De otros tiempos

Julio García-Casarrubios Sainz
Imagen de uno de los debates electorales en la anterior campaña del mes de abril/Lanza

Imagen de uno de los debates electorales en la anterior campaña del mes de abril/Lanza

En democracia los debates son necesarios, son imprescindibles; aunque a veces no encontremos lo que buscábamos. Lo ideal sería que los debates sirvieran para ver las diferentes propuestas que los partidos aportan ante unas elecciones. ¿Se satisfacen nuestras expectativas? La mayoría de las veces no.

Sin embargo lo que sí aportan es la exteriorización del nivel intelectual, moral y político de los intervinientes. Creo que los partidos deberían cuidar más la designación de sus portavoces. O, a lo mejor es que es esa la imagen que quieren trasladar. No lo sé.

De lo que llevamos visto y oído podríamos deducir que toda la campaña pivota sobre el conflicto catalán. Parece como si el empleo, la precariedad, la desigualdad, los valores democráticos, la corrupción…, han decidido pasarlos a un segundo plano. Bueno: pues hablemos de Cataluña. Que también es un problema grave. Es un gran desafío al que tenemos la obligación de hincarle el diente, porque de lo contrario nos puede sobrepasar; nos superará si no lo abordamos con racionalidad. Y lo que estamos oyendo es lo más alejado de esa racionalidad.

Sentimiento, fé o creencias

Lo último que deberían hacer los partidos es abordarlo desde el sentimiento, desde la fé o las creencias, desde las vísceras, desde la pasión en posiciones nacionalistas. Nunca me imaginé que en el año 19 del siglo 21, íbamos a ser testigos de un independentismo totalitario que no atiende a los que no lo son, ni que respeta las leyes de un Estado de Derecho.

Ni que íbamos a escuchar de boca de los defensores de la Patria, que la única solución viene por la intervención de la autonomía, por el encarcelamiento del Govern, por la ilegalización de partidos, por políticas duras.

Los que así se comportan, no buscan soluciones. Aprovechan el conflicto para hacer política interesada, para desgastar al Gobierno, para buscar cuatro miserables votos. Los de ambas orillas, deben abandonar las posiciones supremacistas.

Y todos, líderes y votantes deben saber que no entraremos en las vías de la solución, mientras no lo afrontemos todos unidos con lealtad y honestidad; reconociendo y aceptando la compleja realidad, respetando al diferente; y tendiendo puentes de diálogo. Lo demás es demagogia indecente e irresponsable; lo demás conduce a callejones sin salida, más propio a etapas que ya creíamos superadas. ¡De otros tiempos!

 

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