Apropiaciones indebidas

Fermín Gassol Peco

Creo que la honestidad intelectual es lo primero que se ha de exigir a las personas que están en política, como también el respeto hacia los principios más sagrados de aquellos ciudadanos a quienes representan.

Llevamos ya muchos años en los que la idea de que “todo vale si a mí me interesa”, ha cobrado patente de corso. La pobreza de argumentos, la precariedad en las propuestas políticas están siendo sustituidas por iniciativas que lejos de suponer armonía y riqueza cultural, se convierten en armas cargadas para enfrentamientos, en un pobre circo donde la emoción no existe, solamente la malsana curiosidad por asistir a una caída o presenciar un accidente.

La falta de interés por los grandes temas culturales y no digamos ya trascendentes, se están dejando ver de una manera preocupante en buena parte de la ciudadanía y en no pocos dirigentes políticos que tienen como características principales, la crasitud, frivolidad y zafiedad.

Esto, unido a la malsana intención de atentar o eliminar lo más hermoso que contienen las conciencias de las personas, está haciendo o intentando al menos, propiciar figuras y hechos que suponen, desde sonrojantes majaderías a calculadas iniciativas con el único fin de borrar sobre la faz de la tierra todo lo que huela a humanismo, pensamiento, religiosidad y sobre todo a cristianismo, escudándose en el políticamente correcto laicismo, atacándolo o revistiéndolo de patética recreación festiva- socio- cultural.

Correcto laicismo

Escondidos en ese políticamente correcto laicismo, lo que se pretende es eliminarlo de un plumazo totalitario o lo que es más diabólico, enmascarar su verdadero origen e identidad, supliéndolo con estupideces ocasionales y traiciones al rigor histórico en base a una bochornosa nebulosa mental y moral del tres al cuarto.

Huevos sin yemas rellenos de confeti o papel celofán. Navidades laicas, belenes laicos, cabalgatas laicas, religiones laicas y demás prendas, además de suponer inmaduras fijaciones mentales, producto de un escalofriante ayuno intelectual en quienes se divierten con esto, no suponen sino despropósitos tan zafios como incultos; despreciar o en el menos malo de los casos, intentar aprovechar la riqueza que el cristianismo ha venido creando y trayendo en la sociedad a través de la historia para apropiarse indebidamente en beneficio propio.