Con los Magos

Manuel Pérez Tendero
El rey Gaspar saludaba de esta forma, el pasado año, a los chavales y les animó a querer mucho a sus padres y abuelos / J. Jurado

El rey Gaspar saludaba de esta forma, el pasado año, a los chavales y les animó a querer mucho a sus padres y abuelos / J. Jurado

La tradición cristiana de los Magos se remonta hasta el Nuevo Testamento, hasta los orígenes mismos del cristianismo. San Mateo ha sido el evangelista que nos lo ha transmitido. Podemos relacionarlo con la literatura antigua y también con antiguos acontecimientos históricos relacionados con la astronomía.

En cuanto a los textos, es  muy habitual que se hable de la aparición de una estrella cuando nace un personaje importante: tenemos los casos, por ejemplo, del emperador Nerón o del rey Mitrídates del Ponto, en la actual Turquía. El texto más importante aparece en el Antiguo Testamento, cuando el profeta pagano Balaán habla de la aparición futura de una estrella en Judá: se está refiriendo al surgimiento de David como rey.

También se ha investigado mucho el tema de una posible estrella visible en aquella época. Unos, hablan del cometa Halley: el año 1910 pudo verse desde Palestina y, al parecer, también nos visitó por los años 12-11 antes de Cristo. Por otro lado, sabemos que astrónomos chinos atestiguan la visión de un cometa en torno al año 5-4 antes de Cristo. Hay quien relaciona la estrella de los magos, en cambio, con la conjunción de Júpiter y Saturno, que se produjo tres veces al año en torno al 7-6 antes de Cristo, y fue prevista por astrónomos babilónicos.

Más allá de la búsqueda histórica de fenómenos concretos o la influencia de textos antiguos, lo importante es leer el relato de san Mateo y ponernos a la escucha de su sentido: dejar que la palabra nos interrogue. Debajo de toda su riqueza, el significado más importante es el cristológico: Jesús es el Mesías, nacido en Belén, cuyo símbolo es una estrella. Los magos así le reconocen y, por ello, le ofrecen sus dones para cumplir lo que anunciaron los profetas de Israel. Postrarse ante el Niño es también un signo de reconocimiento de su realeza y su divinidad.

Sabiduría y religiosidad

Los magos de Oriente representan toda la sabiduría y la religiosidad oriental, en aquello que tienen de más positivo. Con este texto, san Mateo nos dice que todas las búsquedas humanas, más allá de las fronteras de Israel, encuentran su sentido en la encarnación del Hijo de Dios. En el fondo, todas las estrellas conducen a Belén; en el fondo, todos somos magos en camino, buscadores de una meta, y Dios nos convoca al portal, a los pies de María, para contemplar la belleza sublime y conocer la verdad definitiva.

Aunque en san Mateo todo es positivo, los magos y astrólogos, la magia en general, era considerada en la religión de Israel como algo negativo, y así continuó entre los cristianos: aparece como lo contrario a la religión, como un deseo de controlar las fuerzas supremas de la naturaleza, frente al Dios libre y personal que se nos revela y lleva la iniciativa en las relaciones con el hombre. Desde esta perspectiva, se ha entendido la escena de los magos como la superación de toda superstición, como el final de todo intento de controlar la divinidad, como conversión de la magia en adoración al Dios verdadero.

Desde esta clave cristocéntrica se han interpretado también los dones, que simbolizarían el misterio de Jesús de Nazaret: el oro, como rey; el incienso, como Dios, o como sacerdote; la mirra, en relación con su muerte. En la edad media se difundió una idea más devocional y material: el oro, para paliar la pobreza de José y María; el incienso, por el mal olor del establo; la mirra, para la salud del niño. Desde muy antiguo, también, se ha transmitido una interpretación más moralizante, aplicada a los lectores creyentes simbolizados en los magos: los tres dones significarían la fe, la razón y las obras; o bien, las buenas obras (oro), la oración (incienso) y la mortificación de las pasiones (mirra). Lutero habla de la fe, el amor y la esperanza. Todas las dimensiones del ser humano y su religiosidad se arrodillan ante el Niño para tener sentido y encontrar su quietud.

Una última clave para actualizar el precioso episodio de los Magos de Oriente: ellos son paganos, vienen de lejos y saben reconocer y adorar al Mesías de los judíos que, por tanto, es Mesías para todos; en cambio, en Jerusalén, Herodes y, sobre todo, los escribas y dirigentes judíos, expertos en las Escrituras, no son capaces de reconocer y, menos aún, de adorar; tal vez porque no buscaban.

Esperamos que esto no se repita entre nosotros: que los más cercanos a las Escrituras, los habitantes creyentes de Jerusalén, sepamos también dirigirnos fuera de las murallas de la ciudad elegida, al establo de Belén, para unirnos a nuestros hermanos de lejos y ser capaces de adorar.