A lo largo de este nuevo libro, «Contra tiempo y olvido», el autor avanza como en un viaje emocional que nos transporta a otro tiempo, el de su infancia y adolescencia en su pueblo natal, en unos años que van desde 1960 hasta 1977, es decir, los últimos quince años del franquismo y los dos primeros de la transición democrática.
Se trata de una obra insólita en la trayectoria del autor por la ternura que emana de sus páginas al hablar de su familia, de sus recuerdos y de su infancia en un pueblo muy atrasado donde aún no había penetrado el progreso, y donde, por ejemplo, no existía aún el agua corriente. Una especie de viaje a la nostalgia realizado con el propósito de rescatar aquellos años que tan relevantes fueron no sólo para la historia reciente del país, sino también para la propia vida, incluso para la futura obra literaria del autor.
Siempre enamorado de su tierra, Pedro A. González Moreno rescata la vida, los hábitos, las tradiciones, las costumbres o las hablas locales, ahonda en su genealogía y, sin caer en el costumbrismo, detiene su mirada en tipos o personajes curiosos y en escenas que evoca con un estilo que a veces resulta más propio del género narrativo que del género autobiográfico.
Calzada, punto de partida
Temáticamente, Calzada es el necesario punto de partida de la senda del poeta, que a lo largo de estas páginas denuncia en voz alta y sin mordazas algunos momentos o circunstancias que le tocaron vivir. Como el Capitán Trueno de sus tebeos infantiles, o como el quijotesco personaje cervantino, el autor aparece convencido de la necesidad de luchar contra la desigualdad y la injusticia, y contra muchas otras lacras sociales.
El libro finaliza con la salida de su pueblo y su llegada a Ciudad Real en unos tiempos convulsos en los que, alejado de los vaivenes políticos del momento, conoció a los primeros poetas manchegos relacionados con el Grupo Guadiana, dirigido entonces por Vicente Cano, y allí comenzó a publicar sus primeros poemas.
Como González Moreno afirma en uno de los capítulos finales, a veces es necesario hacer las maletas y abandonar la tierra donde crecimos. “Aquel adolescente con la carpeta llena de versos y la cabeza llena de sueños, sólo sabía que más allá de su casa o de su calle, más allá del Jabalón y más allá de la llanura manchega, el mundo era muy grande y había que salir a descubrirlo”.

