Desigualdad

Julio García-Casarrubios Valdepeñas

Es fundamental que alguien tome la iniciativa de abandonar la falacia de medir el progreso tan sólo en base al crecimiento del PIB; hay que centrarse además en indicadores que reflejen el beneficio del conjunto de la ciudadanía y no sólo de unos pocos.

Todos los organismos coinciden en situar a España como campeona de la desigualdad. El Foro de Davos alerta de una creciente desigualdad e informa de que en los últimos cinco años el crecimiento no ha servido para reducir la pobreza ni aumentar los ingresos de los hogares. España sigue siendo el segundo país de la Unión Europea donde más ha crecido la desigualdad, tan solo detrás de Chipre, y 20 veces más que el promedio europeo. La desigualdad se cronifica e intensifica. No es cierto que España esté en el buen camino.

Pero es Oxfam Intermon la más explícita en datos. Nos describe con pelos y señales un panorama nada alentador: en España la desigualdad sigue aumentando; tenemos un crecimiento económico que deja atrás a los más vulnerables. España deja de ingresar aproximadamente 1.550 millones de euros como resultado de la actividad canalizada a través de paraísos fiscales.

En el último año han surgido 7.000 nuevos millonarios, aproximadamente 20 al día. El 10% de los españoles más ricos concentran ya más riqueza que el resto de la población. El modelo económico en España tiene un doble problema: se genera una alta desigualdad por la fragilidad del empleo y la caída salarial, mientras el sistema fiscal, insuficiente y regresivo, no garantiza la redistribución. Las rentas del trabajo soportan el 84% de la recaudación frente al 13% de la renta del capital.

Es fundamental que alguien tome la iniciativa de abandonar la falacia de medir el progreso tan sólo en base al crecimiento del PIB; hay que centrarse además en indicadores que reflejen el beneficio del conjunto de la ciudadanía y no sólo de unos pocos. La culpable de esta situación no ha sido la crisis; ha sido la forma de afrontarla. Es más: todo parece indicar que se ha aprovechado la crisis para aumentar la brecha social. Están haciendo en España más daño la desigualdad y la corrupción que la crisis misma. Y seguirá así mientras una socialdemocracia como la de los años ochenta no ponga coto. Afrontar la desigualdad es además de una obligación moral, una necesidad para lograr un crecimiento sostenible.