Bucólico saludo a los labradores

Lanza Valdepeñas

Como todos los años, Tomás, Presidente de la Hermandad de San Isidro, me insta a que dedique con mucha antelación unas líneas de saludo por San Isidro a nuestros queridos y admirados labradores y ganaderos de Valdepeñas, y gente del campo en general, en mi calidad aún de Portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Valdepeñas. Los romanos, cuando hacían el elogio de un hombre de bien, lo alababan así: “Es un buen labrador”. Eso al menos decían Catón, Virgilio y Columela.

Desgraciadamente, el año húmedo de 2018 no se está repitiendo en este 2019, y lo que parecía el inicio de un ciclo húmedo, parece haberse detenido. Dios quiera que no sea así, y se reanuden las lluvias abundantes en estas tierras casi siempre sitibundas, en donde con frecuencia el ardor del sol raja los campos. No se había terminado febrero y ya asomaban las yemas de árboles de eclosión de vida más tardía.

En Valdepeñas, la primavera es asidua, y en ajenos meses es verano. Esta tierra casi negra de Valdepeñas que, bajo la herida de la reja, muestra su calidad maravillosa, sería siempre un vergel de ledas vides y su tierra feraz en aceitunos si los dioses que desde el cielo envían lluvia larga a los sembrados fuesen más amigos o la mano atinada del hombre acercase más agua a estos campos. Lo primero es actividad religiosa, lo segundo política. Todas las regiones de España deberían ser generosas con sus cuencas para con los vecinos, y no sólo una o un par de ellas. Los ríos de España son patrimonio de toda España, y naturalmente de los vecinos a sus cuencas. Mas enfangadas en su cieno, cantan las ranas su querella vieja.

Quisiéramos que el gobierno municipal se comprometiese más con la vigilancia de los campos, aumentando el número de la policía municipal, quizás montada. No basta con la avanzada tecnología de las alarmas, que siempre pueden bloquearse. Quisiéramos que nuestras escombreras mostrasen una imagen amena con repoblamientos de árboles duros, resistentes a la acérrima potencia del sol, y que la barbarie de algunos vecinos desaprensivos que los quitan fuese perseguida.

La primavera ha llegado y desde sus altos cubiles retozan alegres en las ramas las aves con gozo estrepitoso. Ya no pueden seguir durmiendo las tierras perezosas, hay que sembrarlas todas, y cuidar con mimo las viñas y los olivares. Las faenas del labrador retornan apenas acabadas.

La red de caminos que conduce a las distintas fincas y campos en donde se produce el milagro de la producción agrícola debe seguir siendo mejorada, pues aún hay caminos casi inaccesibles para nuestros agricultores que quieren llegar a sus tierras (v. gr. las fincas aledañas a la carretera de Daimiel). Las tierras inaccesibles por el abandono y la incuria municipales acabarán siendo estériles.

No sabemos qué ha pasado con el Proyecto del Polígono Agrícola, tan necesario para Valdepeñas, y que nosotros llevábamos en nuestro Programa Electoral hace cuatro años. Fue un tema estrella del Consejo Agrario hace un  año, pero hace meses lo preside el silencio municipal.

Se debe vigilar la limpieza de los pequeños cauces, veneros y manantiales para que estos no sean obstruidos y puedan inundar las parcelas. Se debe intensificar la agricultura ecológica en nuestra comarca, una agricultura de calidad que paga estupendamente la Europa rica.

No podemos olvidar en las Fiestas de San Isidro al gemebundo y numeroso ganado que pace en esta primavera por la comarca de Valdepeñas. Caballos, ovejas, cabras y vacas que llenan su ingluvie voraz de verde vegetal. Hatos blancos de vellón suave los vemos pacer festoneando el Valle del Peral, cerca de las Aguas, junto a la carretera de San Carlos del Valle, alejándolos los perros de los abrojos, la áspera selva y la romaza.

El pastor, que no conoce el foro insano, apacienta el rebaño al sol recién nacido y cuando las estrellas asoman y conducen a la noche. Démosles campos rociados de aljófar, mientras es fresca la mañana, mientras está cano el césped, pues rocío en hierba es sabrosísimo al rebaño. Las ovejas atienden a sus corderos, y verterán todas sus ubres dentro de las bocas de sus dulces hijos. El joven choto hace prueba de sí y se ensaya a embestir con los adolescentes cuernos, y en el tronco de un árbol los aguza; rasga los vientos a cornadas, y esparce polvo y se provoca a guerra.

Junto a los trinos y gorjeos siempre aleluyáticos de los pájaros, y los aleteos de los grillos y las cigarras, los campos también resuenan con los sonidos de cencerros, esquilas, melgarillas, campanillas, y cascabeles que informan sobre el lugar por donde marchaban los pusilánimes miembros de los rebaños y ahogan casi sus lánguidos y pusilánimes balidos, así como  los teatrales ladridos minaces de los valientes perros guías y guardianes. La importancia de esta actividad económica del hombre al vivac era tan importante que Teócrito, a través de sus divinos Idilios, creó la literatura pastoril, que tanta belleza alcanza en las Ecclogae, de Virgilio, en las de nuestro inmortal Garcilaso, La Arcadia, de Jacopo Sannazaro, The Countess of Pembroke´s Arcadia, de Philip Sydney, el sublime poema del Pastor enamorado, del oscuro Christopher Marlowe, o, finalmente, La Galatea, de nuestro gran Miguel de Cervantes.
Este fin de semana se nos presentó un pastor con sus ovejas en valle umbrío de La Mancha, como un resplandor de la vida clásica que iluminara de pronto nuestros ojos de bucoliastas, para de nuevo dejarlos en el recuerdo de un mundo noble que pasó. Pero quienes vivimos la España de los años 60 ansiamos escapar del asfixiante mundo convencional y moderno. Una excursión desde la ciudad al campo es siempre necesaria e interesante y, tras la caminata viene el apetecible descanso bajo la fronda. Frente a un mundo mecanizado, sin duda conveniente y hasta necesario hasta cierto grado, pero sin el contrapeso de ciertos valores espirituales, se alza la estupenda lección de humanismo que nos brinda el pastor del Pozo de la Serna, ese canto secular a la Naturaleza, al trabajo, al sentido común, a la humildad, al descanso bien ganado y al amor.
Pensadores peripatéticos de caminos polvorientos, con corvos cayados de acebuche señaláis verdes pastos. Junto al hondo aprisco Amarilis y Galatea os esperan, sin infernales tecnologías que malogran el alma, sin codicias dinerarias que corrompen los corazones, sin miedo a polifemos que te recorten la soldada, princesas transformadas en sículas pastoras hermosas os brindarán sus dulces senos con el ícor rumoroso, néctar tibio que recuerda galaxias de cabra Amaltea.

Pacen pacíficas las ovejas manchegas o merinas conducidas por los nuevos Tirsis, Títiro, Bato, Coridón, Comatas, Lacón, Dametas, Simíquidas, Lícidas, Frasidamo, Buceo, Milón, Melibeo, Alexis, Menalcas, Palemón, Mopso, Cromis, Mnasilaos, Alfesibeo, Damón, el gañán Meris, y algún otro pastor que aún no he reconocido en mis excursiones campestres.

Feliz Día de San Isidro, y felices sean siempre vuestros días con trojes rebosantes de pan y alegría, queridas gentes del campo de Valdepeñas.

 

Martín-Miguel Rubio Esteban,

Portavoz del Grupo Popular en el Ayuntamiento de Valdepeñas.