A mi padre

Felipe Terriza García-Muñoz Ciudad Real
Lazo solidario contra la enfermedad del cáncer / Miguel A. Padriñán

Lazo solidario contra la enfermedad del cáncer / Miguel A. Padriñán

Cuando le diagnostican a una de las personas más importantes de tu vida un cáncer avanzado de estómago, te invade el miedo, la rabia, el dolor y la incertidumbre. Aunque sea “ley de vida”, pensar que puedes perder a tu padre, a un referente en casi todo, supone perder tu propia vida. Ese tipo de noticias nunca se llegan a encajar por más que en el peregrinaje de consultas médicas y pruebas diagnósticas te lo vayan recordando.

Es en estos momentos cuando cobra una gran importancia el tiempo, hay que intentar vivir cada segundo con esa persona como algo irrepetible, como el mayor de los tesoros… poder escuchar sus historias y anécdotas, reír y llorar con él, cogerle la mano, mirarle a los ojos, cuidarle y darle ánimos en los momentos más duros… es el momento de devolverle todo lo que él ha hecho antes por nosotros.

Mi padre ha llevado la enfermedad de una forma muy digna y la supo aceptar desde un principio. Es una persona muy fuerte como ya sabíamos, toda la vida lo ha estado demostrando; desde su infancia cuando por trabajar como un hombre a destajo y de sol a sol no le pagaban ni para comprar un trozo de pan. Sabía que el campo, a pesar de todo lo que le gusta, no era el mejor plan para ganarse la vida. Gracias al apoyo de mi madre y a su esfuerzo consiguió entrar en la Guardia Civil, profesión que le ha permitido hacer lo que mejor se le da, ayudar al prójimo, aunque no siempre fue fácil, máxime cuando estuvo destinado en el Norte en los tiempos en los que ETA hacía lo único que sabía hacer: matar gente inocente y generar miedo y odio.

Siempre hemos pensado que mi padre es una persona muy especial y, en efecto, lo es ya que es un caso casi atípico el que un tratamiento de quimioterapia consiga curar casi por completo la enfermedad cuando ésta se presenta de forma avanzada. Esto unido a una gran intervención quirúrgica le ha permitido ganarle una batalla muy importante al cáncer.

Como en todas las batallas hay héroes y heroínas, en este caso hay que destacar a mi madre; encajó como pudo la terrible noticia, no es nada fácil que quieran poner límite a estar con la persona que llevas desde casi la niñez, al amor de tu vida, al padre de tus tres hijos. A pesar de todo, reunió las fuerzas necesarias para apoyar y cuidar de mi padre durante todo el proceso. Acompañándole en todas las consultas, tranquilizándole cuando las noticias eran malas y cuidándole en todo momento. Mis hermanos, mis tíos, toda la familia y todos nuestros amigos que han estado pendientes de todo lo que hemos necesitado, han sido sin duda un tratamiento casi tan fuerte como la propia quimioterapia. Y como no, los diferentes médicos que han hecho posible su actual recuperación: Dr. Daniel Acosta y su equipo del Hospital San Francisco de Asis, Dr. Javier Espinosa, al Dr. David Padilla por su gran intervención y muy especialmente al Dr. Juan Carlos López que nos ha guiado durante todo el proceso como médico y como amigo. Da gusto comprobar cómo hay profesionales que cuidan a las personas por encima de cualquier otro interés.

A día de hoy se ha instalado una especie de tranquilidad tensa en mi casa, el cáncer es un enemigo cruel que se esconde y ataca cuando menos lo esperas. No sabemos si el cáncer volverá otra vez, pero ahora no le tenemos miedo, no vamos a malgastar nuestro tiempo en esperarle…

A las personas que actualmente sufren esta enfermedad, o tienen algún ser querido que la padece, me gustaría decirles que no dejen de luchar nunca. Es cierto que las estadísticas no son muy esperanzadoras en algunos tipos de cáncer, pero siempre hay que intentar pelear por formar parte de ese grupo de personas que consiguen ganarle alguna o todas las batallas a la enfermedad, por muy difícil que parezca.

Por último, me gustaría agradecer a todos los investigadores, ya sean del ámbito privado o público, todos los profesionales de la salud y a todas las personas cuyo trabajo es intentar ponerle fin a esta enfermedad. Gracias a su esfuerzo muchos de los casos que hace unos años no tenían ninguna esperanza ahora sí la tienen. Gracias a su esfuerzo hay personas como mi padre que tienen una segunda oportunidad, una segunda vida.