El 8 de marzo no significa nada si se socava la convivencia

Natividad Cepeda Tomelloso

La economía y el desarrollo de todos los pueblos es la única que dará prioridad a una educación que no lastre ni impida que las mujeres puedan elegir su forma de vida El ocaso de nuestra sociedad es el ocaso de caminar de espaldas a nuestra propia realidad. Porque cuando ignoramos lo que sucede a nuestro alrededor y miramos a otro lado se traduce en una cobardía colectiva.

¿Dónde queda esa declaración llamada universal para las niñas vendidas, las mujeres maltratadas, los crímenes justificados en nombre de Dios, Patria o ideología de extrema izquierda, o de extrema derecha, por movimientos populistas e irreverentes con los derechos de las personas?

Una ideología saca y airea cínicamente lo funesto de la otra, al tiempo que esconde sus propias aberraciones y, a las personas, hombres y mujeres, que no se venden al poder  de los partidos políticos ni a las asociaciones protegidas por esos poderes, nos apartan de sus manifiestos y celebraciones porque la libertad no conviene al poder.

Las muertes violentas de las mujeres de los niños y de hombres están dejando al descubierto las lagunas legales de nuestras leyes. Vemos al  Estado que nos gobierna con estupor y miedo. La muerte es un grito en contra de la vida, un abrazo de hielo sobre el hermoso río de la sangre, un fondo de lodo que enturbia al sol del corazón… Pero a la que nada, ni nadie la detiene en esta sociedad nuestra, tan vanidosa de sus logros y tan henchida de malsano orgullo e ignorancia.

Las mujeres de mi generación, las que ahora somos madres y abuelas vivimos y luchamos hasta conseguir leyes más equitativas y justas sin odio. Sin ese odio que provoca repulsa en unos y en otros actualmente, porque teníamos que habitar en un mismo lugar de nombre España.

La celebración de un aniversario como es el 8 de marzo debería ser motivo de imparcialidad al margen de cualquier extremo político. En ese marco político la sociedad es donde intentamos resolver problemáticas de mejoras  para toda la colectividad para así alcanzar cotas de bienestar común.  Someter a la opinión pública al miedo a través de opiniones de líderes políticos con mensajes de chantaje y manipulación organizada desde el poder, es limitar la libertad encubiertamente. Y todo eso es reaccionario aunque se envuelva en reformas y cambios de voces y proclamas de exaltación en favor de la mujer. Cuando la realidad es, que si la mujer necesita de esa manifestación orquestada desde los poderes públicos, queda demostrado, a estas alturas de nuestra Historia, que todavía somos meras fichas movibles en el tablero social de nuestras comunidades.

 

Nosotras, las mujeres nacidas sin derechos…

 

Encallamos la vida,

fuimos pasajeras sin mapas por donde transitar,

hojas caducas de  árboles que cualquiera

podía barrer y abandonar…

Mujeres las nacidas después de las batallas

de la última guerra en Iberia. Guerra estéril

que dejó heridas sin cerrar.

Guerra con cruces diferentes.

Cruces, todas ellas, de dolor y miseria.

Crecimos escuchando canciones

de mujeres marcadas; folclore nacional

donde todo era malo; pecaminoso y feo

la belleza de un beso y hasta  pasear

y reunirse para explorar la vida.

Crecimos luchando con lo que nos dejaban,

vistiendo minifalda y pantalón vaquero,

votando canciones en inglés

que luego traducíamos. Apenas si sabíamos

leer en un francés mediocre y algo de latín

las privilegiadas.

Mujeres que emigraron

sin miedo a otros países, aventureras

en busca de fortuna, valientes, rompiéndose

en pedazos, cayendo sin cejar en su empeño.

Mujeres sin permiso para soñar despiertas

nos quedamos en el andén sin tren.

Nos negaron decidir el futuro; guardamos

la maleta el fracaso y las lágrimas

y juramos cambiar el destino de España.

 

Votamos leyes nuevas con fe en el futuro

y dimos la esperanza como el mejor legado

a nuestros propios hijos.

Mujeres humilladas, proclamadas menores

de edad  por un código indigno.

Apostamos por nosotras y sin perder la fe

cambiamos el futuro. Y seguimos luchando

a pesar de los años porque vivir es bello

sin perder la sonrisa.

La Historia es un muro

que aguanta muchas vidas. Bulevar

de  lacayos, isla de sinsabores,

escuela decadente de pueblos y farolas

que alterna en su ciénaga el fracaso

y la gloria. Y por toda la Historia

escrita por eruditos sabios, las mujeres,

a pesar del silencio que de ellas dejaron

rasgan con su existencia la luz

de las tinieblas. Sin pódium las mujeres

se yerguen invisibles, sin ellas nada existiría.

 

El 8 de marzo no significa nada si socavamos los valores primordiales de la convivencia. Porque si no sabemos vivir en armonía con el debido respeto de unos y otros, el dialogo integrador no será posible, y en ese dialogo nos jugamos el futuro de nuestra sociedad.

Es muy posible que mis palabras se pierdan en la nada porque no están en enmarcadas en una facción política y en estas circunstancias carecen de apoyo. Además de ser consideradas, posiblemente, ajenas al movimiento feminista, cuando sobre la injusticia de las mujeres he escrito desde hace años en mi ejercicio de libertad y escritora. Ojalá que las voces de este día sirvan para llegar a la justica deseada y no se pierdan en el transcurrir del tiempo similar a troncos de árboles abandonados a la intemperie de los años.