De feria

Imagen de los fuegos artificiales de la Feria de Ciudad Real de 2018/ C. Manzano

Imagen de los fuegos artificiales de la Feria de Ciudad Real de 2018/ C. Manzano

Como manda el calendario, esta semana toca hablar de feria. Ciudad Real capital junto a decenas de pueblos de la provincia ultima estos días los actos para celebrar unas jornadas de fiesta entorno al patrón o patrona de la ciudad, como es el caso de la capital de la provincia, la Virgen del Prado.

En su honor han sido organizados una serie de actos y cultos religiosos que se complementan con la programación que ha preparado el Ayuntamiento para el disfrute de todos y que dan juego y vida a una ciudad aunque también, qué duda cabe, sirven de crítica, por lo general, a la oposición, que para eso está.

Capítulo aparte y no menos importante merecen las decenas de iniciativas privadas que se han incorporado a los días de feria en los últimos años y que han venido a redondear la programación municipal propiciando otro tipo de ocio durante el día.

Dentro de los actos religiosos, en los que sobresale la procesión de la Virgen del Prado tanto por el gran número de fieles que acompañan a la imagen durante su recorrido como por la atracción que supone para la comarca, este año merece que nos detengamos en el hecho de que haya sido aprobada, por fin, la incorporación de la Corte de Honor de la Virgen a los dos recorridos procesionales.

Por primera vez en su historia

Como hermandad, será la primera vez en su historia que acompañará a la imagen de la patrona de Ciudad Real durante los desfiles de los días 15 y 22 de agosto. La historia de la Corte de Honor se remonta al siglo XIX cuando fue creada como cuerpo de camareras de la Virgen que se encargaba de su mantenimiento y vestimenta. Las circunstancias, en cambio, no han permitido que su gran labor tuviera el reconocimiento público que merecía y siempre, hasta este año, se había mantenido con un rango inferior a la Hermandad de Nuestra Señora la Virgen del Prado.

Decía Francisco García Pavón en uno de esos artículos que escribió en Lanza durante los años 1953 y 1954 y a los que me he referido en más de una ocasión, que “una de las características señaladas por los hombres sabios al pueblo español es su tradicionalismo”. El escritor tomellosero se refería a las modas, concretamente a la resistencia que ofrecían los españoles a usar pantalón corto como prenda veraniega en contraposición al uso que de ella hacían los extranjeros.

A su juicio, “este tradicionalismo en muchas cosas de la vida colectiva nos conviene. Sirve algo así como de poder moderador a posibles precipitaciones”. Sin embargo, escribía más adelante, “en ciertos hechos de menos cuantía, este tradicionalismo nos perjudica de manera poderosa”. No quiero decir que la salida, o no, en procesión de la Corte de Honor de la Virgen sea menor sino que ha sido precisamente ese “tradicionalismo” imperante durante décadas, aún más incomprensible en los últimos años, lo que ha impedido que se visibilizara el papel que sus integrantes representan.

Un paréntesis en la vida de la ciudad

Los días de feria por lo general son un paréntesis en la vida administrativa, comercial y funcionarial de la cualquier ciudad media española. Durante estos días, la ciudad funciona a medio gas y muchos establecimientos y negocios los aprovechan para cerrar por descanso y disfrutar de unos días de vacaciones.

En los últimos años, se han incorporado a la programación festiva iniciativas que tienen la finalidad de entretener y divertir al respetable pero, también, de propiciar que se viva la feria de Ciudad Real como si de un gran acontecimiento se tratara y al que es imprescindible asistir.

De todas ellas me quedo con aquéllas que inciden en la recuperación del día para disfrutar del ocio y de la diversión. A mi juicio, vivir la feria durante el día es, incluso, más saludable, se sociabiliza más y la ciudad se llena de vida festiva desde por la mañana. La imagen de la ciudad en feria sería redonda si la decoración acompañara y los puestos de turrón y garrapiñadas y los caballitos no estuvieran tan lejos. Igual que cuando éramos pequeñas.