicionaron a elegir otra especialidad con mayores opciones laborales: Psiquiatría. “Era una especialidad más holísitica, que me permitiría entender mejor al ser humano en su conjunto”, afirma Luis Beato, que subraya que “luego he podido tenido la suerte de poder trabajar con adolescentes”.

Luis Beato con parte de su equipo de la Unidad de Trastornos Alimentarios / Clara Manzano

Luis Beato con parte de su equipo de la Unidad de Trastornos Alimentarios / Clara Manzano

Su inquietud y su afán de conocer la evolución de la Psiquiatría a nivel mundial rotó como médico residente en uno de los hospitales más prestigiosos de Europa, el Maudsley and Bethlem Hospitals de Londres. En una época en la que todavía no era habitual que los residentes salieran al extranjero, escogió por recomendación de una compañera la unidad de trastornos de conducta alimentaria del centro británico.

Creación de la Unidad

A su vuelta a España, por antes de finalizar su residencia, conoció cómo se trataban las TCA en el país y se incorporó al equipo especializado del Hospital Niño Jesús de Madrid. Poco después en 1995 llegó a Ciudad Real, donde poco a poco comenzó a asumir todos los casos de TCA. Entonces, como dice Beato, “al haber oferta de tratamiento de estas patologías, apareció la demanda”. Una demanda que, con normalidad, encauzó en 1999 la creación de la Unidad de Trastornos Alimentarios en el antiguo Hospital del Carmen.

Beato y su equipo dibujaron un tratamiento innovador para las TCA. El tradicional premio-castigo imperante hasta el momento fue sustituido por una terapia motivacional en la que el paciente quien fuera capaz de identificar sus conductas y de cambiarlas.

Este cambio fue una auténtica revolución. Reconoce Beato que “una de las cosas que te llama la atención es cuando vas a alguna conferencia o congreso y hablas de tu tratamiento, y la gente empieza a preguntar sobre él y se queda sorprendida; y después preguntan otros, otros y otros…”.

“Cuando despierta ese interés, realmente te das cuenta que estás haciendo algo diferente a lo que habitualmente se hacía. Y no nos hemos quedado solo en eso, hemos seguido progresando”, explica el psiquiatra natural de Lucena (Córdoba), que detalla que en esa evolución de su trabajo sistematizaron su línea de trabajo y elaboraron y validaron un cuestionario para apreciar la actitud hacia el cambio como un factor decisivo en la solidez del abordaje de las TCA.

En esta línea de actuación, Beato y su equipo ha participado ininterrumpidamente en todos los congresos profesionales sobre estas patologías desde su inicio, y, además y con éxito, en muchos foros internacionales. La relevancia de su labor puede apreciarse en los numerosos pacientes de fuera de la región que han sido atendidos en Ciudad Real, así como los numerosos médicos residentes de todo el país, incluso de Latinoamérica, que rotan por la UTCA de hospital ciudadrealeño.

El doctor Beato conversa con dos pacientes / Clara Manzano

El doctor Beato conversa con dos pacientes / Clara Manzano

Constante evolución

El buen funcionamiento de la unidad no ha propiciado en ningún momento su estancamiento, al contrario, está en constante evolución en sus planteamientos. “Ahora últimamente estamos más en un proceso que nos parece más importante que es el proceso emocional del cambio”. Al respecto el psiquiatra explica que clásicamente se pensaba que las emociones seguían a los pensamientos, pero en ese proceso siguen más los pensamientos a las emociones. “Eso está relacionado con tu propia identidad. Siempre he trabajado con las TCA con adolescentes y sobre cómo la idea que tienes de ti mismo explica tu comportamiento. La idea que tienes de ti mismo no es un conocimiento, es una emoción”.

En este contexto Beato indica que le llama la atención lo que la gente llama “tocar fondo, que tú te percibas en algo que no te gustaría y como a ti no te gusta”, así por ejemplo, apunta el psiquiatra que “el paciente, en un momento dado, se sienta asqueroso al vomitar, cuando antes le aliviaba y le calmaba… cuando esa misma conducta la ves como algo desagradable, de forma espontánea, la cambias”.

El vínculo

Junto a esta premisa, Luis Beato presta especial importancia al “vínculo” con su madre, con su cuidador, algo que es innato en la persona y que las hace vulnerables si no lo perciben. En este sentido explica que a veces las TCA son una forma de perpetuar el vínculo, de hacerse importante para el cuidador comprobando que esa persona que tiene la obligación de cuidarle está ahí. Por este motivo una de las primeras labores del psiquiatra ante nuevos pacientes es conocer su vínculo.

Cuando Luis Beato habla sobre los trastornos de la conducta alimentaria lo hace con convicción y seguridad, reflexionando sobre las claves para curar una patología que es incómoda para muchos porque no se puede curar con medicinas. Demuestra un afán de evolución y esfuerzo por desentrañar los secretos que esconden trastornos como la bulimia y la anorexia y que el propio paciente sea cómplice y protagonista de su curación.

Retos

Su abordaje de las TCA ha hecho de Luis Beato merecedor del reconocimiento como Embajador de la Medicina Española, sin embargo su actividad en el campo de la Psiquiatría va mucho más allá y tiene mucha ilusión en otros retos como la una unidad de diagnóstico precoz del autismo o la unidad de psiquiatría perinatal, que atenderá desde el embarazo hasta el primer año de vida del bebé.

Sin embargo su gran reto es que la Atención Primaria juegue un papel clave en el tratamiento psiquiátrico. Considera Beato que el modelo hospitalocentrico para pacientes psiquiátricos no es bueno. “Los pacientes más graves no necesitan un hospital, necesitan aprender a vivir en su medio, trabajar, socializarse, trabajar con su familita…. En el hospital a los pacientes graves les damos misma medicación y luego vuelven a sus casas y no resolvemos problemas. Por eso estamos planteando empezar a trabajar en la comunidad, con los médicos de Atención Primaria de forma conjunta”.

Una gran tarea para un médico que de forma pausada y sin querer ser consciente ha revolucionado el tratamiento de una de las grandes patologías del siglo XXI: los trastornos de la conducta alimentaria.