Eugenio Arce, natural de Torrenueva (actualmente vive en Ciudad Real) es poeta de talante y talento. Lo conozco desde que el Grupo Literario Guadiana lo dirigía el también querido amigo y poeta de luz y asombro Vicente Cano. Entonces éramos jóvenes principiantes que anhelaban componer versos. Eugenio, siempre acompañado de su media sonrisa, pronto empezaría a destacar por su valía, y por su constante trabajo y dedicación a la poesía. Y era, y es, tanta su pasión hacia la palabra: “luz no usada” que dijera fray Luis de León, que rectamente, por los caminos que acercan y unen sentimientos, desde entonces, además de dirigir durante diez años el Grupo Literario más longevo en la provincia de Ciudad Real, en Santa Cruz de Mudela, junto a los componentes de la Asociación “Viento Solano”, anualmente, ha dirigido y dirige, la Asociación que convoca y celebra en la magnífica Casa Palacio de dicha localidad, un acto al que asiste numeroso público: acto que tiene mucho de idealización de la poesía.
Seis poemarios ha publicado Arce y varios de ellos han sido premiados con importantes galardones. También tiene publicados dos libros de relatos y, uno de ellos, premiado en 2010 con el XIII Premio de Cuentos “Carta Puebla” de Miguelturra.
El que ahora ha visto la luz en la Colección Bibliográfica, nº 44, del Grupo Literario Guadiana (Colectivo que recientemente ha cambiado de directiva: mi enhorabuena a los que se han hecho cargo de tan longevo Grupo, igualmente a la directiva saliente por su extraordinario trabajo), es el titulado: ‘Arquitectura del Alma’; publicación que ha sido posible vea la luz, igualmente la revista Manxa, por el apoyo de la Diputación Provincial de Ciudad Real.
Dicha entrega Arce se divide en dos partes. En la primera, Eugenio ha reunido cuatro poemas premiados en distintos certámenes y, en la segunda parte, titulada: ‘Arquitecturas evanescentes’, publica ocho poemas, también galardonados con premios literarios.
En cuanto al fondo y forma de dichos poemas siguen la línea social y emocional del poeta, bien expuesta en libros tan significativos como: «Yunque de luz herida», «Interna geografía», «Siempre será mañana», «El hilo de Ariadna», «Como el sauce», «Y los versos besos son», donde la calidad y calidez de su poesía, al igual que la publicada en revistas y poemarios colectivos, abre huecos de luz en un mundo tan proclive a la falta de humanismo.
Para ejemplo de lo anterior copiamos los versos iniciales del poema titulado «Reflexiones con don Francisco de Quevedo» que dicen: “Un nuevo corazón, un hombre nuevo…,/pedías con amor y donosura; este grito que rompe los silencios/ es el salmo de todos los humanos/ cuando ven el final de su destierro/ y buscan soportales de esperanza/ a la gélida lluvia de sus yerros./ Pero no es fácil ser de otra manera, mientras nos ciegue el sol de algunos besos/y la cálida luz de sus pupilas/ nos hagan de su ser un prisionero”.
Asimismo, en el poema titulado «Carpe Diem», escribe: “… Hemos de rescatarnos/ de nuestras indigencias, / hemos de disparar/ balas de valentía contra el miedo,/ de forma que podamos/ oficiar los rituales más queridos/ que albergan nuestros sueños/.
En esta línea Arce va siguiendo el camino de la esencia poética, buscando su particular Ítaca, pidiendo la amistad: “para quemar/ las flores marchitas de mis fracasos/ y sobre sus cenizas/ plantar otras semillas de esperanza”.
Con la esperanza, que dice Eugenio Arce en la voz de su poesía, caminamos. Y con el deseo de seguir alumbrando la luz de la palabra poética en la amistad y en lo cotidiano. Laus Deo.

