¿Quién llama? La reforma federal de la Constitución

Aurelio Romero Serrano Vitoria
Federalistas. Basaguren a la derecha

Federalistas. Basaguren a la derecha

Perfil: Alberto López Basaguren (Basauri, 1957). Catedrático de Derecho Constitucional por la Universidad del País Vasco. Profesor en la Facultad de Derecho de Bizkaia. Especializado en el estudio de los procesos soberanistas de Escocia y Quebec. Autor de “La Secesión de España” y “El Ararteko” (Defensor del Pueblo del País Vasco)

Oyes hablar a Alberto López Basaguren en el acto de presentación del Manifiesto Federalista para Euskadi hace unas horas en Vitoria y lo hace con el mismo entusiasmo que ponía hablando por teléfono en el despacho donde hicimos la entrevista, en la Universidad Pública del País Vasco (UPV), sobre un cerro en el que se agrupan todos los edificios. Sabe que camina hacia un objetivo difícil, el de la reforma de la Constitución, pero no se arredra. Camina, que no es poco, junto a otros muchos, casi 300 ya que han suscrito ese Manifiesto, Adela Asua, ex vicepresidenta del Tribunal Constitucional entre ellos. Y avanzan a la par con otros grupos que defienden lo mismo desde otros puntos de España. Sabe, saben, que su recorrido está lleno de aparentes contradicciones. Unas, tan obvias que parecen intencionadas; otras, supuestas, lo que tampoco le impide pisar con palabras claras.

Casi en ese mismo tiempo, el PSE-EE, el socialismo vasco, le hizo un encargo harto difícil: Formar parte del grupo de expertos elegidos por los grupos del Parlamento de Vitoria para darle una redacción a las conclusiones de la Ponencia sobre el autogobierno de Euskadi. En castellano de Cervantes, poner palabras donde sólo había intenciones respecto al autogobierno futuro de esa Comunidad, que es como mentar la bicha.

Hace pocos meses afirmaba que “el desarrollo del proceso independentista en Cataluña y la forma de afrontarlo por el sistema político español componen una insensata representación del teatro del absurdo, carente de sentido y, quizás, también de esperanza”.

Lo que se avecina

Amén del “caso procés” y su desarrollo judicial, la elaboración del Estatuto vasco va a dejar pequeña la polémica sobre el proyecto estatutario de Catalunya, el que boicoteó el Partido Popular para dar ejemplo y el Tribunal Constitucional mandó a los corrales por algunos artículos que, a su entender, se saltaban el marco de la magna ley.

Cuarenta años después, el entonces tan anhelado Estatuto de Guernica se ha quedado viejo -aunque el PP dice que no- o hecho trizas por el incumplimiento de los sucesivos gobiernos de Madrid. También porque quienes suman la nueva mayoría parlamentaria han pasado la hoja negra de Euskadi con cierta celeridad y quieren ocupar el espacio político que siempre postularon bajo el ruido de las armas o esa otra bala de la indiferencia.

Son dos raíles paralelos (autogobierno y Estado federal) que el Manifiesto intenta llegar a unir en un punto de horizonte cercano.

Por medio, el socialismo vasco se resiste para no caer más y apoya con su minoría al Gobierno que preside con mayoría el lehendakari del PNV, el señor Urkullu. El debate estatutario se ha pospuesto hasta después de las elecciones autonómicas de la primavera de 2019, y para entonces los expertos deben presentar sus respectivos borrador de estatuto; algo así como una relectura de la Biblia para intentar poner de acuerdo a los cuatro evangelistas, los textos apócrifos y una parte de la leyenda que sustenta el catolicismo.

El doble reto del “experto”

En esa estrecho margen entre lo necesario y lo deseable, lo encargado y lo que le inspira, se mueve el “experto” propuesto por el PSE-EE, Alberto López Basaguren. catedrático en Derecho Constitucional y reconocido a nivel internacional como especialista en organización federal de los estados. Sigue aceptando el reto encomendado, pero se ha propuesto no dejar pasar el tiempo. Meses atrás decidió dar un paso adelante junto a otros muchos intelectuales, políticos sin cargo relevante, sindicalistas, profesionales del ámbito educativo… Un paso que implica hablar de la Euskadi que se avecina, con mayoría parlamentaria de un nacionalismo diverso. El Manifiesto pone sobre la mesa opciones para dar una salida constructiva a la crisis catalana que nos invade, para el futuro gobernable de Euskadi y el encaje de España en una Europa que quiere ser federal pero soporta las tensiones de los populismo locales, incluso en sus estados miembros federales.

Le llaman Manifiesto Federalista para Euskadi pero, a poco que avanzas, ya hablan del objetivo de la reforma constitucional, aunque el objetivo federal venga además convertido en necesidad para caminar hacia alguna parte, juntos, y hacerlo bien, superando muchos de los problemas derivados de la estructura de país que la Constitución conformó hace 40 años, en las condiciones en que nació.

Alberto López Basaguren afirma, sin mover un solo músculo, que el debate estatutario en Euskadi es un callejón en el que ha entrado conscientemente de la dificultad; pero rechaza la idea de quienes, desde la redacción del Estatuto, quieren reformar de facto la Constitución, amén de otras discrepancias políticas y sociales con el nacionalismo. De hecho, en el ambiente se mastica un nuevo encontronazo a lo JJ. Ibarretxe. Es el temor que hace pensar que el nuevo Estatuto ya ha entrado en vía muerta y, con él, una opción mayoritariamente respaldada, “más abierta horizontalmente”, como decía el lehendakari Urkullu, tan habituado al doble sentido de estrategia y lenguaje.